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domingo, 18 de junio de 2023

Luz, Camara y recuerdos. Parte 10 (Final) The Flash y DC en el Cine

The Flash (2023)  



Rumbo a 5 años fuera de mi país con todo lo dejado atrás, por falta de lugar en dos maletas, puedo decir que lo que más extraño en lo material, es mi colección de películas y discos en físico. 




Ahora resulta extraño hablarle a alguien sobre querer invertir en una videoteca, pero nada como tener en tus manos una película, cuidar su empaque y disfrutarla al máximo de su calidad de sonido y resolución sin depender de un buen Internet o de su popularidad para su permanencia en un catálogo de streaming, y es que la música y películas en apps son como los masters para los músicos(arte que nunca será tuyo) A diferencia de una casa hipotecada que al terminar de pagar pasa de ser del banco a ser tu propiedad; con el formato físico pasa lo mismo, lo pagas, es tuyo, estará contigo mientras lo cuides (como todo en la vida), en cambio lo virtual, es efímero, a un click de distancia es fácil darlo por sentado y no valorarlo o sencillamente con menos trabajo para verlo más fácil descartar e ir al siguiente “contenido”. Además es el tema de depender de una suscripción, de la existencia de una aplicación y de la vigencia y vistas de la obra en cuestión, es algo rentado, prestado, solo que no tienes que rebobinarlo antes de entregarlo, pero puede desaparecer para siempre en el momento menos pensado fuera de tu control. 







        Teniendo todo eso en cuenta, la saga de Batman, volverá a estar en mi repisa, siempre encuentro en ella algo nuevo, y también, es como dejar de depender de tener tus momentos encerrado en una red social o en la memoria de tu teléfono, sino libres en el mundo físico, fotografías palpables luego de ser impresas y felices decorando un porta retrato, para así poder tener esos instantes importantes a tu vista y alcance, como un disco que te provoca al tenerlo en tus manos escucharlo completo, más allá de los sencillos o tus canciones favoritas. El mismo principio del libro tradicional vs el digital; el primero es más tuyo, lo quieres cuidar y está ese roce de tus dedos con las paginas, es poder leerlo libre de dispositivos sentado en la grama de una plaza, es libertad y simpleza. Como diría Charly García sobre el vinilo, “la música es fricción, la aguja acariciando el acetato”. Lo inherente en lo que puedes percibir con el tacto.

        Algo adicional de tener una película en físico, aparte del arte de su empaque o caratula, son sus extras: amo un buen documental tras cámaras, las joyas como Indiana Jones, Jurassic Park y Back to the Future, tienen historias detrás de bambalinas que son igual de interesantes que las propias películas en sí mismas. Por ejemplo la aventura de Marty Mcfly contaba con Eric Stoltz en vez de Michael J Fox como protagonista en principio hasta el inevitable y milagroso recast. 



    Para mi los dramas detras de camaras, los afortunados accidentes y analizar películas y su impacto o permanencia en el tiempo, son aspectos que uso como anteojos para mi visión de la vida misma, pues así como hay artistas y cineastas que a pesar de su talento sus obras no son apreciadas (es contigo Gattaca) muchos llegan a la cima para luego caer al olvido, y muchos tienen la oportunidad de un regreso y reinvención. Lo mismo con lo inútil de la obsesión por la perfección, la existencia es manejarse con las herramientas que se cuentan de la mejor manera, es como Spielberg apoyado en la partitura de John Williams gracias a su fallido falso tiburón; de las carencias brota la creatividad.


    Otra analogía es la de esos recuerdos que optamos por olvidar, esos momentos que sin ser secretos preferimos no mencionarlos porque no aportan nada, incluso pueden llegar a restar, lo mismo pasa,  con las escenas cortadas, la mayoría de las veces se entiende su exclusión, pero en otras son evidencias del crimen, de haberle negado a un film la posibilidad de ser mucho mejor. En ocasiones también pasa cuando alguien de nuestro pasado nos ayuda a recordar una escena vivida que nos hace revaluar una experiencia que creíamos aburrida o dolorosa. 

        Recuerdo hace diez años cuando junto a mi amigo Felipe(fan acérrimo de Superman como yo de Batman) luego de un despecho electoral y nacional y una tarde de escuchar discos de acetato de Soda Stereo y Sentimiento Muerto, decidimos drenar nuestra frustración política como venezolanos, haciendo lo que compartimos como terapia, crear y hablar de lo que amamos. Así que ideamos dos podcast (Todocinefansradio & Vinilo en español) y como bonus track, decidimos hacer algo más, para calmar la ansiedad por querer ver ya Man of Steel, la nueva versión de Superman, que tendría ese toque oscuro y “real” que le había dado Christopher Nolan a Batman en The Dark Knight(digamos lo más factible que se puede plantear a un hombre vestido de murciélago y otro alienígena buena onda que vuela y dispara rayos de calor con sus ojos) Así que allí estábamos una caja de cerveza después, sentados reeditando en mi computadora Superman Returns del 2006.




En nuestra versión de Superman Returns con sus respetos a Bryan Singer, el director de dos de mis películas favoritas de X Men: X2 & Days of Future Past; salvamos de sus buenas intenciones (sabemos que de ellas también salen cosas atroces) una producción enferma de nostalgia por la mística de Christopher Reeve, y es que, ahora más que nunca que todas las producciones están infectas y sustentadas en nostalgia, es claro, que la nostalgia sola no solo no puede justificar una película sino que tiene que ser el armazón o la cereza de algo más, la extensión de la remembranza, como por ejemplo una observación novedosa del personaje como la que hizo Quentin Tarantino en Kill Bill.


“Batman es en realidad Bruce Wayne, Spider Man es en realidad Peter Parker. Cuando ese personaje se despierta por la mañana, es Peter Parker. Tiene que ponerse un traje para convertirse en Spiderman, y es en esa característica en la que Superman se queda solo. Superman no se convirtió en Superman.Superman nació Superman. Cuando Superman se despierta por la mañana, es Superman. Su alter ego es Clark Kent. Su traje con la gran S roja es la manta en la que estaba envuelto de bebé cuando los Kent lo encontraron. Esa es su ropa. Lo que lleva Kent; las gafas, el traje de negocios... ese es el disfraz. Ese es el disfraz que Superman lleva para mezclarse con nosotros. Clark Kent es como Superman nos ve, ¿y cuáles son las características de Clark Kent? Es débil, inseguro de sí mismo, cobarde. Clark Kent es la crítica de Superman a toda la raza humana”.



Así que con lo que existía y como pudimos cortamos grasa y redundancia e incluimos una de esas evidencias de crimen, la escena eliminada del Superman de Brandon Routh visitando los restos de su planeta Krypton; redujimos también el metraje de dos horas y media a 120 minutos, cambiamos el orden de escenas, creamos elipsis donde nos las había y eliminamos la subtrama del hijo que desconocía tener con una desmemoriada Lois Lane, amalgamando mejor esta historia con las versiones de Richard Donner de Superman 1 & 2 (que en  realidad es una gran película partida en dos).  


        Snyder se atrevió años antes, con éxito en mi opinión, a adaptar en el 2009 a la mejor novela gráfica de la historia, Watchmen, un comic que es una obra literaria, a la altura de lo que se te ocurra: Quijote, Rayuela o 100 Años de Soledad. Para luego con Man of Steel jugar con un estilo visual que era una suerte de mezcla entre los directores Terrence Malick y Christopher Nolan junto a su estética propia. Slow Motion, colores desaturados, alegorías religiosas (su trilogía de Superman es básicamente: Pasión, muerte y resurrección) y una banda sonora de la mano de Hans Zimmer, que logró lo imposible, igualar, sino superar, al leitmotiv de John Williams. No puedo no resaltar, que a pesar de que es una genialidad el General Zod de Terence Stamp, la versión de ese personaje que hizo el actor Michael Shannon le imprimió lógica y humanidad (es extraterrestre, pero bueno ustedes me entienden) dentro de su accionar despiadado y brutal. Un ser cuyo propósito es la protección de su pueblo, que se encuentra sin planeta, con su civilización extinta y con la posibilidad de traerlos de vuelta. Cómo no entender su motivación si la vida sin propósito es respirar en la nada misma.



El director siguió su visión del universo expandido de DC con la continuación de Man of Steel, Batman v Superman, cuya versión extendida, un Director Cut titulado Batman v Superman Ultimate Edition, corroboran lo que les hablaba antes sobre las evidencias de crimen, las escenas cortadas que nunca debieron ser eliminadas, y es que esa película con 30 minutos adicionales, es años luz mejor que el Frankenstein mal montado que fue la versión que decidieron estrenar en el cine en el 2016. Para finalmente cerrar su trilogía con uno de los casos con mayor drama tras cámaras en la historia de Hollywood.











Sin ser supersticioso (bueno solo un poco) no se puede tapar el sol con un dedo, Superman y sus películas y varios de los actores que lo han interpretado han estado vinculados a complicaciones, polémicas, misterio y tragedias. Por citar algunos: la misteriosa muerte de George Reeves, el Superman de la serie de los 50 que curiosamente fue interpretado por un Batman, Ben Affleck, en la película sobre su asesinato sin resolver; tenemos también el devastador accidente de Christopher Reeve que lo ato a una silla de ruedas con respiración asistida; la injusticia que fue que le quitaran Superman II a su director Richard Donner para dársela a otro quien con solo eliminar algunas escenas e incluir otras se robo el crédito, cuando el primero había logrado la titánica tarea de hacer que la audiencia de los 70 creyera que un hombre pudiera volar, además de rodar en su mayoría de forma continua la primera y segunda parte de la historia, estrenadas en 1978 y 1980 respectivamente.


No fue hasta el 2006 que se reparó ese error y se le permitió a Donner hacer el montaje que originalmente estaba planteado, incluyendo la inclusión de Marlon Brando. Cabe también mencionar, el intento fallido de filmación de una película sobre el último hijo de Krypton bajo la dirección de Tim Burton y con Nicolas Cage como Clark Kent/Kal El, la misma fue cancelada a días de empezar su producción, y de ella, solo queda un documental de como no se hizo, algunos videos de preproducción con pruebas de vestuario, conceptos de arte, y un par de fotografías de Nicolas Cage con su super traje. No puedo no mencionar que Cage nos dejo un bizarro seudo Batman a los Adam West bien psicopata en Kick Ass.






Todo este recorrido histórico desastroso nos trae al descalabro que fue el cierre de la trilogía del Hombre de Acero, el Superman de Zack Snyder, la película Justice League, un film que tuvo interferencia del Estudio desde el dia uno, por las malas reacciones a la entrega anterior de la saga y por esas ganas estupidas de querer igualarse al Marvel de los Avengers y no ir más por la ruta de ofrecer otra cosa, de diferenciarse, de ser originales. Lo de la Warner con Zack Snyder fue como contratar a M. NIght Shyamalan y no esperar un plot twist al final o a Wes Anderson y pretender que no sea peculiar y colorido. Como si no fuese suficiente esa tensa situación se mezcló con la triste noticia del suicidio de la hija del director; una muerte temprana, sin sentido y desgarradora para sus padres (Director y Productora del film) los cuales se vieron obligados a dejar en otras manos la post producción, estreno y crédito de su obra.



No sería hasta Marzo del 2021, casi 3 años y medio después, en medio de la pandemia y gracias a una campaña de hashtags y redes sociales, en el contexto del auge de las plataformas de streaming como Netflix, que el Estudio accedió a hacer lo justo para Zack Snyder y lo conveniente para ellos en ese momento en que el mundo permanencia encerrado en casa y necesitaba saciar su gula de contenido(por mucho que lo ame y sea un arte, el cine también es un negocio, es Show Business no Show Friends) lo importante al final fue que Snyder pudo editar su película sin preocuparse por la duración del metraje, y así con 4 horas culminó su visión de los Dioses de la mitología moderna, en vez de Zeus, Hades, Atena o Poseidon, era el tiempo de Superman, Batman, Wonder Woman, Aquaman, Cyborg y Flash (Green Lantern tuvo que esperar su momento en Superman de James Gunn en el 2025, una película que muestra que asi como el Superman de Richard Donner inspiró la estética saturada y casi campy del Spider-Man de Sam Raimi, ahora el director de Guardianes de la Galaxia toma elementos visuales y narrativos de Raimi, cerrando el círculo )




    Como buen fan de DC y de la Justicia para los realizadores, hice coincidir la publicación de mi segundo libro, el poemario 100 Fragmentos de un ojo gris con el estreno de Zack Snyder’s Justice League. Y así llegamos a este 2023, lleno de lo que tanto se ha permeado en las carteleras de cine desde el estreno del Episodio VII de Star Wars, The Force Awakens, la nostalgia. Volver a ver a Harrison Ford como Han Solo 30 años después en el 2015 y ahora como un deja vu a 1989, año en el que tuvimos algunos la fortuna de ver en una sala de cine a Indiana Jones y la Última Cruzada y a Batman, ahora tendremos este Junio, otra vez a Harrison Ford como el legendario arqueólogo con látigo y sombrero y a Michael Keaton como el caballero oscuro estilo Tim Burton.




Una máquina del tiempo, en dos entradas para el cine, un Delorean en el que viajamos junto a nuestros actores y héroes, a un tiempo en el que nuestra única preocupación era asistir al estreno de una película. Me siento afortunado de haber sido un niño de los 80, haber crecido en mi década favorita, los 90, y vivir ahora como adulto, en estos tiempos en los que el presente está lleno de tanto futuro. Disfruto cada adelanto tecnológico que parecía fantasía o ciencia ficción hace 20 años y a la vez extraño la simpleza del mundo análogo, la inocencia como la de aquella serie noventosa que me presentó al superhéroe escarlata, al mejor speedster, Flash.





        Por mucho tiempo creí que el primer episodio de esa serie era una película, pues en los videoclubs de Maracaibo, alquilaban como tal lo que en realidad era un piloto largo de una serie que solo duró un temporada, pero que perduró en mi memoria; no se si fue el carisma del protagonista, la música casi reciclada de Batman que compuso para Flash Danny Elfman o sencillamente que en esa época cualquier adaptación de cómics era un milagro, la década de TMNT, Batman Returns y The Crow. No seria hasta el 2014 en el que finalmente tuvimos los fans, de quien que para mi es el mejor heroe de DC después de Batman y Superman, lo más cercano a una versión decente con la serie de CW, The Flash, gracias a Grant Gustin, un actor que supo capturar las características que lo separan del resto de los miembros de La Liga de la Justicia, su humor, humanidad en sus errores y mucha calidez y compasión. Es difícil no identificarse con un metahumano que más que correr rápido puede viajar en el tiempo, cambiar el pasado y evitar acontecimientos dolorosos, como lo fue, el asesinato de su madre, que no solo significaba crecer sin ella, sino que ademas, al ser injustamente su padre inculpado por el crimen, era perderlos a los dos al mismo tiempo.

Una vez me preguntaron hipotética y figurativamente que si mi vida fuese una carta, y pudiera meterla de vuelta en el mazo y sacar otro naipe al azar del resultado, que haría?... Mi respuesta fue que no, no solo porque no tengo control en si esa realidad alternativa seria mejor o peor que la mia actual, sino que somos la suma de nuestros aciertos y errores, de lo ganado y perdido, de las experiencias, así que, no le veía caso, a diferencia de Barry Allen, ya que para Flash no había mucho que pensar a pesar de los riesgos, si se podía viajar por el tiempo y evitar el asesinato de su madre. El efecto dominó no se puede evitar por mucho que sea una acción hecha con una buena intención.




A propósito de realidades alternativas, de haber adaptado el cómic Flashpoint más fielmente y teniendo en cuenta que Jeffrey Dean Morgan (Negan en Walking Dead y Comedian en Watchmen) interpretó en el Snyderverse a Thomas Wayne, lo habríamos tenido en el presente alterado por Flash al salvar a su madre, como el Batman en la realidad en la que en vez de morir los padres de Bruce Wayne fue el niño quien lo hizo frente a sus padres a manos de un ladrón, lo que desencadenó en que su padre se convirtiera en un Batman vengativo y armado incluso con pistolas, que se tiene que enfrentar con Martha Wayne, su esposa convertida en el Joker.




Ha existido desde el libro y película La Maquina del Tiempo, una fijación en cambiar el pasado, evitar nuestros arrepentimientos, creando encrucijadas, intercepciones inevitables, multiversos y paradojas. Desde Back to The Future, Terminator, Twelve Monkeys, Looper, Avengers End Game y la recién estrenada (después de años de espera) The FLash; una película que adapta la historia de comics Flashpoint, una historia compleja en la que al salvar a su madre Barry desencadena una realidad alternativa donde el mundo estaba a merced de una guerra entre seres con superpoderes. Pero como diría Nora Allen, la madre de Barry (la insuperable Maribel Verdú cantando Pedro Navaja, dueña de unos ojos de madre llenos de ternura)"hay problemas que no tienen solución", es aceptar nuestras cicatrices y aprender de ellas sin que nos definan, pues el dolor y lo imposible, los villanos de nuestra historia, son nuestras llaves para evolucionar.






Lo que sentí fue maravilloso, mas allá de sus defectos (como los que tiene cualquier creación humana, ya que, que es perfecto en la vida?) al presenciar una suerte de digna despedida del Batman de Ben Affleck y Michael Keaton, dos actores que no tuvieron la oportunidad de cerrar sus historias en una trilogía, fue indescriptible, un epílogo al universo de DC iniciado hace una década atrás. Ni hablar en profundidad de lo que evoco a nivel personal escuchar la banda sonora del Batman de Tim Burton, el film que inició este recorrido por las películas que me han dejado una marca a lo largo de mi vida, en el caso del film de 1989 de Michael Keaton fue ese lazo con mi padre, y ahora con The Flash con esa escena final entre Barry Allen (Ezra Miller) y su madre (Maribel Verdú), se cierra el circulo, esas lineas de dialogo, por siempre me conectaran con mi madre.

Nora: Te Amo
Barry: Yo te amo mas
Nora: Yo te ame primero 

Es irrebatible ese argumento, esa afirmación: yo te ame primero. Una madre es capaz de amarnos antes de existir, de regalarnos ese don de combinar en una caricia, una palabra, un beso o incluso en silencios y miradas: amor, protección y compasión. Gracias a mi padre amo el cine, la lectura y anhelo seguir su ejemplo, pero le agradezco a mi madre, cada sentimiento que tengo, el deseo de siempre aprender a perdonar, y perdonarme, de intentar ser más gentil, de escribir y con mis palabras ayudar antes que herir. Gracias por amarme primero. 






 



jueves, 30 de marzo de 2023

Luz, cámara y recuerdos: Memorias de un cinéfilo

 


Escoger qué películas ver según quién te acompañe es todo un arte, nunca es lo mismo que con esas que disfrutas ver mil veces sin que nadie te juzgue, esas que logras redescubrir, las que son las mismas, pero el que cambia eres tú ( Garden State o Wonder Boys ) las circunstancias y perspectivas, se suman nuevos detalles, diálogos que ahora resuenan diferentes por otras experiencias vividas. 





Muy diferente situación las sesiones de cine con tus padres luego de que ya eres mayor que ellos cuando te tuvieron, esos momentos de reencuentro y compartir, es clave, buscar una película con estructura clásica, fácil de entender, que en los primeros 10 minutos se sabe de qué va, obvio con al menos un actor nominado al Oscar (si es ganador aún mejor) y si tiene un mensaje, moraleja o mucho drama saca lágrimas, listo, ¡bingo! cero polémica.


Están esas de ver con los amigos cinéfilos anti Hollywood, Coreanas o alemanas, bien crudas, dobladas, nunca; idioma original con subtítulos diminutos. Si es versión del director con algo de Gore seguro será una buena velada de pizzas y cervezas con final abierto y búsqueda en wikipedia o algún podcast para terminar de entender el argumento. 





Por último las que se ven en pareja, dependiendo de la personalidad de tu acompañante, pueden ser maratones de sagas si son fans de las mismas ficciones o un punto intermedio, un una y una: una comedia romántica o esas basadas en hechos reales alternada con la Naranja Mecánica y Back to the Future, todo es posible salvo un gusto que cancele al otro, un género tabú casi prohibido para ver juntos.   


Cada película es como la canción que forma parte de tu soundtrack personal, es tu zona de paz, una mezcla entre nostalgia y novedad, una pastilla anti estrés, depresión o rabia, que algunos necesitamos a diario tomar; y aquí voy a iniciar un viaje al pasado hasta llegar al hoy, con esos recuerdos, esas personas que me acompañaron en ocasiones como cómplices de los silencios o aplausos al aparecer los créditos luego de un fundido a negro, mi top 10 con opción a un bonus track, 10 películas (tal vez 11), 10 momentos en mi vida.



Batman de Tim Burton (1989)


Tratar de recordar, intentar revivir un momento que tal cual tatuaje o cicatriz, dejó una marca, una musa, la imagen en cámara lenta y rápida, personalmente editada, es sumamente fácil; solo es complicado cuando se trata de algo ordinario, pero nunca con la extensión de un evento convertido en memento, en una creación un tanto real y ficción.

Cierro los ojos y le hago trampa al primer recuerdo relacionado con el cine que trae mi memoria, por lo vago en su definición, solo retazos de imágenes cuando tenía 4 años en 1986: mis padres a la salida del Teatro Landia en Maracaibo después de ver King Kong Lives. Casi como una fotografía gastada, sin color y desenfocada, a diferencia de la exactitud de aquel junio de 1989 cuando junto a mi Papá, hacía fila para entrar a ver a Batman.



Casi puedo oler las cotufas, pochoclos o pipocas en la larga y ancha fila para comprar las entradas, y poder ingresar al Cine Altamira, una emblemática y pionera Sala de Cine de mi ciudad natal que estaba construida en la planta baja de un edificio clausurado por una estructura mal ejecutada, el esqueleto de algo que nunca cumplió su propósito, y que causó década y media después el cierre de la sala, algo igual inminente conforme se propagaban las salas múltiples de Centro Comerciales.


Era el tiempo de vendedores en plena calle que ofrecían merchandising pirata de películas. Tengo grabada la imagen de cada camiseta, chapa y vaso estampados con el mejor logo en la historia de adaptaciones del personaje de DC, el símbolo del murciélago con fondo amarillo. Aumentaba la expectativa ya sentados en nuestras butacas en espera de que se apagaran las luces y el proyector se encendiera. Tantas cosas que conectan al Caballero de la Noche, la creación de Bill Finger y Bob Kane con el hombre que amo, mi padre, empezando por la gran coincidencia que comparten día de cumpleaños (o creación) el 30 de Marzo.



Más allá de lo obvio, lo inherente en la tragedia de Bruce Wayne, el miedo de todo niño: perder un padre o terminar siendo huérfano; se conjugaba al hecho de que tiempo antes del estreno de la película, tuve una operación correctiva en mis dos pies y pase un par de meses con las piernas enyesadas y moviéndome en silla de ruedas, algo que paradójicamente recuerdo con cariño pues mi papá, inteligentemente, me había regalado una montaña de comics de Batman.



Así que allí estábamos los dos frente a la gran pantalla, inmersos en la música teatral, una suerte de fantasma de la ópera de Danny Elfman, el imaginario gótico icónico de Tim Burton, y el hipnótico y perfecto Michael Keaton con su ”I am Batman”, y es que nadie ha logrado aún, lograr una mejor voz para el Gran Detective, salvo el difunto Kevin Conroy en la versión animada. Imposible pasar por alto al maquiavélico y magnético Jack Nicholson, gracias a él, termine siendo un niño que disfrutaba sentarse a ver en Betamax One Flew Over the Cuckoo's Nest y The Shining.


    En simultáneo junto al disfrute de la película y la conexión con mí padre, tuve una epifanía, descubrí, definí y fijé (hasta hoy 34 años después) a la sala de cine como mí templo, me sentí emocionado, con la certeza de pertenecer, de estar en paz, un lugar donde incluso solo siempre estaría acompañado, caminando entre pasillos con afiches enmarcados. No al azar mis salidas favoritas siendo niño no eran a una plaza o parque, un Arcade o franquicia de comida rápida, sino a un vídeo club. Así no resultó raro pedir en navidad un reproductor VHS y otro el año siguiente para poder grabar y crear mí propia y primera videoteca.


"You gonna get nuts? Come On! Let's get Nuts!"




     Decía un enloquecido Bruce Wayne, una línea traducida en subtítulos que no alcanzaba a leer a mis casi 7 años, pues cambiaban muy rápido. Pero no había problema, mí papá en susurros casi al oído para no molestar a los demás me leía: "Te quieres volver loco?. Vamos!. Vamos a volvernos locos!" Eran otros tiempos en que salvo una película animada de Disney, todo venía en idioma original. Cómo extraño aquel momento.



    Salimos del cine y sencillamente fue el inicio de una tradición, ir a cada estreno de una película de o con Batman. Desde aquel primer viaje sin mis padres a Caracas en el que pude ver con mis primos Batman Returns en 1992, para terminar locamente enamorado de Michelle Pfeiffer. Pasando por el sillón reclinable más confortable en el que disfrute en Sala Premium en el 2008, tal cual vaso con Whisky de una sola malta a la obra maestra que es The Dark Knight de Christopher Nolan, y enloquecer con el Joker de Heath Ledger. Vivir toda la montaña rusa y absurda que fue poder ver durante la pandemia la visión de Zack Snyder de la Liga de la Justicia, o tragarme la lengua después de la sorpresa que fue,como hater de Twilight, disfrutar del Batman de Robert Pattinson, con ese estilo tan Sev7n.







   Han pasado los años y que ahora suman décadas, en las que alegorías en pozos y escaleras en las películas del murciélago me vuelan la cabeza, ver al héroe subiendo por un pozo libre de miedos luego de caer y ser víctima de nuevas fobias o al payaso bajando bailando por escaleras que conducen a su infierno después de subirlas taciturno y lúgubre, incapaz de rozar al cielo,  cada uno por su lado antes les tocó hacer lo contrario, caer y ascender, miedos y daños, valor y caos.









    La gran diferencia y dilema entre justicia y venganza. Sencillamente una historia que me regaló y le sigue dando inspiración y escape a mi vida.






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