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martes, 25 de abril de 2023

Luz, cámara y recuerdos: el top 10 de películas que moldearon mi vida. Parte 2


Primera Parte


Pulp Fiction (1994)

Soy hijo único, nací prematuro, con problemas ortopédicos, asma y era el gordito del salón (en un tiempo donde normalmente había solo uno o dos por aula y era lo típico hacer todo un tema por el peso ajeno)  así que estaba lejos de ser un niño cool o popular, definitivamente mi salvación fue la llegada de mi primo Alex cuando recién iniciaba en secundaria. Él vino a vivir con nosotros ya que en su ciudad no había una buena universidad, así que fue una mezcla nutritiva y contradictoria, ir al colegio compartir con niños de mi edad y los fines de semana, jugar a la adaptación y ser un joven precoz entre sus amigos.  Ayudaba mucho que siempre había en su grupo buena actitud. 


    Era 1995 y los cds de música tenían tiempo disponibles en las discotiendas pero mis ahorros de mesada ni los de Alex, todavía alcanzaban para eso, mas si para cassettes, cintas vírgenes de vhs e idas semanales a cualquiera de los videoclubs a los que estábamos afiliados, sin llegar a mis niveles casi obsesivos él compartía conmigo el disfrutar sentarse y ver con completa atención una película. Cada carnet para alquilar servía para un gusto o estilo distinto: el club para lo últimos estrenos, recién salidos del horno (algunos de dudosa procedencia), aquel para cine internacional más allá de Hollywood,  otro donde  poder encontrar Anime o cine de culto, raro, tabú o prohibido, lo casi imposible de conseguir; y obviamente la vieja confiable, Blockbuster. Era la prehistoria antes del Internet en cada casa, años luz de ese que no requería ocupar la línea de teléfono y con la posibilidad de descargar o ver en línea lo que quieras. 



Convertidos en el Indiana Jones de las Arcas Perdidas del escape y la inspiración, y es que así como el ocio y el vicio se caen a besos, el entretenimiento que escogemos delata mucho de lo verdadero en cada uno. Como bien decía Robb en High Fidelity "las series, películas, libros y discos es lo que realmente importa, es lo que te gusta, no cómo eres", es la verdad, lo que nos apasiona y a la que le dedicamos tiempo dice mucho y como un imán atrae o repele a personas y pensamientos. La eterna búsqueda de la nueva película favorita, esa para discutir casi en soliloquio en el recreo con mis compañeros de clase o los viernes con los amigos de Alex, me llevó a tener en mis manos a la caratula vacía, con la foto de Uma Thurman fumando Red Apples detrás del título Tiempos Violentos. 



Disfrutaba como ritual recorrer los pasillos de los videoclubs y ojear cómo vez primera las cajas de cartón de las cintas de vhs; existía un club llamado Video Roxy en donde más me sentía a gusto y sin presión para tomarme mi tiempo y elegir dos o tres películas para el fin de semana. El dueño era un jovial señor que decidió invertir su jubilación en ese negocio, se llamaba Armando, lamentablemente murió 20 años después de ese momento y tanto aprecio le tome que asistí a su funeral. El recuerdo recurrente que tengo de Armando es cuando conversábamos en Septiembre del  2001 frente a la caja registradora mientras le pagaba y vimos en la televisión de su local a un avión impactar contra las Torres Gemelas de New York; no lo podíamos creer, idiotas pensábamos que era el trailer de una película. 


    El decoraba su negocio con caratulas agrandadas que colgaban del techo, recuerdo en especial la de Darkman y Army of Darkness de Sam Raimi, con ese estilo de ilustración de serie B que me encantaba. Justo en ese lugar estaba la obra maestra de Quentin Tarantino, Pulp Fiction. Como una licuadora dentro de mi cabeza el Disco Sueño Stereo de Soda, los Cuentos Grotescos de Pocaterra, los Power Rangers y Chandler Bing le hicieron lugar a semejante inyección de adrenalina a la mente y el alma. Pumpkin y Honey Bunny se daban un beso antes de sacar sus pistolas y robar una cafetería. Asciendia el título en color amarillo con contornos naranja  al ritmo de Dick Dale & The Del Tones "Misirlou Recuerdo despegarme de la pantalla para ver a Alex y él hacía lo mismo conmigo, nos vimos y sin decir nada nos dábamos un festín con lo que había sido un clásico instantáneo el año anterior pero nosotros recién descubríamos.

 
    No conocía al John Travolta de Grease o al de Brian De Palma, sino al de Mira quién Habla, así que fue toda una vuelta de tuerca ser testigo de su Vincent Vega, lo mismo ocurrió al olvidarme sin esfuerzo de John McClane y sencillamente sentir la tensión de no saber cómo saldría Bruce Willis de semejante embrollo. Magia maquiavélica como rayo atrapado en una botella, era la vida que se sentía en ese film, vida que contagia, la vacuna al mas de lo mismo. Una historia contada en capítulos sin orden cronológico, un falso versículo de Ezequiel que memorizar en inglés contagiado con la voz de Samuel L Jackson y la reflexión de Mia Wallace sobre los silencios incómodos, lo innecesario de hablar por hablar cuando no estamos solos y la fortuna cuando encuentras a esa persona con la que puedes solo disfrutar el silencio entre miradas y una cereza en los labios de la mujer que sabes que no debes pero igual deseas.  

        Me convertí en un adicto a verla una y otra vez y como quien degusta una taza de café en el punto exacto de temperatura, cuerpo y amargor, así tal cual quería volver a vivir la experiencia. Luego de una búsqueda larga e  infructuosa por los videoclubs de Maracaibo de la ópera prima de Tarantino,  y no tener suficiente con obras similares como los Sospechosos Habituales, cazaba con el grabador de vhs encendido los canales de cable esperando tener suerte, y de milagro casi a medianoche, antes de una pelicula prohibida de Shanon Tweed tal vez transmitieran Reservoir Dogs o True Romance (cosa que no ocurrió hasta pasados 3 años)



    Después de ese momento, lo que comenzó con Tim Burton, fue a otro nivel, no era más el actor la estrella o el único artífice de ese efecto en mi luego de ver una película, ahora era el momento de prestar atención y respeto a la figura del Director,  en consecuencia antes de estudiar para un examen o hacer alguna tarea podía sacar  20 de 20 en Seven de David Fincher, Ed Wood de Burton o The Omen de Richard Donner. De a poco junto a mis cassettes de cromo con grabaciones piratas de Fin del Cuento de Sentimiento Muerto y el Album Negro de Metallica, estaban mi videoteca de VHS. Sentado con dos reproductores para grabar las cintas alquiladas a video cassettes vírgenes, esperaba en cualquier momento que el FBI derribara la puerta.




    Gracias a Quentin Tarantino aprendí que la mejor forma de estudiar cine era viéndolo, y en el caso de su filmografía era estudiar de los apuntes del mejor estudiante. El poder de una canción al ritmo o yuxtaposición de las imágenes, el lenguaje del color, el poder de los diálogos, la narrativa no lineal y tantos guiños a obras de otros creadores que tocaba ahora estudiar. Como fue el trabajo del maestro Martin Scorsese, de quien junto a Francis Ford Coppola con su obra maestra The Godfather  y Michael Mann con The Heat, que no me cansaba  (ni aun lo hago) de disfrutar de películas como Goodfellas, The Departed o Wolf of Wall Street como si se tratara de un disco de Gustavo Cerati, al punto que era un quinceañero con la película Casino original en su estuche doble de VHS, amante de esas creaciones ajenas que inspiran las propias, y es por eso que a diferencia de lo que quien me conoce piensa, mi género favorito no son las adaptaciones de cómics ni la ciencia ficcion o fantasia, sino las películas de gangsters. 


 
    Así pasaron los años, de estreno a estreno Tarantinesco, desde la Novia ensangrentada en búsqueda de Bill, pasando por el Coronel Hans Landa y sus escalofriantes diálogos, sin olvidar la sabiduría en la grandiosa Django con eso de que hay que saber perder pero sobre todo saber ganar, porque nunca se sabe cuando uno está abusando de su suerte y puede venir alguien a darnos un tiro cuando nos estrecha obligado la mano. Un viaje de cinefilia hasta la expectativa antes de ver Once Upon a Time in Hollywood ahora viviendo en Argentina durante el concierto Reservoir Songs una banda tributo al cineasta en el 2019.

    Cerraba los ojos luego de un sorbo de Cerveza Patagonia y volvía mentalmente a la habitación que deje atrás en Venezuela, decorada con el afiche original de Pulp Fiction enmarcado en negro(que tuve que dejar a falta de espacio en la maleta) al final como al principio hechizado con Uma Thurman y su cigarrillo. Recordaba a Alex y caía en cuenta de lo mucho que nos habíamos distanciado casi pasadas 3 décadas de aquellos tiempos violentos; el ahora vivía con su esposa e hijos en Canadá y yo reflexionaba en si dejar de esperar que el diera el primer paso y ser yo quien retomara el contacto. Ignorando por completo lo que se venia a nivel mundial en materia de proximidad humana. Seguía sondando Bring a Little Lovin' un cover de los Bravos interpretado por la banda Argentina que veía en vivo y que hacia un genial tributo a los Soundtrack de la filmografía de Tarantino. En minutos terminaría el recital y ellos me concederían una entrevista para mi podcast cinéfilo Todocinefansradio


Continua con un viaje de vuelta a una galaxia muy lejana

jueves, 30 de marzo de 2023

Luz, cámara y recuerdos: Memorias de un cinéfilo

 


Escoger qué películas ver según quién te acompañe es todo un arte, nunca es lo mismo que con esas que disfrutas ver mil veces sin que nadie te juzgue, esas que logras redescubrir, las que son las mismas, pero el que cambia eres tú ( Garden State o Wonder Boys ) las circunstancias y perspectivas, se suman nuevos detalles, diálogos que ahora resuenan diferentes por otras experiencias vividas. 





Muy diferente situación las sesiones de cine con tus padres luego de que ya eres mayor que ellos cuando te tuvieron, esos momentos de reencuentro y compartir, es clave, buscar una película con estructura clásica, fácil de entender, que en los primeros 10 minutos se sabe de qué va, obvio con al menos un actor nominado al Oscar (si es ganador aún mejor) y si tiene un mensaje, moraleja o mucho drama saca lágrimas, listo, ¡bingo! cero polémica.


Están esas de ver con los amigos cinéfilos anti Hollywood, Coreanas o alemanas, bien crudas, dobladas, nunca; idioma original con subtítulos diminutos. Si es versión del director con algo de Gore seguro será una buena velada de pizzas y cervezas con final abierto y búsqueda en wikipedia o algún podcast para terminar de entender el argumento. 





Por último las que se ven en pareja, dependiendo de la personalidad de tu acompañante, pueden ser maratones de sagas si son fans de las mismas ficciones o un punto intermedio, un una y una: una comedia romántica o esas basadas en hechos reales alternada con la Naranja Mecánica y Back to the Future, todo es posible salvo un gusto que cancele al otro, un género tabú casi prohibido para ver juntos.   


Cada película es como la canción que forma parte de tu soundtrack personal, es tu zona de paz, una mezcla entre nostalgia y novedad, una pastilla anti estrés, depresión o rabia, que algunos necesitamos a diario tomar; y aquí voy a iniciar un viaje al pasado hasta llegar al hoy, con esos recuerdos, esas personas que me acompañaron en ocasiones como cómplices de los silencios o aplausos al aparecer los créditos luego de un fundido a negro, mi top 10 con opción a un bonus track, 10 películas (tal vez 11), 10 momentos en mi vida.



Batman de Tim Burton (1989)


Tratar de recordar, intentar revivir un momento que tal cual tatuaje o cicatriz, dejó una marca, una musa, la imagen en cámara lenta y rápida, personalmente editada, es sumamente fácil; solo es complicado cuando se trata de algo ordinario, pero nunca con la extensión de un evento convertido en memento, en una creación un tanto real y ficción.

Cierro los ojos y le hago trampa al primer recuerdo relacionado con el cine que trae mi memoria, por lo vago en su definición, solo retazos de imágenes cuando tenía 4 años en 1986: mis padres a la salida del Teatro Landia en Maracaibo después de ver King Kong Lives. Casi como una fotografía gastada, sin color y desenfocada, a diferencia de la exactitud de aquel junio de 1989 cuando junto a mi Papá, hacía fila para entrar a ver a Batman.



Casi puedo oler las cotufas, pochoclos o pipocas en la larga y ancha fila para comprar las entradas, y poder ingresar al Cine Altamira, una emblemática y pionera Sala de Cine de mi ciudad natal que estaba construida en la planta baja de un edificio clausurado por una estructura mal ejecutada, el esqueleto de algo que nunca cumplió su propósito, y que causó década y media después el cierre de la sala, algo igual inminente conforme se propagaban las salas múltiples de Centro Comerciales.


Era el tiempo de vendedores en plena calle que ofrecían merchandising pirata de películas. Tengo grabada la imagen de cada camiseta, chapa y vaso estampados con el mejor logo en la historia de adaptaciones del personaje de DC, el símbolo del murciélago con fondo amarillo. Aumentaba la expectativa ya sentados en nuestras butacas en espera de que se apagaran las luces y el proyector se encendiera. Tantas cosas que conectan al Caballero de la Noche, la creación de Bill Finger y Bob Kane con el hombre que amo, mi padre, empezando por la gran coincidencia que comparten día de cumpleaños (o creación) el 30 de Marzo.



Más allá de lo obvio, lo inherente en la tragedia de Bruce Wayne, el miedo de todo niño: perder un padre o terminar siendo huérfano; se conjugaba al hecho de que tiempo antes del estreno de la película, tuve una operación correctiva en mis dos pies y pase un par de meses con las piernas enyesadas y moviéndome en silla de ruedas, algo que paradójicamente recuerdo con cariño pues mi papá, inteligentemente, me había regalado una montaña de comics de Batman.



Así que allí estábamos los dos frente a la gran pantalla, inmersos en la música teatral, una suerte de fantasma de la ópera de Danny Elfman, el imaginario gótico icónico de Tim Burton, y el hipnótico y perfecto Michael Keaton con su ”I am Batman”, y es que nadie ha logrado aún, lograr una mejor voz para el Gran Detective, salvo el difunto Kevin Conroy en la versión animada. Imposible pasar por alto al maquiavélico y magnético Jack Nicholson, gracias a él, termine siendo un niño que disfrutaba sentarse a ver en Betamax One Flew Over the Cuckoo's Nest y The Shining.


    En simultáneo junto al disfrute de la película y la conexión con mí padre, tuve una epifanía, descubrí, definí y fijé (hasta hoy 34 años después) a la sala de cine como mí templo, me sentí emocionado, con la certeza de pertenecer, de estar en paz, un lugar donde incluso solo siempre estaría acompañado, caminando entre pasillos con afiches enmarcados. No al azar mis salidas favoritas siendo niño no eran a una plaza o parque, un Arcade o franquicia de comida rápida, sino a un vídeo club. Así no resultó raro pedir en navidad un reproductor VHS y otro el año siguiente para poder grabar y crear mí propia y primera videoteca.


"You gonna get nuts? Come On! Let's get Nuts!"




     Decía un enloquecido Bruce Wayne, una línea traducida en subtítulos que no alcanzaba a leer a mis casi 7 años, pues cambiaban muy rápido. Pero no había problema, mí papá en susurros casi al oído para no molestar a los demás me leía: "Te quieres volver loco?. Vamos!. Vamos a volvernos locos!" Eran otros tiempos en que salvo una película animada de Disney, todo venía en idioma original. Cómo extraño aquel momento.



    Salimos del cine y sencillamente fue el inicio de una tradición, ir a cada estreno de una película de o con Batman. Desde aquel primer viaje sin mis padres a Caracas en el que pude ver con mis primos Batman Returns en 1992, para terminar locamente enamorado de Michelle Pfeiffer. Pasando por el sillón reclinable más confortable en el que disfrute en Sala Premium en el 2008, tal cual vaso con Whisky de una sola malta a la obra maestra que es The Dark Knight de Christopher Nolan, y enloquecer con el Joker de Heath Ledger. Vivir toda la montaña rusa y absurda que fue poder ver durante la pandemia la visión de Zack Snyder de la Liga de la Justicia, o tragarme la lengua después de la sorpresa que fue,como hater de Twilight, disfrutar del Batman de Robert Pattinson, con ese estilo tan Sev7n.







   Han pasado los años y que ahora suman décadas, en las que alegorías en pozos y escaleras en las películas del murciélago me vuelan la cabeza, ver al héroe subiendo por un pozo libre de miedos luego de caer y ser víctima de nuevas fobias o al payaso bajando bailando por escaleras que conducen a su infierno después de subirlas taciturno y lúgubre, incapaz de rozar al cielo,  cada uno por su lado antes les tocó hacer lo contrario, caer y ascender, miedos y daños, valor y caos.









    La gran diferencia y dilema entre justicia y venganza. Sencillamente una historia que me regaló y le sigue dando inspiración y escape a mi vida.






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jueves, 1 de octubre de 2020

La primera década después de la última pandemia.




Capitulo 1

"Dónde quisieras estar en la próxima pandemia?"

Un mundo de mascarillas y desinfectantes.

Los alter egos en redes sociales se volvieron personas con el rostro al descubierto. El resto aprendió a identificarse solo con sus ojos y el movimiento bajo sus mascarillas y anteojos

Las reuniones por video llamadas, la nueva zona de confort, entre más virtual, más responsable. Muchos quedaron con la fobia a las interacciones para evitar enfermarse.

Octubre 2030

Pasaban los años entre el alivio para quienes creían que lo vivido y perdido no se repetiría, y la coherencia según otros de pensar, que sería cuestión de tiempo para que la enfermedad y paranoia regresara incluso de maneras nuevas.

Igual ella seguía buscando a quien saber hacía lo mismo de vuelta. Lo que buscas te está buscando dijo un sabio, solo déjate encontrar.

Mientras él con el mismo miedo, de sufrir de arrepentimiento, de contagio, de no coincidir espacio/tiempo o en anticuerpos, el terror al desperdicio de momentos buenos frente al teléfono por instantes huecos frente a otro cuerpo. De las náuseas por ansiar que todo fluya, ausencia romántica, esa que hacen a dos uno y no piezas que no encajan, solo se esfuerzan a estar entre si acompañadas.

Sin temor a la no química, a lo físico, al contagio, al no saber que hacer cuando el mínimo contacto se sienta al máximo... ellos dos prefirieron equivocarse.

Capítulo 2

Quién leerá mí biografía?...  Él se pregunto enajenado con la tristeza que se retroalimenta.

Entre logros y vivencias impalpables, descartables, y reemplazables.

Él se sentía hastiado de las aplicaciones y sus actualizaciones para una relativa mejor interacción, falsas promesas de mayor contacto, más inmediatez y conexión.

Oxidado en el arte de socializar más allá de dar un like, enviar stickers y reducir todo a un meme. Con anemia de abrazos, sediento de un beso bien dado.

Pero a la vez, en su eterna paradoja de desear lo mismo que le causaba rechazo. Con el terror latente a sufrir de nuevos ataques de pánico al estar frente a otro humano. El deseo de lavarse las manos, la ansiedad después de un apretón de manos y el sudor frío con el solo sonido de una tos o estornudo de un amigo o extraño.

Intentos frustrados de estar cómodo en reuniones dónde hasta un tono de voz alto o poco armónico podía irritarlo. Gente hablando al mismo tiempo o la cacofonía de un ambiente transitado, le hacía sufrir de la fobia a no poder tan solo desaparecer al cerrar con un click su sesión. Miedo al saber que en carne y hueso no hay pantallas que apagar o micrófonos que silenciar, pero si, la obligación de dar una excusa y explicación para querer estar solo sin parecer un loco, inadaptado y asustado. 

En un mundo donde encajar e influenciar a diario lo es todo, querer ser una isla libre  de Wifi resultaba un tanto raro. 

Paranoico, incluso víctima de las últimas teorías de conspiración, al creer que quizás la vacuna inoculó en él la enfermedad de la soledad e insomnio sin antídoto, la eterna angustia, el irreparable vacío. Se Sentía como corriendo sobre la superficie de un lago, sin querer sumergirse, flotando sin saber cómo sus pies se elevaban sobre el agua, piernas suspendidas querían mojarse, nadar y dejar de volar secas y aisladas. 

Y allí, a la vista, cómo lo que menos encuentras cuando escudriñas, y que aparece después de dejar de buscar, estaba ella en la orilla de esa isla que él tanto anhelaba, con sus manos sumergidas por completo en el agua, saludando a la victoria de los náufragos... no perder la cordura en espera de otro barco. 

Capitulo 3

 Aburrí los lugares, del sofá a la cama, de la sala a la terraza, enterrando mí tristeza en maquillaje, sin salir de casa, grabando tutoriales para mí canal de YouTube. Se dijo así misma ella, diez años atrás, en el año de las pausas, de los finales y el mientras tanto. Una década pasó entre live de instagram, post de su canal de YouTube, y muchas horas de podcast y playlist de Spotify.


Ella sintió que ya no tenía fuerzas, que cada paso era una espina que se clavaba en sus piernas. Pero lo logró, surfeo la ola y sobrevivió después de muchas videollamadas de terapia. Era el 2030 y sentía esa sensación amarga y familiar un dejavu. En su rebeldía de anhelar una real conexión.



Aferrada a un sueño, a un propósito, a un nexo entre tanto ensayo y error, buscando en cada nuevo emprendimiento, el fulano éxito, llenar el vacío de no sentirse plena. La cura al sentir truncado de expresion y liberación...

La Fórmula perfecta no existía, ella lo sabía...nada era perfecto... menos el compañero y complemento idealizado, intachable... El Mal para los perfeccionistas en estos días... Hay que encontrar el aliento ...


De encontrar lo nuevo, el cambio, el antídoto a lo muerto dentro de la vida


A veces quiere llorar y quedarse en su cama sin moverse, otros días ansiosa por salir a correr en un bosque interminable y exageradamente verde... dejar que se pasen los días.


 "Pero esto es más fuerte que yo... " pensaba en ecos eternos en silencio.

Ese silencio que quiere rendir cuentas ni sabe aún queriendo dar una explicación. No todo se debe justificar ni confesar. Secretos para no molestar.

Innecesarios argumentos para revelar.

Pensaba en sus padres, cuánto se amaban en apariencia, en fotografías de Facebook. Hasta ese 2020 que como una lupa todo lo amplifico. El despido de su papá, el resentimiento acumulado de su madre, una combustión en potencia que redundo de pelea en pelea hasta ser separación.

Se vendía alegre, optimista y siempre exudando buen gusto coquetería, pero bajo la superficie, existía una rabia secreta, un rencor incluso a aquellos que ella en redes seguía. Pensaba en su abuela, víctima de una amiga creyente en teorías de conspiración, que sin lavarse las manos, en protesta contra el nuevo orden mundial, sencillamente la saludó, su abu se contagio y no la pudo contar.


Mucha impotencia, como esa que daba al escuchar a la ahora extinta OMS, esa que invita a gritar, a golpear la pared y romper el vidrio. Destrucción que no dañe a nadie, para ella era la idea más justa y terapéutica.


Gritando al vacío del viento sin grillos ni pajaros que cantan al amanecer, armando de sus retazos, una obra de arte, "y que lo viejo el mar se lo lleve" deseaba tanto, "para cuando el momento justo llegue", su mantra, su zen y calma, la marea que se va y vuelve, disipe lo vivido para abrirse al abismo de lo desconocido, lo incierto con su promesa de distinto. Soltar, dejar ir, esa idea de lo que debió ser, de lo merecido, de lo que no fue, el ancla, que pesa, que arrastra y detiene, sin dejar que el no tiempo, el no lugar, se trague su rabia. Para poder volver a nacer, después de morir un poquito todos los días.

La auto crueldad que todo lo erosiona, las expectativas imposibles, dañinos patrones , adictos y tan dañinos. Estaba a punto de terminar. Cuando lo vio a el, prófugo como ella de lo que se espera, de la.vida que alguien más diseña.

Intermedio

Una puerta sin llave nos separa 
de quienes extrañan nuestros abrazos. 
No estan encerrados en muchos casos,
es la mejor decisión tomada con dolor de estar alejados con el deseo de un beso, para protegerlos de un mayor daño.
Estar cerca sin tocarlos, es el mayor amor y afecto en tiempos de contagio. Nada será igual, ningun gesto de cariño se volverá a dar por sentado. Como volver a despreciar un sincero apretón de manos, el roce con cariño en la mejilla de otros labios?. A veces cuando amas a alguien y quieres protegerlo debes mantenerte lejos y ser un extraño.



Capitulo 4

Noviembre 2030

Èl estaba en la estación de subte, deslizando sus dedos entre elección y descarte, en una nueva aplicación de citas en su teléfono. Era su día libre en su trabajo como delivery. 

Ella lo observaba, desde que él entro al vagón en el que viajaba hace casi una hora después de una caminata semanal en una plaza, a dos metros de distancia ella nadaba en aquella ajena pantalla de celular, separación obligatoria entre dos desconocidos, un protocolo que se mantenía desde la última pandemia china, para prevenir algún potencial contagio a cualquier nuevo e inminente virus. 

Ella lo espiaba de regreso a casa cuando él pasaba de foto a foto, entre mujeres con tatuajes, otras posando con audífonos, algunas leyendo un libro, acompañadas con un perro, un gato o ambos, tantas en trajes de baño, como BIOS de redes sociales que se creían trascendentales y originales. Ella se sonreía al saber que hacía lo mismo en casa, en sus recesos cuando trabajaba a salvo desde su computadora a distancia.

Usar el celular en una reunión era señal de apatía y mala educación, pero se volvió después del corona, para muchos, en la única opción. 

La aplicación Alwaysmatch buscaba compatibilidad en otros usuarios de forma inmediata y con una permanente actualización de base de datos. El algoritmo medía constantemente lo que decias en voz alta, lo que hacias en público y en privado. 

Lo escrito, lo borrado, buscando patrones, conductas impertectibles incluso para quién usaba la aplicación. Y así, alguien podía estar con un candidato seleccionado, supuestamente The one, el indicado hasta que el celular dijera lo contrario, pues si algo no salia como debería en una cita, al instante Alwaysmatch buscaría a otro aspirante en el mismo lugar donde estaba quien usaba la aplicación, con una potencial pareja. En simultáneo experimentabas conocer a alguien, lo evaluabas y se te presentaban nuevas opciones. Alternativas dadas por la inteligencia artificial siempre activa en el dispositivo incluso estando apagado. 

La tecnológica herramienta era cada vez más precisa, intuitiva y fácil de usar para conocer a personas nuevas e iniciar relaciones que fluctuaban al ritmo de un algoritmo,entre ser duraderas y efímeras, se sumaba, una secuela del 2020, el gusto y olfato interrumpido para muchos en aquel entonces, regresó en la mayoría mutado y aumentado al punto de causar: rechazo, náuseas, alergia y hasta urticaria con el mínimo contacto, un breve abrazo, respirar el aroma bajo del perfume y el roce de los labios. Resequedad por abuso de antibacterial y alcohol en las manos, volvieron las caricias, algo poco placentero, se hizo habitual lo áspero.



Compartir fluidos nunca había sido para tantos una ruleta rusa, algo que rayaba en lo desagradable, incluso a prueba de pastillas y látex. No existía protección contra la no química.  


Él por su parte después de ensayo y error, de intento y fracaso, de levantarse de una cama ajena, hastiado de estornudar por una nueva alergia o vomitar por el sudor combinado, que ahora para muchos asqueaba y enfermaba, la volvía a ver a ella sentada en el vagón del tren, a dos metros de distancia, aterrado de acercarse a saludarla. Otra semana sin atreverse a decirle a ella"hola" gastando en Amazon lo poco ahorrado en un visor de realidad virtual, una nueva alternativa para tener sexo sin peligro a enfermarse.



 Los bares y moteles virtuales cada vez se abarrotaban más y era cada vez más complicado reservar. Cada quien en medio de unos tragos, comida o encuentro sexual VR, podía buscar otra nueva persona u opción, pausar para retomar después o de plano apagar el artefacto y escapar sin tener que pedir disculpas o dar lógica explicación, más allá de un "no me provocó".

Mientras ella al mismo tiempo había llegado hasta su límite, su ya no más, el hastío a artefactos que le ahorraran un supuesto mal rato, a que lo que había previsto un programador la atosigara con infinidad de notificaciones para alertarla de una nueva opción de futuro mejor. De no aprender por si misma, sobre lo que leía en ficción, la aventura y el riesgo en lo espontáneo, el acierto que se acerca tras cada error humano, se sentía como una tonta, por su miedo al automático, primitivo e instintivo no, por un beso no correspondido, gustos que difieren, opiniones que abren las puertas a la polémica de la que no se vuelve. Lo dejo todo atrás y dio un paso al frente, de pie junto a él en el recurrente vagón del tren, lanzó los dados, y se atrevió a saludarlo.

Apostando a lograr como los erizos en un día de frío, la tan buscada y complicada distancia perfecta, pues cuando ellos buscan el calor con la proximidad corporal, se causan entre si más dolor, pero si se alejan sienten el frío que quema de vuelta, viven la eterna paradoja, la dolorosa contradicción, que los obliga a ir cambiando la distancia hasta que encuentran la perfecta separación, el espacio que los salva del frío y el calor. 





Capitulo 5

 -Hola mí nombre es Isabel, puedes llamarme Isa, cuál es el tuyo?. Pregunto ella frente a él en el vagón del tren, violando el protocolo de dos metros de separación entre extraños.


-No te conozco pero recuerdo la línea de tu cuello hasta el último detalle. Contestó Max a pesar de su miedo, no termino balbuceando sino más bien se sentía elocuente más allá de sus manos sudorosas y su voz que delataba que se encontraba temblando.

Pasaron las horas y su primera cita, les mostró a ambos algo nuevo. Lo espontáneo. Sentían los nervios antes de un beso, lo eléctrico entre mayor proximidad entre sus cuerpos. El descubrimiento al dejar atrás la rigidez, el desapego, expectativas y paradigmas, rompiendo los barrotes de las limitaciones auto impuestas. Aprendiendo y disfrutando al unísono, dejando todo fluir, a realmente observar y escuchar al otro, sin interrumpirlo para escribir un tweet, comentar o subir una foto a instagram o buscar en medio de una discusión, corroborar algo en Google.

Sin creer al otro como prescindible, descartable y fácilmente sustituible. Max se maravillaba por los gustos y pasiones de Isa, y ella se sorprendía por los gestos de él, sus acciones, sus ademanes, e incluso por el olor de su aliento y el sabor en su lengua. Se sentían desnudos antes de estarlo literalmente, libres de la nostalgia por el pasado, la seguridad y placer en lo buenos recuerdos, y desembarazados de la ansiedad al futuro, al mañana, dueños del " un día a la vez", el regalo del siempre es hoy, y es que al final el hoy es el futuro que no habías imaginado.

Aprendieron a ser egoístas, a no compartir sus momentos, sus risas y sus tristezas por redes sociales. No sé trataba de ser un secreto o vergüenza, era la picardía en lo privado, el privilegio de lo solo conocido por ambos.


No depender de inmortalizar instantes en imágenes y luego ahogarlas entre likes, comentarios o alguna polémica innecesaria en mundo que se ofende y transgrede segundo a segundo. Era cuestión de sentir, de observar, de escuchar, saborear y respirar, cada caricia, cada beso, cada encuentro. Piernas que se mezclan, abrazos que liberan, tanto entre suspiros y orgasmos.


Horas que se convirtieron en meses hasta ser un año. Conversaciones cruciales y triviales, siempre filosofando. Llegando a la misma conclusión, que la vida se abra camino sin pensarlo demasiado. La victoria de los náufragos es no perder la cordura en espera de un nuevo barco.




Diciembre 2031


-Gracias por atreverte a acercarte, a conocerme, sin antes stalkearme en redes, todos vivimos temerosos de conocer gente realmente desde cero, un saludo es casi un salto al vacío. Le confesó Max mientras ella lo contemplaba con ternura.


- Crei en mí instinto, como trapecista sin red, al final pudo más que un algoritmo. Lo nuestro es tan fuerte, tan voraz, tan real, que arrasó con todo lo que es simulación, esa emoción artificial se acabó. Aseveró Isa antes de un abrazo interminable.


"Cuando no te escribo...


 ...igual te tecleo en mi mente". 


Pensaron sin decirlo.


Unir los puntos crea una figura, pero que tal si se hace un cambio de ruta, un robo al destino?. Si se trata de un engaño lo prediseñado, porque no burlarlo de vuelta?.


La vida es un incendio...


cuando pasa no te da tiempo.


Es cuestión de disfrutarla mientras sucede a pesar de sus reveses. Es lo malo y lo bueno.


Entenderla es tarea de los muertos.


Enero 2040


Mayre veía a sus padres mientras leía un poema que Max escribió y que ella decidió dedicarle a sus abuelos. Isa pensaba en su padre siempre protector desde el cielo, en su madre aún con vida, y él en los suyos por ahora lejos. René Rodríguez Roque



La primera década después de la última pandemia Podcast










jueves, 24 de septiembre de 2020

Postales de Venezuela

 





A los caídos, más que unas palabras.

(11 A)

Voces que se callan

para que otras no lo hagan,

aunque sobren las palabras

no es en vano usarlas,

por las vidas soslayadas

tras conciencias ensangrentadas,

pero hace falta más que lagrimas

al defender la patria,

rabia que nada en medio de las balas,

no busca la orilla ni siquiera esquivarlas,

sin un paso atrás

frente a quien se ensaña,

y es que mansalva es mas

que una palabra,

es el arma más malvada.

La sangre derramada ¿cómo olvidarla?,

pero no con el rencor

de quien busca la venganza,

si el pueblo que murió

al luchar contra una espada,

marchaba con una voz

que no buscaba represalia,

era el clamor de no tener que reclamarla.

Los inocentes cuyas vidas arrancadas

no hay quien pueda regresarlas,

nos miran desde arriba

cumpliendo su palabra,

la que debe ser cumplida,

no retroceder si atrás no está la patria. R.R.R. 2002


 "Vuela alto donde el odio no te alcance". Palabras de una madre.

Tanto odio palpable, en un Gobierno sediento de sangre.

Opresor por el terror a rendir cuentas, 

un criminal con el poder que por ahora a otros encarcela.

Cuantos minutos de luto, convertidos en horas de silencio,

por cada muerto, torturado, perseguido, hambriento y preso.

Padres que entierran a sus hijos;

enfermos cuya cura le quitan de sus manos;

despedidas de aeropuerto; el crimen en pensar distinto;

son el día a día en este rojo calendario.


Un tirano vendedor de la idea de que el futuro está marchito,

dueño de las armas, quiere que sus mentiras se crean,

y que hagamos borrón y cuenta nueva con sus delitos.

Disfrazando afuera de Venezuela sin éxito 

lo que tampoco engaña adentro, falsedades al descubierto,

lo que hay en cada censura en los medios,

nuestras calles son su cárcel, y más pronto que tarde,

él tendrá que encerrarse y después habrá que botar la llave,

porqué más que un corrupto, opresor, dictador e ignorante, 

Maduro no es un Presidente, sino un asesino de estudiantes. R.R.R.


Billetes de juguete en el suelo, 

ceros de más, ceros de menos, 

el mismo desconcierto.

Recuerdan los padres de los niños perdidos, 

hijos de la crisis, cuya inocencia 

esta pérdida en un abismo.

Familias sin paciencia 

frente al tiempo de los políticos.

Navidades entre velas, con sudor y hastío.

Sentimientos y pensamientos 

que adoptaron el racionamiento,

se ahogan en su desasosiego,

cuando la vida se resume en un morral,

y tanto que decir y callar en despedidas breves

de terminal y aeropuerto.

Aprender a soñar y a tener fé, cuando se deja atrás a los abuelos y enfermos. 

Ganas de gritar y de volverlos a ver, 

antes de que los tentáculos 

del comunismo arrase con todos ellos.

Caminantes, 

viajeros con miedo al si o al no de un sello,

pasaportes convertidos en libros de oraciones,

desplazados sin guerra ni aliados, pero si traidores,

historias que se repiten, 

con fragmentos que claman por la amnesia.

La hora de los náufragos, el segundo de los perdones 

Un día largo como un año, el coro de los adioses.

Bandera con estrellas desperdigadas 

en otras tierras,

Balas contra la dignidad, hambre en una gráfica,

no existe elocuencia al describir tanta tragedia. 

Minutos de silencios convertidos en horas que se hacen días que redundan en años acumulados. Venezuela duele... como tiempo desperdiciado entre desplazados. R.R.R.


Han jugado con nuestras mentes, 

unos dudamos de todos y de todo,

y otros ya no sienten 

más que hambre en el estómago.


Bolsa vacía vuela en el aire,

antes basura y ahora el tesoro de alguien. 

Ejecutados con tanques sobre niños,

o misiles contra casa de rebeldes rendidos,

es la tiranía de mercaderes de la tragedia,

aquellos que con la comida o medicinas juegan.

Tantos años secuestrados, 

mucho hemos olvidado, crímenes acumulados,

y todo lo normal que dábamos por sentado,

cada vez cuesta más recordarlo. 


Lo insólito se hace rutinario, 

un día hecho semana, 

un mes que pesa en el calendario.

La cicatriz crece y cualquier sonido raro 

creemos que es un disparo, 

si tenemos luz o agua, nos alegramos. 

Y cuando despedimos a un familiar o amigo,

se nos arrebata una pieza del pasado 

y un futuro compartido.

Somos una casa hecha pedazos, 

cada uno, un fragmento de pared que debe recogerse 

antes de deshacerse en otras manos.

 Rene R.R  


Vértigo antes de caer vivo al abismo de la tumba,

escuchas el rumor de libres en la superficie,

personas en su rutina y pesadilla, ignoran tu tortura.

Todavía respiras, 

pero en ausencia de un reloj, estas muerto

cuando el Estado es tu dueño.

Rapado y desnudo protagonista de la burla del carcelero,

entre paredes blancas, tufo extranjero y su silencio,

Imaginas hasta olvidar el sonido de un segundero,

aplastado como una cucaracha, sin terminar crujiendo,

golpes que no dejan marcas ni rompen los huesos.

Sed de una hoja de papel, de plasmar lucidez 

en medio de tanto tormento.

Olvidas tu cara, hace tiempo que no ves tu reflejo,

el valor del amanecer, de oler, probar o palpar 

algo ajeno al encierro,

cada sentido lento o rápido, iba desapareciendo 

casi olvidando al elefante inmenso que sin saberlo,

puede romper cadenas en un solo movimiento,

los Dioses pueden sangrar, deben sentir miedo.

El tirano y su baile, 

del éxito y fracaso de poder domesticarte.

Deshumanizando hasta al último rastro de tu nombre,

jugueteando con el anonimato, la amnesia,

la paranoia al reclamo, a la defensa de un extraño,

a las ganas, a la lucha, 

a tu alma más allá de unos barrotes.

Frío hierro, luz blanca y cegadora...

clamas por el dolor, sentir la herida, 

ver la sangre y su color, la certeza de seguir con vida,



El fantasma que sin sabanas, 

duda si es de carne o es de nada.

Lejos del sarcófago impoluto piensas en los otros,

los que dejas atrás, nadie sabe que están allí,

terror absoluto, por los inocentes sin rostro,

las cucarachas pisadas antes de que puedan crujir. René R.R.  

"Patria socialismo o muerte"

Fue el lema, el "grito de guerra" del difunto dictador Chávez.

La primera palabra y realidad no solo no la cumplió sino que nos las arrebato. Hoy no no tenemos patria, el país de nuestra infancia, de la vida que íbamos a vivir, de nuestros recuerdos, familia y amigos, ya no existe. Se redujo a una mala noticia, a una tragedia diaria que olvidar, superar y dejar atrás. Una cicatriz abierta, un tatuaje que quema y sangra.

El no lugar, fue la promesa de Chávez, disfrazado en aquel nefasto lema, grito de batalla en una Venezuela en paz. Hoy somos secuestrados muchos, secuestrados otros, inmigrantes otros, huérfanos, viudos, cada uno en su luto. 

Aislados, exiliados, desplazados, solos.

Y ahora náufragos moribundos.

El chavismo mata.

El comunismo es muerte. R.R.R.

Un país en retazos. Extranjeros haciendo propio lo ajeno. Girones en nuestros lazos.Palabras con otro significado. Entre no pertenecer y la nostalgia por el ahora no lugar. El no tiempo. Momentos que no volveran. Destino sin lineas en un mapa, calles cuyos nombres desconoces, platos con sabores nuevos. 

Cuando viajar no son vacaciones, una maleta que resume tu casa, tu historia, lo salvado, lo perdido, lo encontrado y el descubrimiento. Un sonido o una voz familiar en una nueva tierra, de donde germinaran otros recuerdos, un hogar, el amor y el barco para un naufrago con fé al regreso.R.R.R.





Los hijos perdidos

Cuento sobre los niños que crecieron durante el totalitarismo chavista en Venezuela. 2018