Si existen cuatro sinónimos perfectos para lo que es la Aventura en el cine, los cuatro serían: el nombre del personaje y universo creado por George Lucas: Indiana Jones; el score y marcha compuesta y conducida por el Maestro John Williams (genio de bandas sonoras y de la música en general con su lugar en la historia) la cátedra en lenguaje cinematográfico para transmitir acción vibrante sin cortes en un cuadro, comedia física y emotividad justa (en tantos abrazos, miradas sin palabras y tomas emblemáticas) de Steven Spielberg; y por último, no menos importante, pero si pieza clave, el actor que le dio vida, sudor, autenticidad, personalidad y ahora hasta su vejez, Harrison Ford.
Cuatro hombres que nos han regalado tanto a quienes amamos el séptimo arte, los cinéfilos empedernidos, quienes encontramos paz y relax en una sala de cine, aquellos que podemos escuchar con audífonos una banda sonora completa de John Williams dándole mística a lo cotidiano, entre tareas de la casa, hacer ejercicio o ir al trabajo al ritmo del leitmotiv del Superman de Christopher Reeve, el tema sentimental de E.T, las notas terroríficas de Tiburón o las llenas de picardía de Catch Me If You can; melodías más allá de esta galaxia de Star Wars o la inocente magia de Harry Potter. Instrumentos interpretados con el corazón que con su sonido acarician al alma, nos entusiasman como tan fácil puede hacerlo un niño al hacer lo que disfruta, y muchas veces en la vida adulta, el entusiasmo se vuelve una palabra y una acción menospreciada y a la vez tan valiosa y sanadora.
Si algo nos ha enseñado el cine sobre la vida, es que todo parte de una idea, de un sueño, de querer solucionar o decir algo o sencillamente dar tributo y respeto; como el que tuvo George Lucas al idear al arqueólogo de látigo, sombrero y chaqueta de cuero, inspirado en los seriales y cortometrajes de cine de aventura de hace casi un siglo, una idea con entusiasmo sin mayor pretensión más que crear lo que te gusta disfrutar, el secreto y formula del éxito personal. Como una tormenta perfecta para la fortuna y gloria, la idea de pelicula de accion para pasarla bien, fue la mejor sugerencia que le pudo a dar Lucas a su amigo, Steven Spielberg, un director que en ese momento quería dirigir su versión de James Bond, pero que sabiamente para él y todo el resto del mundo, optó por complacer a su amigo.
Spielberg es un director que nuestra generación ha tenido la fortuna de disfrutar a lo largo de su filmografía en todas sus facetas, tan versátil en la gama de géneros y emociones que puede mostrar y generar en su audiencia, como su talento para saltar de extremos del espectro de secuencia a secuencia o hasta de estreno a estreno en un mismo año, como ocurrió en 1993 con Jurassic Park y Schindler’s List. Un cineasta que sabe dar humanidad a sus películas, porque eso es ser humano, la variedad, el contraste y contradicción, poder llorar en un momento trágico y luego reírnos sin parar por lo menos pensado. Así que nadie mejor que él para darle visión, concepto y ritmo a Henry Jones Jr, mejor conocido como Indiana Jones.
Un personaje que a pesar de lo heroico no es un héroe, sino un hombre común en medio de extraordinarias circunstancias, que desde niños nos mostraba el valor de conocer nuestra historia, la fuerza de salir de cada predicamento con ingenio, y quien nos enseñaba lo poderoso y salvavidas que era que a pesar de estar rodeado de personas enfermas de ambición, obsesión y el deseo corromper lo sagrado, no caía en esas tentaciones, pues veía su búsqueda por reliquias como una forma de salvar testamentos del tiempo y su registro, la historia. Con todo lo dicho, no ha existido en la historia del cine moderno y que ahora ve su fin para dar paso a algo nuevo, un actor que sepa retratar la crudeza y lo falible, la realidad en lo fantástico como Harrison Ford, el actor de personajes de acción, aventura o ciencia ficción, que no todas las peleas las ganó, que no ve problema en disparar contra un espadachín que jamas podria combatir, que sabe cuándo correr, que improvisa sobre la marcha y que antes que rendirse y entregar el tesoro al villano prefiere cortar un puente y jugársela.
Tres personajes de Harrison Ford me han acompañado en toda mi vida: Han Solo, Dick Deckard e Indiana Jones. Este último es fácil de entender porque es el predilecto del actor, pues es el personaje que durante su saga ha mostrado más aristas, su soberbia y sed de victoria en una suerte de carrera en Raiders of the Lost Ark, pasando por la oscuridad y compasión a la vez del Temple of Doom (segunda parte que en realidad cronológicamente en la historia es precuela) su vulnerabilidad y amor por su padre en The Last Crusade (para muchos es el final de una de las mejores trilogías de la historia, con el grupo a caballo galopando hacia el atardecer) transitando por ese momento en que los roles dan vueltas, el hijo se convierte en padre y lo conocido gira abriendo paso a lo imprevisto para bien y para mal de Kingdom of Crystal Skull; y ahora, con la última Dial of Destiny, la reflexión de un hombre frente al tiempo, la vida que eligió vivir, las decisiones que dejó ir, las acciones con sus cicatrices y cambio de rumbo, y es que la vida es una historia escrita en un idioma que solo el tiempo puede traducir. La paradoja del arqueólogo convertido en reliquia.
Doy las gracias a la primera Indiana, por inspirarme tanto cuando escribía mi libro Crónicas del Eterno Eco al punto que uno de los personajes principales de ese libro se llama “Mellock”, en honor a uno de los cazadores del Arca Perdida, mi tocayo Rene “Belloq. También en ese libro de fantasía hay todo un pasaje sobre un templo enterrado en la arena que emerge en medio de una batalla, como guiño a la Ciudad Tannis descrita en la película. Del Templo de la perdición (mí favorita durante mí adolescencia, imagino que por lo oscura, no en vano Lucas y Spielberg estaban transitando ambos sus respectivos divorcios) agradezco tres cosas; primero el intro Musical que cumplió el sueño de Spielberg que rompe y a la vez abre esa película, una canción en donde el amor fallido de Jones pero el certero de Spielberg (la protagonista termino siendo la esposa del director hasta la fecha) es como su título "Everything goes"; segundo a Short Round, un personaje que nos representaba como niños que anhelamos poder acompañar en una aventura a Indy sin ser un lastre o cómic relief, un papel interpretado por Ke Huy Quan, un actor que es entusiasmo y positividad pura y merecidamente ha vuelto al cine con la ganadora del Oscar Everything Everywhere All At Once; y en tercero lugar la clasificación en el Cine para Mayores de 13 años que nació con la segunda entrega de la saga, y es que en 1984 Indiana Jones y los Gremlins obligaron a que la industria del Cine mundial encontrara un punto medio entre el cine infantil y el adulto, y así nació el cine adolescente; la generación de los 80 y 90 se lo agradece.
Con la Última Cruzada, siento una debilidad y amor especial, al recordarme siempre a mi padre, una remembranza que acompaña al gusto de disfrutar de una de las mejores parejas, gracias a una química imparable, que fue la dupla de Harrison Ford con Sean Connery (irónicamente casi una película de James Bond nos arrebata a Spielberg como director, pero justo el Bond original nos regaló a Henry Jones; mejor padre imposible para “Junior” alias Indiana) un intercambio de diálogos, tal cual contrapunteo perfecto, escenas que danzan entre la comedia física y el drama, miradas que conmueven y que nos recuerdan que por mucho que hayamos crecido, nuestros padres siempre nos verán como niños y por esa noción, nuestra vulnerabilidad aflora, a veces disfrazada de frustración y rabia, y otras de alegría, aprendizaje y amor.
En cuanto a la Calavera de Cristal, bueno digamos que no llegó al extremo de la mayoría de llegar al punto de odiarla, porque Indy en cierta forma sentimentalmente forma parte de las eras de Star Wars, no en vano comparten a su creador. Así como las tres primeras, clásicos y obras maestra de la aventura y el cine, acompañaron en paralelo a los estrenos de la trilogía original de la saga Skywalker, era lógico, que cuando se estrenaron las precuelas entre 1999 y buena parte del 2000, que Harrison Ford volviera por una aventura mas, en una supuesta despedida en ese momento, y ahora de nuevo cuando Star Wars cerró finalmente la historia de los personajes con la que iniciaron en 1977 (el Doctor Jones es un hombre de despedidas, lleva tres con la que se estrena este año, el es una suerte de Soda Stereo) De esa película no me detendré en lo malo pues se ha hablado hasta la saciedad, yo rescato su banda sonora, la secuencia en la Area 51, los guiños a American Graffiti(la película pre Star Wars de George Lucas) y el tributo al concepto original de Volver al futuro, una máquina del tiempo hecha a partir de una nevera que viaja con la energía de una explosión nuclear.
Hemos llegado al final de una era, del cine con el que creció mi generación y que inició hace una década atrás una ola de nostalgia de poder volver a ver a nuestros héroes en muchos casos literalmente en su interno ocaso, enfrentados al presente, buscando seguir siendo útiles, más allá de su legado, personajes sin el felices para siempre, reflexivos sobre sus vidas ficticias, que a la vez son tan reales para nosotros que en muchas veces nos vemos reflejados en ellas a pesar de la fantasía. Frases que siempre llevaré conmigo:
“A veces cuando amas a alguien debes ser un extraño”
“No son los años cariño, sino el kilometraje”
y el simple pero certero “Lo se”
Fue agridulce disfrutar de la última película de Indiana Jones, un viaje por los sábados por la mañana viendo sus película en televisión cuando era niño, disfrutar tomando un trago años después escuchando la música de John Williams y ahora cerrando un circulo que inicio hace más de 40 años y preparándome para lo que el cine ahora traiga consigo más allá de lo conocido. Siempre ha existido una fijación por las máquinas del tiempo, una mezcla entre nostalgia, realidades alternativas, descubrimiento y arrepentimiento(no es casualidad que The Flash & Dial of Destiny, las últimas dos películas que se montan en esta ola de remembranza sean sobre viajes al pasado), pero a pesar de que es bueno visitar el pasado de vez en cuando, vivir en la nostalgia es tan peligroso como la ansiedad frente al incierto futuro. Curiosamente, la película sobre viajes en el tiempo más famosa de la historia, Back to the Future, deja intacto su legado, libre de remakes, reboots o nuevas secuelas, integridad que siempre agradeceré a sus creadores, Robert Zemeckis y Bob Vale, pues hay cosas preciadas que es mejor dejar como estaban, no hace falta nada más, son perfectas incluso en lo que no lo son.
Arte House Bear
Ahora es tiempo de vivir el hoy, porque siempre es hoy, es lo que tenemos cuando lo vivimos con conciencia, en el presente vive nuestro cuerpo y al vivirlo, solo así será el mañana sea con sus aciertos y reveces, un buen recuerdo; y es por esto, que para mí del océano de secuelas 15, 20 o 30 años después, solo trascienden excepciones como Creed, Mad Max Fury Road, Blade Runner 2049, Last Jedi, Top Gun Maverick, porque son producciones que están más del lado del hoy que del ayer, de romper y crear, que de repetir, pues solo encerradas en el ayer, se vuelven fotografías de viajes y no aventuras en si mismas, que jamás podrán saciar expectativas imposibles, marcadas así por la necedad de querer replicar una emoción ya vivida, cuando hay tanta oportunidad en el mundo para aprovechar las experiencias pasadas para sacarle más el jugo a cada oportunidad de un nuevo día.
Así llega el fin de este recorrido por 10 películas (como dije al principio quizás 11) que me han acompañado a lo largo de mí vida. Seguramente existirá un "Luz, Cámara y recuerdos # 12 o 13, pero tendrán que esperar un par de años, y darle tiempo al tiempo de que me sorprenda con nuevas experiencias y películas.
Gracias por acompañarme en este viaje, gracias totales por leerme.
Una buena película y excelente música siempre ha sido mi mejor antídoto en esos momentos en lo que me siento abrumado, quemado y hecho cenizas, cenizas que intentan esperar sin perder la cordura ni caer víctima de nervios de punta, que de ellas renazca un fénix, cuando el estrés, la tristeza, la rabia e impotencia o angustia llegan para quedarse; solo una buena historia en acordes y melodías o imágenes y líneas bien dichas logran zafarme, de esos pensamientos traicioneros que hacen ver todo más grande, en el no lugar, en el no tiempo, como un tormento nunca pasajero.
Justo así me encontraba viendo La La land del director Damien Chazelle: estaba sentado en mi butaca junto a mi esposa, respirando intentando controlar mi ansiedad, un desasosiego que me inundaba en aquel tiempo, me sentía como el personaje de Ryan Gosling, Sebastian, y veía en la Mía de Emma Stone a Ángela, al igual que ellos nosotros entre colores vibrantes y un amor desbordante, estábamos luchando por nuestros sueños, una imagen idealista del futuro, un final feliz de Hollywood, pero la realidad no resuelve los desafíos en dos horas ni las situaciones son coreografías sin errores al ritmo de una canción, y es que no todas las personas pueden como los personajes tener un arco argumental.
Se dibujaron sonrisas en nuestros rostros, al sentirnos reflejados en la gran pantalla, ella era Mía apostando todas sus fichas a su sueño, en vez de ser una famosa actriz, su anhelo era el de ser una empresaria con un negocio propio e ingresos independientes y residuales, aprendiendo del ensayo y error, de manejar los rechazos y escuchar los no en espera de un si,y yo Sebastián, con mis monólogos apasionados sobre cine, en vez de Jazz, con la única ambición de crear historias como las que adoro disfrutar, publicar mis libros, hacer sentir lo que con otro artista yo he sentido, quien sabe?... hacer una película o aplicar los estilos que admiro y aportar propios en producciones audiovisuales. Pero pasaban los años y entre la situación de descontrol económico y político en Venezuela, esos sueños se hacían cada vez más lejanos, etéreos e incluso cínicos y dolorosos.
Nos casamos con una ilusión de inocentes, muy jóvenes, lo único que si teníamos fijado era el tema de los hijos, había que esperar, ambos habíamos tenido una adolescencia sin grandes lujos y con muchos desafíos familiares, responsabilidades no acorde a nuestras edades y una gran lista de pendientes, uno de ellos, viajar. Eso hicimos, conocimos Escocia, Panamá, Ecuador, Colombia, Inglaterra y México, pero conforme pasaban los años y se añadían más sellos en nuestros pasaportes, ya no esperábamos por hijos para conocer más países sino porque el presupuesto se iba ajustando y ninguno de los dos quería tener por tener, ser Padres porque es lo que corresponde, por una presión social o familiar, para terminar sin poder dar más de lo que tuvimos cuando niños; tampoco lo creíamos como el único propósito de la vida, y después, ya no queríamos tener porque no estábamos seguro de la posibilidad de no volverlos hijos de padres divorciados.
Dos años antes de LaLaLand salimos de ver Winter Soldier de Marvel y al ver al Capitan America descubrir que Shield e Hydra, para quién trabajaba y contra quien se enfrentaba eran la misma cosa, fue como leer de vuelta 1984, la Rebelión en la granja o V for Vendetta, nos dimos cuenta que estábamos lejos de vivir en un país libre pues como el fascismo y el comunismo son las dos cabezas de una misma bestia, el régimen neo totalitario de Venezuela y la oposición eran falsos adversarios en su tarea de desangrar al país y echarnos a muchos afuera. Desde ahí nuestra esperanza ya no estaba ni dentro ni fuera de la caja de Pandora.
Así pasaban temporadas con fallas de luz en la ciudad, penumbras y calor por horas; madrugadas en una fila de carros largas como kilómetros para entrar a una estación de gasolina y surtir al auto; devaluaciones con respecto a nuestra moneda y el dólar que hacían añicos ganancias, ahorros y posibilidades de inversión, y ni hablar de días de encierro por calles clausuradas debido a protestas que terminaban en represión, muerte y desapariciones. Usando siempre al cine como mi escape, arma y herramienta, veía The Martian, Cast Away y Shawshank Redemption, aprendiendo de Tom Hanks y Tim Robbins y tomando notas que aplicar, como la de mantenerme ocupado y no perderme en la desesperación, en modo preparación para cuando todo se abriera, todo mejorara o yo pudiera ir a otro lugar, sin enloquecer, ya que la esperanza de los náufragos es no perder la cordura en espera de un nuevo barco.
Creando un palacio de la memoria como el de Hannibal Lecter, volvía a esos viajes, a esa cerveza helada en Cancún o al fish and chips de Stonehaven cerca de Aberdeen, clausurando en el sótano de dicho palacio mi presente. Y así la historia como las estaciones se llenaba de invierno, las nuestras y las de Mia y Sebastián, los proyectos como olas que chocan contra la realidad y se vuelven espuma, entre azules y purpuras, negros y rojos, solos de piano melancólicos. Sueños en par que llegan a una encrucijada y queda el dilema si sacrificar tu deseo individual por el del otro, o seguir el resto de la ruta en soledad. Llegaron los créditos finales y con compasión mutua y serenidad, nos dijimos al unísono “nos tenemos que separar”, como los personajes de esta historia, eramos dos personas reales que decidieron terminar antes de que los recuerdos malos superaran en número a los buenos, más reproches que besos, más asperezas que abrazos, mas peleas que treguas.
Luego de una rápida mudanza cada uno estaba de vuelta a casa de sus respectivas familias, admito que sentía alivio, no se si negación, egoísmo o etapas sin quemar, pero me creí libre, para hacer o estar con quien quisiera, como impulsado por la canción que cantó Mia en su último casting:
"Un poco de locura es la clave
Para darnos nuevos colores que ver
¿Quién sabe adónde nos llevará?
Y por eso nos necesitan"
Así que traigan a los rebeldes
Las ondas de los guijarros
Los pintores, los poetas y las obras de teatro
Y por los locos que sueñan
Por locos que parezcan
Por los corazones que se rompen
Por el desastre que hacemos
De match en match de Tinder, de mujer a mujer, sintiéndome en medio de una fantasía de soltero, y una suerte de efecto mariposa en la que su aleteo se podría sentir al otro lado del mundo, en un caos aleatorio, que convertiría una ida al cine en Maracaibo, en una vida en Brasil, pero antes, ignorante lo que vendría era el 2018 y alternaba formas alternas de hacer dinero con la publicación de mi primer libro (publicado más no escrito) Crónicas del Eterno Eco, luego de que estuviera una década guardado en un archivo de word, esperando lograr junto a mi ahora ex esposa, el fulano éxito financiero para así poder dedicarme más “relajado” a mi lado artístico. También durante 12 años había descuidado algunas amistades y familiares, cosa que me encargue en cambiar, y como recompensa de la vida, una de esas personas olvidadas, me puso en contacto con un grupo literario de mi ciudad y compartí momentos inolvidables con Tito y Manona, dos escritores con lo que pase tardes de poesía, literatura, ron y un aire bohemio dentro de un bufete de abogados, todo se sentía tan bizarro y la vez tan adecuado. Todavía me halaga tu cumplido Tito: "el cámaro de la poesía" o tu calidez Manona al considerarme tu nieto de la poesía.
Justo en ese momento de libertad, arte y disfrute, gracias a una foto compartida en redes sociales, para visualizar mi anhelo de volver a viajar, una imagen mía acostado en el aeropuerto de París viendo aviones despegar, hizo que Eegle, una antigua una cliente y amiga de mi proyecto quebrado, la productora audiovisual, me escribiera un “hola, como estas?”. Ella también se había divorciado, ambos conocíamos a nuestras respectivas ex parejas, compartimos el amor por el cine, la música y la poesía, así que lo más natural fluyo, juntos en una clase Yoga (si mi versión 2018 incluía la meditación) antes de ver juntos en su casa de nuevo una película.
Para ella La La Land, la conectaba con esos últimos momentos con su hijo antes de que él fuera a vivir a Argentina, pues la habían visto y su música los había invitado a bailar en la sala, toda una caricia al alma la imagen de ellos bailando al ritmo de la La Vie En Rose, un hermoso momento de despedida, y es que precisamente es la esencia de la historia de Sebastián y Mia, una bella despedida. Sueños y decisiones, despertar y hacerse responsable o tan solo lidiar con el acierto y el error en nuestras acciones, o inacción, pues el no hacer es una decisión en sí misma.
Sin que la culpa nos defina, ni el laberinto, de atribuirles a terceros nuestro presente. Se trata de seguir nuestros sueños y permitir a quienes amamos hagan lo mismo, no se trata de egoísmo, es un sacrificio emocional muchas veces de dos, en el mejor de los términos, el amor en el desapego, es soltar, dejar volar a la mariposa entiendo el poder de sus aleteos.
¿El destino, el recorrido o la compañía?... el destino o el libre albedrío?... el recorrido y sus desvíos son lo mismo?... la compañía, ayuda, estorbo o solo la necesidad y placer de compartir lo vivido?.
Para mi, Eege es la personificación de la que vida no es una isla desierta, incluso para los náufragos, es la esperanza dentro de la caja, la compañía, el compartir, porque definitivamente todo es más sencillo en equipo. Lo pienso cada vez que recuerdo el sofá de su casa, las ganas de mostrarle una de las película de mi lista personal, y redescubrir una historia que me sé de memoria y de la que puedo recitar sus líneas, como si fuera por primera vez al ver sus expresiones de sorpresa en medio de algún plot twist. La paz al escuchar sus carcajadas y disfrutar de una buena parrilla con su chimichurri bajo las estrellas, un cielo iluminado fue nuestro techo mientras hacíamos el amor sobre la grama sin preocuparnos por nada.
A pesar de las incertidumbres frente al futuro, hay decisiones que por muy dolorosas abrirán infinitas posibilidades para el mañana, siempre daré las gracias a personas que tocaron mi alma, que cumplieron un rol crucial en su momento, y ahora moran en alguna habitación del palacio de mi memoria, compañía, apoyo, palabras justas o un abrazo, como ella, la mujer que me enseñó el placer de los viernes de buena comida, excelente música, películas que merecen ser discutidas y besos que invitan a quedarse entre sus piernas hasta el otro día. Gracias por enseñarme que se puede apostar por un final alternativo para Sebastián y Mia, ya que el amor y los sueños no son mutuamente excluyentes y se puede tener amor y prosperidad. Un poco de luz en mis sombras, le dan más calor a la oscuridad. Eso es la música y el cine para mi, por eso no me cansare de ver Walk the Line, Sing Street, Begin Again, A star is Born y La La land.