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sábado, 1 de julio de 2023

Luz, Cámara y recuerdos. Bonus Track

Indiana Jones (1981 - 2023)

Si existen cuatro sinónimos perfectos para lo que es la Aventura en el cine, los cuatro serían: el nombre del personaje y universo creado por George Lucas: Indiana Jones; el score y  marcha compuesta y conducida por el Maestro John Williams (genio de bandas sonoras y de la música en general con su lugar en la historia) la cátedra en lenguaje cinematográfico para transmitir acción vibrante sin cortes en un cuadro, comedia física y  emotividad justa (en tantos abrazos, miradas sin palabras y tomas emblemáticas) de Steven Spielberg; y por último, no menos importante, pero si pieza clave, el actor que le dio vida, sudor, autenticidad,  personalidad y ahora hasta su vejez, Harrison Ford. 


        Cuatro hombres que nos han regalado tanto a quienes amamos el séptimo arte, los cinéfilos empedernidos, quienes encontramos paz y relax en una sala de cine, aquellos que podemos escuchar con audífonos una banda sonora completa de John Williams dándole mística a lo cotidiano, entre tareas de la casa, hacer ejercicio o ir al trabajo al ritmo del leitmotiv del Superman de Christopher Reeve, el tema sentimental de E.T, las notas terroríficas de Tiburón o las llenas de picardía de Catch Me If You can; melodías más allá de esta galaxia de Star Wars o la inocente magia de Harry Potter. Instrumentos interpretados con el corazón que con su sonido acarician al alma, nos entusiasman como tan fácil puede hacerlo un niño al hacer lo que disfruta, y muchas veces en la vida adulta, el entusiasmo se vuelve una palabra y una acción menospreciada y a la vez tan valiosa y sanadora.


Si algo nos ha enseñado el cine sobre la vida, es que todo parte de una idea, de un sueño, de querer solucionar o decir algo o sencillamente dar tributo y respeto; como el que tuvo George Lucas al idear al arqueólogo de látigo, sombrero y chaqueta de cuero, inspirado en los seriales y cortometrajes de cine de aventura de hace casi un siglo, una idea con entusiasmo sin mayor pretensión más que crear lo que te gusta disfrutar, el secreto y formula del éxito personal. Como una tormenta perfecta para la fortuna y gloria, la idea de pelicula de accion para pasarla bien, fue la mejor sugerencia que le pudo a dar Lucas a su amigo, Steven Spielberg, un director que en ese momento quería dirigir su versión de James Bond, pero que sabiamente para él y todo el resto del mundo, optó por complacer a su amigo.

Spielberg es un director que nuestra generación ha tenido la fortuna de disfrutar a lo largo de su filmografía en todas sus facetas, tan versátil en la gama de géneros y emociones que puede mostrar y generar en su audiencia, como su talento para saltar de extremos del espectro de secuencia a secuencia o hasta de estreno a estreno en un mismo año, como ocurrió en 1993 con Jurassic Park y Schindler’s List. Un cineasta que sabe dar humanidad a sus películas, porque eso es ser humano, la variedad, el contraste y contradicción, poder llorar en un momento trágico y luego reírnos sin parar por lo menos pensado. Así que nadie mejor que él para darle visión, concepto y ritmo a Henry Jones Jr, mejor conocido como Indiana Jones.


Un personaje que a pesar de lo heroico no es un héroe, sino un hombre común en medio de extraordinarias circunstancias, que desde niños nos mostraba el valor de conocer nuestra historia, la fuerza de salir de cada predicamento con ingenio, y quien nos enseñaba lo poderoso y salvavidas que era que a pesar de estar rodeado de personas enfermas de ambición, obsesión y el deseo corromper lo sagrado, no caía en esas tentaciones, pues veía su búsqueda por reliquias como una forma de salvar testamentos del tiempo y su registro, la historia. Con todo lo dicho, no ha existido en la historia del cine moderno y que ahora ve su fin para dar paso a algo nuevo, un actor que sepa retratar la crudeza y lo falible, la realidad en lo fantástico como Harrison Ford, el actor de personajes de acción, aventura o ciencia ficción, que no todas las peleas las ganó, que no ve problema en disparar contra un espadachín que jamas podria combatir, que sabe cuándo correr, que improvisa sobre la marcha y que antes que rendirse y entregar el tesoro al villano prefiere cortar un puente y jugársela.


Tres personajes de Harrison Ford me han acompañado en toda mi vida: Han Solo, Dick Deckard e Indiana Jones. Este último es fácil de entender porque es el predilecto del actor, pues es el personaje que durante su saga ha mostrado más aristas, su soberbia y sed de victoria en una suerte de carrera en Raiders of the Lost Ark, pasando por la oscuridad y compasión a la vez del Temple of Doom (segunda parte que en realidad cronológicamente en la historia es precuela) su vulnerabilidad y amor por su padre en The Last Crusade (para muchos es el final de una de las mejores trilogías de la historia, con el grupo a caballo galopando hacia el atardecer) transitando por ese momento en que los roles dan vueltas, el hijo se convierte en padre y lo conocido gira abriendo paso a lo imprevisto para bien y para mal de Kingdom of Crystal Skull; y ahora, con la última Dial of Destiny,  la reflexión de un hombre frente al tiempo, la vida que eligió vivir, las decisiones que dejó ir, las acciones con sus cicatrices y cambio de rumbo, y es que la vida es una historia escrita en un idioma que solo el tiempo puede traducir. La paradoja del arqueólogo convertido en reliquia. 


Doy las gracias a la primera Indiana, por inspirarme tanto cuando escribía mi libro Crónicas del Eterno Eco al punto que uno de los personajes principales de ese libro se llama “Mellock”, en honor a uno de los cazadores del Arca Perdida, mi tocayo Rene “Belloq. También en ese libro de fantasía hay todo un pasaje sobre un templo enterrado en la arena que emerge en medio de una batalla, como guiño a la Ciudad Tannis descrita en la película. Del Templo de la perdición (mí favorita durante mí adolescencia, imagino que por lo oscura, no en vano Lucas y Spielberg estaban transitando ambos sus respectivos divorcios) agradezco tres cosas; primero el intro Musical que cumplió el sueño de Spielberg que rompe y a la vez abre esa película, una canción en donde el amor fallido de Jones pero el certero de Spielberg (la protagonista termino siendo la esposa del director hasta la fecha) es como su título "Everything goes"; segundo a Short Round, un personaje que nos representaba como niños que anhelamos poder acompañar en una aventura a Indy sin ser un lastre o cómic relief, un papel interpretado por Ke Huy Quan, un actor que es entusiasmo y positividad pura y merecidamente ha vuelto al cine con la ganadora del Oscar Everything Everywhere All At Once; y en tercero lugar  la clasificación en el Cine para Mayores de 13 años que nació con  la segunda entrega de la saga, y es que en 1984 Indiana Jones y los Gremlins obligaron a que la industria del Cine mundial encontrara un punto medio entre el cine infantil y el adulto, y así nació el cine adolescente; la generación de los 80 y 90 se lo agradece. 



Con la Última Cruzada, siento una debilidad y amor especial, al recordarme siempre a mi padre, una remembranza que acompaña al gusto de disfrutar de una de las mejores parejas, gracias a una química imparable, que fue la dupla de Harrison Ford con Sean Connery (irónicamente casi una película de James Bond nos arrebata a Spielberg como director, pero justo el Bond original nos regaló a Henry Jones; mejor padre imposible para “Junior” alias Indiana)  un intercambio de diálogos, tal cual contrapunteo perfecto, escenas que danzan entre la comedia física y el drama, miradas que conmueven y que nos recuerdan que por mucho que hayamos crecido, nuestros padres siempre nos verán como niños y por esa noción,  nuestra vulnerabilidad aflora, a veces disfrazada de frustración y rabia, y otras de alegría, aprendizaje y amor. 

En cuanto a la Calavera de Cristal, bueno digamos que no llegó al extremo de la mayoría de llegar al punto de odiarla, porque Indy en cierta forma sentimentalmente forma parte de las eras de Star Wars, no en vano comparten a su creador. Así como las tres primeras, clásicos y obras maestra de la aventura y el cine, acompañaron en paralelo a los estrenos de la trilogía original de la saga Skywalker, era lógico, que cuando se estrenaron las precuelas  entre 1999 y buena parte del 2000, que Harrison Ford volviera por una aventura mas, en una supuesta despedida en ese momento, y ahora de nuevo cuando Star Wars cerró finalmente la historia de los personajes con la que iniciaron en 1977 (el Doctor Jones es un hombre de despedidas, lleva tres con la que se estrena este año, el es una suerte de Soda Stereo) De esa película no me detendré en lo malo pues se ha hablado hasta la saciedad, yo rescato su banda sonora, la secuencia en la Area 51, los guiños a American Graffiti(la película pre Star Wars de George Lucas) y el tributo al concepto original de Volver al futuro, una máquina del tiempo hecha a partir de una nevera que viaja con la energía de una explosión nuclear.


Hemos llegado al final de una era, del cine con el que creció mi generación y que inició hace una década atrás una ola de nostalgia de poder volver a ver a nuestros héroes en muchos casos literalmente en su interno ocaso, enfrentados al presente, buscando seguir siendo útiles, más allá de su legado, personajes sin el felices para siempre, reflexivos sobre sus vidas ficticias, que a la vez son tan reales para nosotros que en muchas veces nos vemos reflejados en ellas a pesar de la fantasía. Frases que siempre llevaré conmigo:

“A veces cuando amas a alguien debes ser un extraño”

“No son los años cariño, sino el kilometraje”


y el simple pero certero “Lo se”      Fue agridulce disfrutar de la última película de Indiana Jones, un viaje por los sábados por la mañana viendo sus película en televisión cuando era niño, disfrutar tomando un trago años después escuchando la música de John Williams y ahora cerrando un circulo que inicio hace más de 40 años y preparándome para lo que el cine ahora traiga consigo más allá de lo conocido. Siempre ha existido una fijación por las máquinas del tiempo, una mezcla entre nostalgia, realidades alternativas, descubrimiento y arrepentimiento(no es casualidad que The Flash & Dial of Destiny, las últimas dos películas que se montan en esta ola de remembranza sean sobre viajes al pasado), pero a pesar de que es bueno visitar el pasado de vez en cuando, vivir en la nostalgia es tan peligroso como la ansiedad frente al incierto futuro. Curiosamente, la película sobre viajes en el tiempo más famosa de la historia, Back to the Future, deja intacto su legado, libre de remakes, reboots o nuevas secuelas, integridad que siempre agradeceré a sus creadores, Robert Zemeckis y Bob Vale, pues hay cosas preciadas que es mejor dejar como estaban, no hace falta nada más, son perfectas incluso en lo que no lo son.




Arte House Bear

Ahora es tiempo de vivir el hoy, porque siempre es hoy, es lo que tenemos cuando lo vivimos con conciencia, en el presente vive nuestro cuerpo y al vivirlo, solo así será el mañana sea con sus aciertos y reveces, un buen recuerdo; y es por esto, que para mí del océano de secuelas 15, 20 o 30 años después, solo trascienden excepciones como Creed, Mad Max Fury Road, Blade Runner 2049, Last Jedi, Top Gun Maverick, porque son producciones que están más del lado del hoy que del ayer, de romper y crear, que de repetir, pues solo encerradas en el ayer, se vuelven fotografías de viajes y no aventuras en si mismas, que jamás podrán saciar expectativas imposibles, marcadas así por la necedad de querer replicar una emoción ya vivida, cuando hay tanta oportunidad en el mundo para aprovechar las experiencias pasadas para sacarle más el jugo a cada oportunidad de un nuevo día.

Así llega el fin de este recorrido por 10 películas (como dije al principio quizás 11) que me han acompañado a lo largo de mí vida. Seguramente existirá un "Luz, Cámara y recuerdos # 12 o 13, pero tendrán que esperar un par de años, y darle tiempo al tiempo de que me sorprenda con nuevas experiencias y películas.

Gracias por acompañarme en este viaje, gracias totales por leerme.




Aquí les dejo "una" película por año de vida
1982: Blade Runner
1983: Return of the Jedi
1984: The Karate Kid 
1985: Back to the Future
1986: Aliens
1987: Robocop/Predator 
1988: Die Hard
1989: Batman/Last Crusade 
1990: Goodfellas 
1991: T2
1992: Batman Returns 
1993: Jurassic Park
1994: Pulp Ficción/Shawshank Redemption


1995: Heat/Sev7n
1996: Trainspotting
1997: Gattaca
1998: Saving private Ryan
1999: Fight Club/ The Matrix
2000: High Fidelity
2001: Lord of the Rings/Donnie Darko
2002: Catch Me If You Can
2003: Kill Bill
2004: Spiderman 2
2005: Revenge of the Sith/Batman Begins
2006: The Prestige/The Departed
2007: American Gángster
2008: The Dark Knight


2009: Inglourious Basterds
2010: Inception
2011: Deathly Hallows 
2012: Skyfall
2013: Prisoners/Rush
2014: Birdman
2015: Mad Max Fury Road
2016: Sing Street 
2017: Logan/Blade Runner 2049
2018: Hereditary
2019: End Game
2020: Invisible Man 
2021: The Last Duel
2022: The Batman
2024: Dune Part II



miércoles, 3 de mayo de 2023

Luz, cámara y recuerdos: el top 10 de películas que moldearon mi vida. Parte 3

 Primera Parte

Segunda Parte


The Phantom Menace (1999)

    El año 1999 fue uno mágico más allá de lo esotérico y superstición, lleno de energía y pasión, el fin de un siglo y comienzo del 21. Un nuevo milenio que mezclaba mientras se avecinaba expectativas con la paranoia al Y2K, por programadores que no pensaron en más de dos dígitos en la contabilidad de los años en los sistemas y en la red, convirtiendo al 2000 en un 00 que causaba miedo. Promesas del fin del mundo, lindas profecías y apocalipsis bancarios y bursátiles si todo después del 31 de Diciembre se llegaba en efecto a resetear  según teorías de conspiración.



No cabe duda que el cambio era lo que se respiraba en el ambiente; romper, soltar e innovar. Meses llenos de películas que se volvieron de culto como Election o Fight Club y discos como Bocanada de Gustavo Cerati o Ecos punzantes del ayer de Zapato 3, que se convirtieron en determinantes y fuentes de mix tapes para escuchar en mi walkman con pilas recargables. Puntos de quiebre para melómanos y cinéfilos que se debían escuchar a todo volumen, como aconsejaba a gritos y distorsión Cristian Slater en aquella película de 1990 en la que era un DJ de Radio Pirata (Pump up the volume)


    Me encontraba en el ojo de una bella tormenta, a punto de graduarme de secundaria y de entrar a la Universidad. Casi viviendo en casa de un amigo diferente cada fin de semana. Recuerdo a Scrappy, el perro de Leopoldo con olor a osobuco y cuyo pelaje según la leyenda era blanco y no color sucio. El piso lleno de discos rayados en la casa de Ricardo, de donde agarre el CD de Big Bang de los Enanitos Verdes antes de pedirlo prestado y recibir de respuesta un genial “llévatelo, te lo regalo”. Ni hablar de las idas a la casa de Daniel, el primer amigo que hice en el colegio, gracias conocerlo en un plan vacacional meses antes de comenzar el 4to grado. De niño con mi humilde colección de GI JOE era la apoteosis jugar con su caja de herramientas llena de figuras de acción con sus accesorios. Con los años pasamos a otro tipo de juguetes: los discos de Blink 182, Offspring y Garbage; un quemador de cds y mi primer contacto con el dvd, un formato cuya carta de presentación fue The Matrix, una obra maestra que no vi en el cine porque quería guardar el dinero para ver varias veces el regreso de la saga de George Lucas (un error del que hasta la fecha me arrepiento con todo mi ser, como pude ser tan idiota para no ver en el cine una película que revolucionó esa industria?)

Bueno, sigamos, hay que dejar las culpas y reproches con nuestra versión del pasado.

 Amaba el arte de las portadas de discos y sus cancioneros, de la misma forma que los afiches de películas,  las carátulas de VHS y los trailers de próximos estrenos; los podía ver en loop como los buenos videos de musica en MTV. Llegar a pagar una entrada para entrar a la proyección de Conoces a Joe Black? solo para ver el primer teaser del Episodio I de Star Wars, la Amenaza Fantasma,  y salirme sin ver la película de Brad Pitt. Libre de YouTube y poco o nada trailers en la Web, tocaba eso y cazarlos con grabador encendido en la televisión al final de algún noticiero en su sección de farándula o artes y espectáculo.  





Poniendo en contexto ese momento hay que decir que hacían dos años desde que George Lucas había re estrenado la trilogía original, con negativo restaurado, remasterizada y con escenas adicionales y efectos retocados. Yo no había tenido ninguna aproximación con la saga antes de esas ediciones especiales de 1997, pues nadie en mi familia era fan de la historia de Darth Vader, era un tiempo donde era raro si te gustaba la ciencia ficción, la fantasía y los comics, no había nada cool o de moda en ser fan de ese tipo de cosas, al contrario te hacía ver cómo un "nerd" (el Geek de ahora, solo que en modo de burla y rechazo)lo normal después del Western de nuestros padres eran las películas de acción de Stallone y Schwarzenegger, pero para mi después de verlas por primera vez, se convirtieron en parte de mí vida; las alquilaba sin parar hasta tener mis copias propias, recitaba los diálogos de Yoda, me emocionaba con las escenas de batallas en el espacio acompañadas con la música de John Williams, el “I know” de Han Solo o “I am a jedi like my father before me” de Luke Skywalker. 



        Siempre me encantaba encontrar a otro fan. Recuerdo a Andrés y como nuestra amistad  comenzó con un “también te gusta Star Wars?”... a los 16 años, no hay mucho más para hacer amigos, sin política o filosofía de vida, no hay como complicar las relaciones que pasan de cero a 24/7. 


        En su casa era como una dinámica completamente diferente a la que existía en la mía, mis dos padres son profesores, amantes del orden y lo políticamente correcto. Así que era toda una experiencia nueva estar en una habitación donde se podía fumar libremente, había un marcador negro indeleble para escribir en cualquier parte de las puertas de los closet de madera lo que quisieras, y tenias un bajo con su amplificador entre un poster de Elvis, discos de Genesis y Peter Gabriel y un playstation. Yo era uno de los pocos entre mis amigos con sus papás aún casados, así que al ser adolescentes de padres divorciados, muchos de ellos en aquel tiempo podían hacer prácticamente lo que quisieran sin grandes consecuencias, y definitivamente la máxima expresión de eso era Andrés. En su casa nuestras expectativas y ansiedad por ver la Amenaza Fantasma aumentaba, jugábamos Jedi Knight en su computadora con la Estrella de la Muerte como fondo de pantalla y con una miniatura del Millenium Falcon nos animamos a hacer con los demás un cortometraje, un fan fiction, para sazonar a un más la impaciencia. 




       Estudiábamos en un colegio católico, así que obviamente casi todos mis amigos compartían conmigo cierta  resistencia y rebeldía contra los sacerdotes y la religión, por lo que nos pareció la mejor idea incluir un poco de eso en forma de sátira tonta y casi infantil en nuestro Star Wars marca Acme. Yo sería un Han Solo con una pistola de Nintendo, un futuro estudiante de medicina sería R2D2 con una cesta de ropa sucia sobre su cuerpo y Luis Felipe el designado como Darth Vader, tendría debajo de la mascara una fotocopia en blanco y negro de la cara del director, para cerrar con la escena legendaria de “Soy tu padre”. Toda una producción de presupuesto en negativo con naves hechas de papel de aluminio, explosiones a partir de un encendedor y un spray analgésico (obviamente inflamable) y muñecos de Star Wars, He Man y Gi Joe como dobles de acción. Hollywood puro y duro.


         Llegamos al mes de la saga y estreno de The Phantom Menace, Mayo, entre visionados en grupo de la trilogía original, sesiones de hipótesis a partir de imágenes de revistas y  trailers y nuestro vasto conocimiento casi enciclopédico del universo expandido de la saga de George Lucas, cada libro, comic, revista o juego examinado con lupa. No existía nada más, solo pedíamos a Dios no morir antes de ese día y luego sobrevivir hasta el estreno del Episodio III, el cierre de la nueva trilogía y precuela de las películas originales.  Nos turnamos durante todo el día un lugar privilegiado en la fila para ingresar a la salas de cine, las personas no solo abarcaban los cines del centro comercial Lago Mall en Maracaibo, sino que salían hasta la calle. 





    En nuestro caso teníamos examen de educación física y pudimos coordinado con llamadas de teléfono públicos (los celulares eran  gigantes y un lujo) estar desde la madrugada en grupos dos, esperar a quienes por orden alfabéticos ya habían tomado el examen práctico de volleyball e ir en autobús al colegio a presentar y volver para estar de pie, casi sin comer, horas hablando sin parar de lo mismo que ya veníamos discutiendo a diario. De la emoción casi gritabamos como histéricos que encima se creen graciosos; un hombre disfrazado, haciendo un decente cosplay de Boba Fett se quitó el casco y nos gritó “maduren” antes de volver a colocárselo. Una situación bizarra que solo podía hacerte reír y nada más.


       Entramos y ocupamos casi dos filas enteras… arranca la fanfarria de la Fox, el logo verde de Lucasfilm, las letras azules con la frase érase una vez en una galaxia muy lejana, y pum!, el título amarillo que se devora la pantalla: Episode I, The Phantom Menace. Gracias al poder de negación y el Dolby Digital, sentíamos que algo no era como esperábamos pero igual estaba todo bien, no sabíamos si tanta fue la expectativa  que era imposible saciarlas, o si nuestro cerebro estaba colgado y aun no procesaba a Jar Jar Binks ni comprendía tanta genialidad, lo cierto era que tomamos ese Kool Aid y estábamos viviendo en esa galaxia, experimentando un nuevo capítulo de la saga por primera vez en pantalla grande y en su día de estreno, era nuestro tiempo, sin saberlo con sus altos y sus fallos, la trilogía de Star Wars de nuestra generación. Una trilogía de precuelas  que dos décadas después se ve desde otra óptica, lo que en su momento se le crítico, que tuvieran una estética y narrativa distinta, es algo que ahora se aprecia, lo que tanto se quería de ellas es lo que después fue atacado en la trilogía de secuelas (E7-E9) Hoy se recibe de brazos abiertos a Hayden Christensen (Anakin/Vader) y se valora el aporte en cuanto a la democratización del cine con la era de cámaras digitales, el uso de pantallas verdes y tantas cosas que muchos ignoran pero le hicieron todo más accesible a creadores en el futuro que estaba por venir.



    También después de ver todo a través del prima del tiempo, toma otra dimensión, significado y sentido, como el deporte mundial de criticar hasta el desprecio sin contemplar en lo más mínimo lo que eso puede causar en otro, como terminó siendo el odio desproporcionado que recibió Jake Lloyd (el niño Anakin Skywalker) o Ahmed Beat (Jar Jar) al punto que el último llegó a intentar suicidarse y el primero siendo un niño recibió tanto acoso que terminó en un espiral de enfermedades psiquiátricas y adicciones. En ambos caso, un despropósito criminal la cristalización del fanatismo tóxico, que ahora me hace enfocarme más en hablar de lo que me gusta y disfruto y no en lo que me desagrada, al final no aporta nada. No le hace bien a nadie. 




       Al final el universo de George Lucas, se volvió como ese familiar o amigo con el que puedes discutir, criticar, distanciarte y hacer las paces, pero del que nadie puede hablar mal si no es parte de la “familia”, ese puerto seguro o happy place cuando los golpes de los años hacen de ser adulto toda una experiencia de claroscuros. Es volver a sentir más allá de la nostalgia esa emoción pura e infantil cuando conversas con un amigo de lo que aman en conjunto (Rogue Two Podcast )


Es por eso que fue todo un privilegio sentir lo que sintió la generación del 77 & 80 en los 90 y 2000 cuando Star Wars regreso con un reboot/secuela (o su hija la recuela) en el 2015 con The Force Awakens, una suerte cancion cover, de puente entre tres generaciones. Lo mismo que fue el placer de volver a ver la Amenaza Fantasma en su 25° Aniversario en la gran pantalla, y poder apreciar lo adelantada que estaba su temática en un mundo pre 11/09, ahora su mensaje es más palpable porque es nuestro día a día, normalizado en redes sociales: inocentes que pueden morir o perder su libertad por poderosos, sus intereses y la conveniente lentitud y burocracia de quienes en teoría deberían y podrían hacer algo. Eso es Star Wars: filosofía, personajes, arquetipos, no solo efectos especiales, eso que logra que la gente aún hoy se quede sentada durante los créditos finales sin espera de una escena escondida, solo es el gusto por deleitarse una vez más con el Duel of The Fates de John Williams.



    De seguro, ocurrirá de vuelta en unos años para alguien más cuando una nueva entrega sea la introducción para algún niño que aún no ha nacido y cuyo padre experimentó su introducción a la saga con Baby Yoda o Ahsoka.






"The Force will be with you… this is the way"

Rene Rodriguez R


Continua con un viaje de vuelta a la Tierra Media