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lunes, 8 de enero de 2024

Un Mundo en mi Mochila: Un Viaje de Esperanza e Inspiración

Me siento muy afortunado de haber tenido la oportunidad de realizar este libro: “Un mundo en mi mochila”. Una obra cuyo título tiene varias connotaciones, una de ellas es que es el título del cover en español de una canción original de The Police “A man in a suitcase”; otra podría ser que representa visualmente el desapego y minimalismo por necesidad que adopta el inmigrante, y además tiene otros significados que descubrirán al leerlo en formato de Ebook. Dicho Ebook estará disponible a partir de febrero y podrán descargarlo gratis y compartirlo con amigos y familiares en cualquiera de sus tres versiones: español, portugués e inglés. 





UN mundo en mi mochila PDF



Esta obra recopila 15 historias de inmigrantes alrededor del mundo junto a la participación de Kelly Baptista, una psicoanalista, conferencista y mentora de inteligencia emocional de Brasil que aporta su visión sobre la realidad de quien deja su país, y comparte a su vez, su conocimiento y sugerencias en cuanto a las herramientas mentales y emocionales que pueden ser útiles para estas personas a la hora de encarar sus nuevas rutinas. 





En los relatos documentados encontrarán momentos determinantes en la vida de “los que se van y los que se quedan”. Sus desafíos y triunfos. Vivencias que nos dejan aprendizajes, inspiración y fuerza. Un mundo en mi mochila también es una muestra de lo que se puede lograr cuando se suma a la experiencia y creatividad humana, las herramientas de inteligencia artificial en materia de creación de imágenes, diseño, diagramación y traducción. 

    La portada del libro es blanca con naranja con chico un joven con su mochila viendo el atardecer pues representa el sol que cae y nace, debido a que la contraportada es un resplandecer de atardecer, básicamente los ciclos y en la teoría del color tenés naranja que tiene que ver el progreso, que tiene que ver con el con el éxito pues es lo que persigue el inmigrante , la aspiración de un futuro mejor. 





    Una búsqueda que se convierte en una suerte de videojuego, mes a mes vas pasando mundos, superando desafíos y aprendiendo nuevas habilidades. Es un juego que no se termina y en el cual, lo más importante no es jugar, sino seguir jugando y no caerse del tablero así caigas en la casilla equivocada y te toque empezar de nuevo.






Sin temor a equivocarme creo que después de la pandemia del 2020, todos hemos comprobado que nuestras certezas y "realidades" pueden cambiar de un día para el otro, nuestros afectos y rutinas no se deben dar por sentado, y es por eso, que siento importante, compartir no sólo mí experiencia, mis batallas y treguas o hasta sorpresas, sino también la de otras personas que como yo, se redescubren en un foráneo escenario como un personaje extranjero cuyo futuro es el hoy que no habían imaginado.




           En definitiva ha sido toda un experiencia de aprendizaje tanto en lo técnico como en lo humano hacer este libro, significó retomar mis raíces periodísticas y abrirme al trabajo más en colectivo que he hecho hasta el momento,  sin duda para mi, mi primer libro, un novela de fantasía, fue más una exploración a mi mente e imaginación, el segundo, un poemario, un viaje y ventana a mis sentimientos y mi alma, y este, es lo tangible, lo que dejas ir, lo vivido y lo que se mantiene contigo en esa mochila, es lo real, es el cuerpo mismo con sus cicatrices, debilidades, habilidades y fortalezas. Que se resumen en aprender a “escuchar más, juzgar menos, ser más gentil y empático con el otro y menos cruel con uno mismo”. 













martes, 13 de junio de 2023

Luz, cámara y recuerdos. Parte 9. Doctor Sleep

Doctor Sleep (2019)

A medida que sigo en este viaje al pasado guiado por las películas estrenadas en tiempos claves de mi vida, me doy cuenta, que los finales de década vienen acompañados de películas de culto, como ocurrió en 1989 con Batman de Tim Burton y la supuesta última (mi favorita cabe acotar) película de Indiana Jones (The Last Cruzade) las cuales fueron la puerta de entrada al arte que tanto me ha dado,  lo mismo se repitió con el final del siglo 20 con The Matrix y Fight Club (ambos films cada vez más vigentes a nivel filosófico), y es que justo en 1999 pasaba de la secundaria a la universidad, un momento que todavía considero como definitorio y la más disfrutable transición desde que tengo memoria. Paso el 2009 y con el El Secreto de sus ojos e Inglourious Basterds, dos obras maestras que me hacen recordar el año en que por primera vez le daba un uso a mi pasaporte y  en el que aprendí la importancia de desaprender, salir de lo conocido y nutrirse de lo que para otros es cotidiano, y para unos nuevo o raro, simplemente, ser un turista, una pequeña muestra, del próximo escalón, la inmigración. Llegó el 2019, un año donde la nueva etapa en mi vida, la de extranjero, iniciaba, 12 meses llenos de tantas experiencias, cambios, cicatrices y sabiduría. A un año  de la pandemia que cambiaría al mundo, un año de estrenos: End Game, Joker, Once Upon a Time in Hollywood, Ford v Ferrari y la sorpresiva Doctor Sleep.  

    Veía el cielo de Buenos Aires desde la ventanilla de mi asiento de avión, nueve meses antes de estar sentado en una butaca para ver la secuela tanto del libro y joya de Stephen King (The Shining) como del clásico del cine de Stanley Kubrick, detalle importante, pues aunque pareciera redundante, ambas obras son como los hijos de una misma madre y distintos padres, padres que se odian entre cabe agregar (Stephen King detesto el trabajo de Kubrick al adaptar su novela)  así que no es poca decir que Doctor Sleep de Mike Flanagan es el intento exitoso de ser la continuación de ambas raíces. Pero volviendo a ese instante previo desde los cielos, cuando se evidenció cómo era posible  ser dos personas con 180 grados de diferencia en un mismo año en el lapso de un poco más de 270 días. 


        Era el 07 de febrero del 2019 y aterrizaba en Argentina, admito que no sentía tristeza por irme de mi país, ya que habían sido en lo personal dos previos años repletos de momentos densos y en algunos casos traumáticos, tampoco por dejar de ver a mis padres, pues estaba seguro que máximo en un año los vería de vuelta, tenía esa estúpida certeza (todas lo son, pues nada de lo que no esté en nuestras manos en el momento presente, está realmente bajo nuestro control, y todo lo que puede pasar pasará, para bien y para mal) Llegué y a los pocos días ya estaba instalado, mientras conseguía un departamento, en una cómoda residencia, habitada en su mayoría por jóvenes venezolanos en búsqueda de un nuevo futuro en la capital porteña. Recuerdo en especial los domingos en el área común disfrutando junto a varios de mis compañeros de residencia los capítulos de la última temporada de Games of Thrones.

La vida es un incendio, cuando pasa no te da tiempo.


         Una linea propia que pude corroborar en mi habitación de la residencia, al segundo mes más allá de lo metafórico cuando desperté a mitad de la noche entre gritos y humo negro. Recuerdos de bajar entre dormido y despierto, las escaleras de espiral en penumbras evitando pisar vidrios rotos y rozar las llamas que consumían a un departamento. En plena calle descalzo y en invierno, rodeado por patrullas de policía con sus sirenas junto a camiones de bomberos. El camino surreal a la emergencia en una ambulancia, observando casi desdoblado momentos que mientras pasaban, cuestionaba si eran o no producto de un mal sueño. En un instante la vida se resume en decidir entre detenerse, pensar,  no hacer nada o seguir más allá del miedo.



    En Venezuela había estado expuesto a situaciones difíciles, frustrantes y a la vez absurdas, pero no me preparo más allá de entender la victoria de los náufragos y al incendio que es la vida, a lo significaba el nuevo comienzo (con temor a que se haga eterno o en ecos) de ser un extranjero, no importa lo vivido o la teoría, la práctica es otra cosa. Aquel incendio me recordó lo frágil y fugaz que es la vida, y lo importante que se hacen los amigos y familia cuando más lo necesitas y estás lejos de todos ellos; se trata de aprender a hacer música incluso cuando hacen faltan cuerdas, y es que a todos nos faltan así sea una siquiera, es hacer propio lo ajeno, aprender viejas palabras con nuevos significados,  el lapso entre el por ahora y el mientras tanto. Cuándo viajar no son vacaciones y una maleta resume tu casa, tu historia, lo salvado, lo perdido, lo encontrado y el descubrimiento. 


    Así transcurrieron los meses y algo nuevo para mi, las estaciones. De Maracaibo, una ciudad con un sol incandescente de temperatura siempre al límite, que alterna el año entre humedad seca y otra con lluvia, a la Ciudad de la furia que nunca duerme, donde puedes pasar del fashion del invierno a los colores de la primavera, la comodidad de vestuario del verano, para terminar seducido por la inexplicable inspiración para escribir sentado en el tren o en el subte que me daba el otoño. Alternando trabajos paga cuentas y algunos lamentables con idas al cine que me regalaban oxígeno, como aquella en la que tuve el placer geek de escuchar entre gritos de emoción de fans en una sala de cine abarrotada, el chasquido de Tony Stark y su I am Iron Man antes de derrotar a Thanos. Once años atrás era improbable imaginar a Robert Downey Jr como una estrella taquillera, mas bien era para quien lo recuerde, una apuesta suicida en taquilla, incluso recuerdo comprar mi entrada para la primera Iron Man, rápido “antes de que la sacaran de cartelera”, siempre lo había admirado por su versión de Chaplin y su rol en una de mi lista de favoritas: Wonder Boys, así que era hora Downey, te lo merecías, todos podemos volver cambiados, el poder de las segundas y hasta terceras oportunidades.




    Días de quedar exhausto hasta el punto de caer desmayado en mi cama tras una jornada de trabajo pesado; en mi país a duras penas no rompía la pared al clavar mal un clavo para colgar un cuadro, y en Argentina, en cambio, trabaje en un depósito descargando muebles y equipos para presentaciones de productos de marcas de lujo. En Maracaibo tenía una vajilla de vasos de aluminio o de plástico cansado de la torpeza con cualquier cosa de vidrio, y allí estaba trabajando algunos fines de semana, en un restaurante haciendo suplencias u horas extras, sirviendo cenas rezando no dejar caer ninguna bandeja, o lavando copas y fajinandolas contento si terminaba sin ninguna rota, aprendiendo el arte del enjuagado y secado con trapos mojados con alcohol. 


        Debido a todo eso, puedo decir hoy que si no fuese por la belleza de Buenos Aires, y las películas que se estrenaron en ese  año pre Covid 19, habría seguramente colapsado. Una vez cuando me subí en una plataforma de madera para no mojarme y ensuciarme, cuando me toco por ser nuevo en el trabajo desahogar el baño de los trabajadores, que por una intensa lluvia se había desbordado al punto de ser un río de aguas negras. En esa ocasión literalmente de mierda, cerré los ojos, calme mi respiración, me dije falta poco, falta poco, tu puedes, ya casi, ya casi termina, y me imagine en mi fin de semana, de dos porciones de Pizza de Guerrin… a veces para recordar a mi padre pedía una de anchoas. Visualice la noche en Puerto Madero que no puede ser más preciosa, con sus colores y luces reflejadas en el agua. Recorriendo la Avenida Corrientes y llegar justo cuando comienza una función en el Cine Lorca; de esa mágica sala recuerdo en especial la proyección de Once Upon a Time in Hollywood, una película que admito que cuando la vi la califique con un ⅗, y la coloque entre las últimas en mi top de Quentin Tarantino, pero cada vez que la veo nuevamente, me gusta más, me relaja, verla es como compartir con un amigo con el que da igual si te quedas callado un rato tomando una cerveza. 


        Entre besos en el Cementerio de Recoleta, el glamour nocturno de Palermo, el disfrute bohemio de San Telmo con su tremendo dulce de leche y la infaltable e infatigable foto con Mafalda, recargaba las baterías de mi espíritu, enamorado de un país en el que siempre quise vivir después del mio, al sentirlo tan próximo, gracias a Ricardo Darín y sus 9 Reinas, el Túnel de Ernesto Sábato, y la Fuerza Natural e Euforia que son Gustavo Cerati y Fito Paez. Incluso pude redescubrir mi cultura siendo extranjero en otro país, ya que nuestra comida, en especial los tequeños habían conquistado a nuestros hermanos argentinos, y pude también asistir y participar como apoyo en el Festival de Cine Venezolano, donde no solo tuve el gusto de ver la película Tamara junto a su directora, el protagonista y la persona de la cual estaba basado el argumento, sino que a la vez me enamore del Centro Cultural San Martín,  ese lugar logró superar por una nariz a lo que sentí en la Librería Ateneo o el Teatro Colón, así que a pesar de las malas experiencias, CABA es una mezcla contradictoria, llena de texturas aterciopeladas y ásperas.  

        Luego del Festival de cine, visitar el Centro Cultural se volvió un destino obligado cada fin de semana, allí pude disfrutar de películas que amaba pero que nunca había podido por mi edad ver en su fecha de estreno en la gran pantalla, como fue el caso de Trainspotting. Un ciclo en especial fue todo un lujo, el de uno de los directores que más me impactó cuando alternaba cine de autor con Las Tortugas Ninjas o los Thundercats: el ciclo del cineasta y genio Stanley Kubrick. Gracias a ese lugar pude deleitarme como se debe de 2001: A Space Odyssey, A Clockwork Orange, Doctor Strange Love y la genial The Shining. 





       Su simetría, frialdad inquietante, música clásica e imágenes memorables y espeluznantes, eran como sus personajes, un baile entre lo impoluto y la locura, casi calculada, como la corbata verde de Jack que emulaba el laberinto del Hotel Overlook de The Shining, un laberinto que cambia de forma, haciéndose más intrincado y demencial como un padre persiguiendo a su hijo con un hacha entre la nieve y  el frío asesino. Elevadores que se abren dejando ir un río de sangre que desemboca en la paranoia. Cine perturbador, pero que te invita a pensar y entender ese arte, como lo que es, una creación en colectivo, que estimula a quien lo disfruta, tocando nuestras fibras más íntimas, y luego como un sabor rico en historia, se convierte en ondas expansivas en la memoria.



        Esa sensación familiar la sentí cuando celebraba solo mi cumpleaños por primera vez en mi vida, ese día había caído entre semana así que tendría que esperar al viernes o sábado cuando pudiera reunirme con Sharon, la little sister que deje en Argentina, ella me iba a preparar mi plato favorito después de la pizza, el pasticho venezolano. Tocaba esperar, así que ese 14 de noviembre lo celebre junto a Ewan McGregor y lo que fue para mi la sorpresa del 2019, Doctor Sleep. Pensaba que era imposible que funcionara una secuela del Resplandor, pero como un deja vu, que sin ser repetitivo, fue como una extensión de lo que ya era una zona de confort, ya que para mi el cine en todos sus géneros cuando esta en el tope de su juego, es eso, da igual si es terror, igual me saca una sonrisa


"Danny Torrance : El hombre se toma un trago. La bebida se toma asimisma. Y luego el trago se bebe al hombre. ¿No es así, papá?

El cantinero : Medicina. Medicina es lo que es. Una auténtica cura para todo. La mente es una pizarra, y esto es el borrador"

Esas líneas siempre vienen a mi cuando toco fondo, como cuando lejos de mi familia ese año supe que a mi papá le había regresado el cáncer. Ganas de tomar para sedar y olvidar, un líquido analgésico que te puede tomar a ti.  Esa escena se me grabó en el corazón y la llevo conmigo, como una advertencia a la cual respeto muchísimo, esa del niño que antes jugaba con su triciclo en los pasillos alfombrados del hotel embrujado, y ahora era un hombre en la barra junto al fantasma de su padre, aquel que intentó matarlo. Un alcohólico demente tentando con una botella desde el mas allá a su hijo que solo anhelaba dejar de ser un adicto, redimirse y salvar a una inocente de fantasmas y una vampira de espíritus. Rose the Hat, era aquella hambrienta de almas que “resplandecen”(shine), interpretada magistralmente por Rebecca Ferguson, al punto que es de esos personajes que me provocan envidia, aquellos que son tan cool en su diseño, ademanes y voz, que desearía haberlos creado yo.   

    Películas como Doctor Sleep me inspiran a sentarme a escribir, no solo las experiencias propias o ajenas, a favor o adversas, sino también esa ficción que sin sellos en el pasaporte te permiten viajar con tu mente a un lugar que te regala regresar a la realidad más fuerte, sanado y esperanzado. Aseveraba interiormente junto a la mejor compañía en la mejor vista nocturna y aérea, brindando con el Obelisco y la 9 de Julio, de fondo, allí como se debe brindar, con  relax y celebración, me despedí del país donde es un arte el cebar el mate, donde existe miedo a la yerba lavada, cuna de las juntadas y el fernet con Coca, del mejor helado y asado y las mil y un despedidas, de las mudanzas y las herencias en vida, madre de tres Copas Mundiales y de tantas cosas que no caben en rimas.



martes, 25 de abril de 2023

Luz, cámara y recuerdos: el top 10 de películas que moldearon mi vida. Parte 2


Primera Parte


Pulp Fiction (1994)

Soy hijo único, nací prematuro, con problemas ortopédicos, asma y era el gordito del salón (en un tiempo donde normalmente había solo uno o dos por aula y era lo típico hacer todo un tema por el peso ajeno)  así que estaba lejos de ser un niño cool o popular, definitivamente mi salvación fue la llegada de mi primo Alex cuando recién iniciaba en secundaria. Él vino a vivir con nosotros ya que en su ciudad no había una buena universidad, así que fue una mezcla nutritiva y contradictoria, ir al colegio compartir con niños de mi edad y los fines de semana, jugar a la adaptación y ser un joven precoz entre sus amigos.  Ayudaba mucho que siempre había en su grupo buena actitud. 


    Era 1995 y los cds de música tenían tiempo disponibles en las discotiendas pero mis ahorros de mesada ni los de Alex, todavía alcanzaban para eso, mas si para cassettes, cintas vírgenes de vhs e idas semanales a cualquiera de los videoclubs a los que estábamos afiliados, sin llegar a mis niveles casi obsesivos él compartía conmigo el disfrutar sentarse y ver con completa atención una película. Cada carnet para alquilar servía para un gusto o estilo distinto: el club para lo últimos estrenos, recién salidos del horno (algunos de dudosa procedencia), aquel para cine internacional más allá de Hollywood,  otro donde  poder encontrar Anime o cine de culto, raro, tabú o prohibido, lo casi imposible de conseguir; y obviamente la vieja confiable, Blockbuster. Era la prehistoria antes del Internet en cada casa, años luz de ese que no requería ocupar la línea de teléfono y con la posibilidad de descargar o ver en línea lo que quieras. 



Convertidos en el Indiana Jones de las Arcas Perdidas del escape y la inspiración, y es que así como el ocio y el vicio se caen a besos, el entretenimiento que escogemos delata mucho de lo verdadero en cada uno. Como bien decía Robb en High Fidelity "las series, películas, libros y discos es lo que realmente importa, es lo que te gusta, no cómo eres", es la verdad, lo que nos apasiona y a la que le dedicamos tiempo dice mucho y como un imán atrae o repele a personas y pensamientos. La eterna búsqueda de la nueva película favorita, esa para discutir casi en soliloquio en el recreo con mis compañeros de clase o los viernes con los amigos de Alex, me llevó a tener en mis manos a la caratula vacía, con la foto de Uma Thurman fumando Red Apples detrás del título Tiempos Violentos. 



Disfrutaba como ritual recorrer los pasillos de los videoclubs y ojear cómo vez primera las cajas de cartón de las cintas de vhs; existía un club llamado Video Roxy en donde más me sentía a gusto y sin presión para tomarme mi tiempo y elegir dos o tres películas para el fin de semana. El dueño era un jovial señor que decidió invertir su jubilación en ese negocio, se llamaba Armando, lamentablemente murió 20 años después de ese momento y tanto aprecio le tome que asistí a su funeral. El recuerdo recurrente que tengo de Armando es cuando conversábamos en Septiembre del  2001 frente a la caja registradora mientras le pagaba y vimos en la televisión de su local a un avión impactar contra las Torres Gemelas de New York; no lo podíamos creer, idiotas pensábamos que era el trailer de una película. 


    El decoraba su negocio con caratulas agrandadas que colgaban del techo, recuerdo en especial la de Darkman y Army of Darkness de Sam Raimi, con ese estilo de ilustración de serie B que me encantaba. Justo en ese lugar estaba la obra maestra de Quentin Tarantino, Pulp Fiction. Como una licuadora dentro de mi cabeza el Disco Sueño Stereo de Soda, los Cuentos Grotescos de Pocaterra, los Power Rangers y Chandler Bing le hicieron lugar a semejante inyección de adrenalina a la mente y el alma. Pumpkin y Honey Bunny se daban un beso antes de sacar sus pistolas y robar una cafetería. Asciendia el título en color amarillo con contornos naranja  al ritmo de Dick Dale & The Del Tones "Misirlou Recuerdo despegarme de la pantalla para ver a Alex y él hacía lo mismo conmigo, nos vimos y sin decir nada nos dábamos un festín con lo que había sido un clásico instantáneo el año anterior pero nosotros recién descubríamos.

 
    No conocía al John Travolta de Grease o al de Brian De Palma, sino al de Mira quién Habla, así que fue toda una vuelta de tuerca ser testigo de su Vincent Vega, lo mismo ocurrió al olvidarme sin esfuerzo de John McClane y sencillamente sentir la tensión de no saber cómo saldría Bruce Willis de semejante embrollo. Magia maquiavélica como rayo atrapado en una botella, era la vida que se sentía en ese film, vida que contagia, la vacuna al mas de lo mismo. Una historia contada en capítulos sin orden cronológico, un falso versículo de Ezequiel que memorizar en inglés contagiado con la voz de Samuel L Jackson y la reflexión de Mia Wallace sobre los silencios incómodos, lo innecesario de hablar por hablar cuando no estamos solos y la fortuna cuando encuentras a esa persona con la que puedes solo disfrutar el silencio entre miradas y una cereza en los labios de la mujer que sabes que no debes pero igual deseas.  

        Me convertí en un adicto a verla una y otra vez y como quien degusta una taza de café en el punto exacto de temperatura, cuerpo y amargor, así tal cual quería volver a vivir la experiencia. Luego de una búsqueda larga e  infructuosa por los videoclubs de Maracaibo de la ópera prima de Tarantino,  y no tener suficiente con obras similares como los Sospechosos Habituales, cazaba con el grabador de vhs encendido los canales de cable esperando tener suerte, y de milagro casi a medianoche, antes de una pelicula prohibida de Shanon Tweed tal vez transmitieran Reservoir Dogs o True Romance (cosa que no ocurrió hasta pasados 3 años)



    Después de ese momento, lo que comenzó con Tim Burton, fue a otro nivel, no era más el actor la estrella o el único artífice de ese efecto en mi luego de ver una película, ahora era el momento de prestar atención y respeto a la figura del Director,  en consecuencia antes de estudiar para un examen o hacer alguna tarea podía sacar  20 de 20 en Seven de David Fincher, Ed Wood de Burton o The Omen de Richard Donner. De a poco junto a mis cassettes de cromo con grabaciones piratas de Fin del Cuento de Sentimiento Muerto y el Album Negro de Metallica, estaban mi videoteca de VHS. Sentado con dos reproductores para grabar las cintas alquiladas a video cassettes vírgenes, esperaba en cualquier momento que el FBI derribara la puerta.




    Gracias a Quentin Tarantino aprendí que la mejor forma de estudiar cine era viéndolo, y en el caso de su filmografía era estudiar de los apuntes del mejor estudiante. El poder de una canción al ritmo o yuxtaposición de las imágenes, el lenguaje del color, el poder de los diálogos, la narrativa no lineal y tantos guiños a obras de otros creadores que tocaba ahora estudiar. Como fue el trabajo del maestro Martin Scorsese, de quien junto a Francis Ford Coppola con su obra maestra The Godfather  y Michael Mann con The Heat, que no me cansaba  (ni aun lo hago) de disfrutar de películas como Goodfellas, The Departed o Wolf of Wall Street como si se tratara de un disco de Gustavo Cerati, al punto que era un quinceañero con la película Casino original en su estuche doble de VHS, amante de esas creaciones ajenas que inspiran las propias, y es por eso que a diferencia de lo que quien me conoce piensa, mi género favorito no son las adaptaciones de cómics ni la ciencia ficcion o fantasia, sino las películas de gangsters. 


 
    Así pasaron los años, de estreno a estreno Tarantinesco, desde la Novia ensangrentada en búsqueda de Bill, pasando por el Coronel Hans Landa y sus escalofriantes diálogos, sin olvidar la sabiduría en la grandiosa Django con eso de que hay que saber perder pero sobre todo saber ganar, porque nunca se sabe cuando uno está abusando de su suerte y puede venir alguien a darnos un tiro cuando nos estrecha obligado la mano. Un viaje de cinefilia hasta la expectativa antes de ver Once Upon a Time in Hollywood ahora viviendo en Argentina durante el concierto Reservoir Songs una banda tributo al cineasta en el 2019.

    Cerraba los ojos luego de un sorbo de Cerveza Patagonia y volvía mentalmente a la habitación que deje atrás en Venezuela, decorada con el afiche original de Pulp Fiction enmarcado en negro(que tuve que dejar a falta de espacio en la maleta) al final como al principio hechizado con Uma Thurman y su cigarrillo. Recordaba a Alex y caía en cuenta de lo mucho que nos habíamos distanciado casi pasadas 3 décadas de aquellos tiempos violentos; el ahora vivía con su esposa e hijos en Canadá y yo reflexionaba en si dejar de esperar que el diera el primer paso y ser yo quien retomara el contacto. Ignorando por completo lo que se venia a nivel mundial en materia de proximidad humana. Seguía sondando Bring a Little Lovin' un cover de los Bravos interpretado por la banda Argentina que veía en vivo y que hacia un genial tributo a los Soundtrack de la filmografía de Tarantino. En minutos terminaría el recital y ellos me concederían una entrevista para mi podcast cinéfilo Todocinefansradio


Continua con un viaje de vuelta a una galaxia muy lejana

martes, 18 de mayo de 2021

Diálogos extraviados











 Corrió al primer clóset que encontró y se arrodilló a rezar. No se sabía ninguna oración pero igual no habían obstáculos ni reglas de iglesia entre él y su conversación con Dios.

-Mami, Papi, lleguen ya, venganme a buscar. Diosito, por favor, se que están lejos, pero transportarlos a esta casa. Haz tu magia, te lo pido.

Cerró los ojos y lágrimas se escapaban de sus párpados ahora empapados. Arrodillado en la oscuridad de aquel clóset cerrado.

-¿Y la tortuga ninja de mamí?. Pudo escuchar a lo lejos el niño totalmente incrédulo. Era la voz de su madre que junto al rumor de la de su Padre saludando a sus tíos.

El niño se limpió el llanto y arreglo su ropa para salir a la puerta de la casa donde se encontraba. Se había cumplido su diminuto pero salvador milagro. Sus padres en efecto habían llegado de viaje.

-Bendición mami bella, llegaste!!!. 

-Claro que llegamos, no podíamos extrañarte más (le confesó a Rafael su madre, luego de abrazarlo mientras ella veía a su hermana quien se reía de la desesperación y para ella dramatismo de su sobrino)

-Dios me escuchó Papi. Pensé que no, pero definitivamente lo hizo.

-Él siempre te escucha incluso cuando crees que no campeón 

El papá de Rafael acaricio el cabello de su hijo quien se había librado de cualquier miedo y dolor.




Diálogos extraviados, textos dados por perdidos y poemas inconclusos, forman parte de esta antología de historias inconexas sin la ambición de ser más allá de lo que son. Ideas sinceras como heridas abiertas.



























Hay amores que van más allá de las décadas

De esos que atraviesan la línea entre las mitades de un siglo

Se mezclan los sonidos y los silencios con los sacrificios, hijos y nietos

Viajes, triunfos y una casa que existe dónde quiera que estén juntos 

Una unión que merece brindis y mil bendiciones, entre todos los que los amamos y nos inspiramos

Con solo verlos. R.R.R.









Hay algo peor que la rabia, el duelo y el desasosiego

Se llama decepción. De allí no se vuelve. Es el dolor después del dolor, es la nada. 

Es el final sin adiós.


















sábado, 16 de enero de 2021

100 Fragmentos de un ojo gris

 










    Los fragmentos de un ojo gris, son imágenes en frases vibrantes, poesía liberadora, para quien la escribe y para quien la lee y la disfruta de diferentes maneras. Irreverencia en cada verso, cada rima crea expectativa, logrando dar esperanza y a la vez crudeza que golpea. Seducción y alucinación en forma de poemas. 





    Estoy orgulloso de esta obra, que recopila 20 años, de algo más que mí trabajo literario, mí suerte de terapia, relax, reflexión y expansión de mí filosofía de vida e imaginación. 






    No solo compartiré mis rimas, sino muchas de mis fotografías, esas imágenes que congelaron momentos que vine a entender luego, como la portada, una foto tomada en el jardín botánico de Maracaibo, poco antes de dejar mí ciudad y país, un lugar que descubrí justo antes de partir.



    Los amigos se conocen en las malas es cierto, pero en las buenas también, son aquellos que se alegran de tus aciertos, que creen en ti, que celebran tus triunfos y te ayudan a seguir. 


    Gracias Johanna por escribir el prólogo de este libro y encargarte de la corrección en su totalidad y colaborar conmigo en la edición del mismo. Este bebé también es tuyo.





Dedicado a mis padres, a quienes amo, admiro y extraño con todo mí corazón. 

Una recopilación de todo aquello que me permitió la musa usar, para llenar a la página en blanco.









Ya disponible en Amazon en físico y digital (Kindle)

    Así como también en digital para compartir completamente gratis  tanto la versión oficial  100 Fragmentos PDF como los Lados B . El bonus track de esta obra, como está  conformado por una suerte de escenas cortadas de películas o canciones que no son incluidas en un disco, pueden ser las rimas que terminen siendo sus preferidas. Las joyas casi extraviadas, esas pero piezas que para muchos no para diferencia.

Aquí les dejo dos poemas de esos "Lados B"







Solo queda:
 
Escribir, 
escribir y
escribir...

Hasta que suceda,
hasta que llueva.

Corrección, edición y prólogo: 
Johanna Oropeza
Textos, fotografía, diseño y diagramado: 
René R.R.





Espero lo disfruten leerlo tanto como yo escribirlo.































miércoles, 28 de octubre de 2020

El hombre sin rostro




Toda una oportunidad y experiencia poder adaptar mí primera novela (cronológicamente escrita pero no así en publicación) a radionovela con actores y locutores que prestaron su voz y talento. 

"Sueño y pesadilla" fue escrita en el 2001 y su adaptación, titulada "El hombre sin rostro" se convirtió en mí trabajo de grado para optar al título de Licenciado en Comunicación Social.




Está versión fue producida entre 2003 & 2004  junto a Luis Acuña, amigo y compañero de tesis, con quién logré resumir dicha historia a 4 episodios en audio.

Antes de publicar "Crónicas del eterno eco" en el 2018 todo mí trabajo literario se encontraba en 7 archivos de word que prácticamente solo leía yo. Por toda una década en la que me mantuve en pausa de escribir y ni pensaba en publicar, está radionovela me brindaba el alivio de ser esa  obra propia que pudo ver la luz, una creación desde cero en una página en blanco y que logré compartir y recibir una opinión (que justo hace 20 años fue la de la máxima nota y la Mención Académica de Publicación) 








Hoy, el Hombre sin rostro junto a Crónicas, Los hijos pérdidos, La primera década y Fragmentos,  conforma mí Multiverso, el cuál próximamente incluirá a Existencias Ajenas y sus 3 Volúmenes; y ahora también gracias a la inteligencia artificial puede recrear está producción como Storyboards animados.




EL HOMBRE SIN ROSTRO Spotify

El Hombre sin Rostro Storyboards I

El Hombre sin Rostro Storyboards II