miércoles, 25 de junio de 2025

Del brote al legado: la evolución de una pesadilla en 28 Years Later

 


    En los tiempos actuales, en esta sociedad post pandemia marcada por redes sociales, deportaciones masivas e incluso guerras, todo parece haberse configurado según las burbujas algorítmicas: “productos” o “contenidos” diseñados para provocar reacciones binarias e hiperbólicas. Todo es bueno o malo, blanco o negro, lo mejor o lo peor. Pero ese no es el sentido del arte.

    El cine, como creación colectiva, es la expresión de un artista que no teme equivocarse. Una película puede disfrutarse más allá de sus desaciertos, sobre todo cuando su autor —o en este caso, sus autores— crean sin miedo, desafiando las expectativas, generando reacciones, opiniones y discusiones.

    Por todo esto, agradezco haber disfrutado —en mi templo, una sala de cine— de la última entrega de la saga de los no-zombis, aunque sí infectados, iniciada por Danny Boyle y Alex Garland en 2002 con la disruptiva 28 Days Later (conocida en Latinoamérica como Exterminio). Ahora regresa como el primer capítulo de una inesperada trilogía: la arriesgada 28 Years Later.


    Su director, Danny Boyle, fue junto a David Fincher y las hermanas Wachowski,  una inyección de adrenalina para el cine de los años 90, con una edición frenética muy influenciada por la estética de MTV, especialmente en Trainspotting (1996), una joya de culto. Los fans de Star Wars incluso debemos agradecerle a esa película haberle presentado a Ewan McGregor  a George Lucas.

    Por su parte, el nombre de Alex Garland se hizo conocido cuando su novela sobre una odisea mochilera existencialista fue adaptada al cine por Boyle y protagonizada por Leonardo DiCaprio en el año 2000 con la poco valorada The Beach. Una película que, pese a sus carencias, invito a revisar: tiene mucho que decir en estos tiempos donde todos vivimos atrapados en la pantalla de un celular, y algunos aún creen en la viabilidad de utopías hippies modernas.




    Ambos creadores se unieron en 2002 para darle una vuelta de tuerca al subgénero de terror zombi, creado por George A. Romero (Night of the Living Dead, 1968) cuyas películas no habían tenido gran repercusión desde la década del 80. Boyle y Garland lo lograron con 28 Days Later, una película que no solo transformó la narrativa de muertos vivientes a infectados, sino que también reemplazó la amenaza lenta y comecerebros por figuras rápidas y violentas, que miran con ojos rojos de rabia e infectan mordiendo y vomitando sangre.


    La historia resultó impactante no solo por ese cambio crucial en la mitología del subgénero (para muchos, 2002 fue el evento canónico más importante desde 1968), sino también por imágenes memorables como la de Cillian Murphy, caminando desorientado por los alrededores desiertos del Big Ben, como un joven que despierta de un coma 28 días después de una epidemia(situación copiada en el inicio de la ahora referencial The Walking Dead) . Todo esto antes de los escenarios generados por pantalla verde, lo que hacía aún más perturbadora su ambientación.

    Además, su imagen en video fue arriesgada. A comienzos del nuevo milenio surgía el debate sobre si podía considerarse “cine” una película rodada digitalmente y no en celuloide. Se criticaba su grano, la aparente falta de profundidad y una iluminación inicial considerada deficiente. Sin embargo, en el caso de 28 Días Después, esto jugaba a su favor: la hacía lucir más real, casi como un documental o found footage.

    No es casual que, tras el estreno de esta película, surgiera una ola de cintas de infectados y zombies, como Dawn of the Dead (el remake del clásico de Romero dirigido por Zack Snyder) y Shaun of the Dead (la parodia/tributo de Edgar Wright) ambas de 2004. Incluso la española [Rec] (2007) combinó infectados con una estética found footage. El video, lejos de restarle fuerza, le otorgó una cualidad única: una visceralidad que esta nueva entrega ha buscado replicar con éxito grabando con iPhones.


    En definitiva, el legado de esta saga sigue más vigente que nunca en muchos aspectos. Basta con mirar la reciente y famosa serie basada en el videojuego The Last of Us, donde, superficialmente, el brote no es causado por un virus de rabia, sino por la mutación de un hongo. Sin embargo, en el fondo, la amenaza es la misma de siempre: la naturaleza humana. Homo homini lupus “el hombre es un lobo para el hombre”,  la frase con la que Thomas Hobbes ilustró, en su obra Leviatán, su concepción del ser humano en estado primitivo: una condición sin normas ni gobierno, donde el individuo actúa movido por el miedo, el deseo de dominar y la necesidad de protegerse, lo que desemboca inevitablemente en enfrentamientos y violencia.


    Todos estos elementos han sido abordados a lo largo de su filmografía por Alex Garland, escritor y guionista, que hoy también es un realizador destacado en los géneros de ciencia ficción (Ex Machina), dramas bélicos (Civil War) y, ahora, de forma provocadora e inesperada, en 28 Years Later: una película que, para muchos, sería el cierre de una trilogía y la conclusión de la historia iniciada por el personaje de Jim (Cillian Murphy) en la entrega de 2002. Pero termina siendo ni eso ni todo lo contrario, sino algo distinto que podrá gustar o no, pero que no dejará a nadie indiferente, un punto bisagra que unirá el pasado y futuro de la saga. 

    La historia no hace referencia a la entrega anterior, 28 Semanas Después, una película que mostraba al final una horda de infectados desatada en la Torre Eiffel, aludiendo a que el virus había alcanzado una dimensión mundial. Tampoco menciona aparentemente otra variación en la mitología planteada en ese argumento: la idea del “portador asintomático” tras una mordida, es decir, alguien infectado que no desarrolla síntomas pero que, en el caso de la secuela de Exterminio, puede transmitir la enfermedad. Algo que suena muy parecido a la situación de Ellie en The Last of Us, quien ha sido mordida, pero no sucumbe al hongo Cordyceps ni contagia a nadie más, lo que la convierte en la clave para una posible cura.

    ¿Coincidencia narrativa o préstamo creativo? Difícil asegurarlo, pero en un género saturado de zombis y epidemias, las ideas viajan como los virus: mutan, se adaptan y sobreviven. Tal vez Ellie no nació de 28 Weeks Later, pero ambas comparten la misma cepa de de apocalipsis... y esperanza.

    Otro concepto explorado tanto en la película 28 Semanas Después, como en la serie The Last of Us, The Walking Dead y la recién estrenada 28 Years Later, es la figura paterna. En 28 Semanas, todo comienza con una escena ya legendaria (lo mejor de esa película y de la saga en general): un hombre, al ver la imposibilidad de salvar a su esposa, decide escapar y sobrevivir. Robert Carlyle está impecable, un veterano de Trainspotting y The Beach, que, al reencontrarse con sus hijos y descubrir que su esposa sobrevivió y supuestamente no está “infectada”, se ve consumido por la culpa. Esto conduce a un beso mortal entre dos padres que terminan desencadenando una ola de contagios y muerte en una zona falsamente segura.




    Las figuras paternas son clave en esta saga y en las historias de zombis e infectados en general. Las dinámicas de recuperación del liderazgo entre Rick y Carl en The Walking Dead; el redescubrimiento y la conexión entre el padre y su pequeña en la película coreana Tren a Busan; Joel y el crimen que comete para salvar a Ellie, así como el espiral de violencia y venganza que esto desencadena en The Last of Us; e incluso Brendan Gleeson en 28 Days Later, renunciando a su hija para salvarla tras una fatídica gota de sangre que, al caer del pico de un cuervo, se aloja en sus ojos, sellando su destino. Todos ellos son hombres superados por las circunstancias, seres que, sin intención, marcan a sus hijos con heridas generacionales que estos deberán decidir si repetir o sanar.

    Ahora es el turno del arquero Jamie (Aaron Taylor-Johnson), quien, como parte de una iniciación precoz, debe llevar a su hijo Spike lejos de la seguridad de su comunidad —refugiada en la Isla Lindisfarne, o Isla Sagrada (célebre por sus monasterios, otrora saqueados por los vikingos)— para cumplir un rito ancestral: matar a un infectado y regresar antes de que suba la marea. Se trata de una isla mareal, conectada al continente por una lengua de tierra que queda sumergida bajo el agua al final del día.

    A partir de allí, la historia plantea un mundo fracturado. Por un lado, la mayor parte del planeta vive libre de la amenaza del virus de la rabia, tras contener a los infectados dentro del Reino Unido mediante vigilancia marítima y militar. Por otro, los propios infectados, que tras casi tres décadas han evolucionado —o, mejor dicho, involucionado—, perdiendo su humanidad hasta reducirse a lo más primario y salvaje: desde zombis casi inertes hasta sabandijas obesas que se arrastran por la tierra comiendo gusanos, pasando por una fuerza viva de rabia y brutalidad que lidera al resto, una suerte de amenaza alfa.

    A todo esto se suma una población anclada en un pasado de siglos atrás, donde no existe la tecnología, solo la supervivencia y los roles más básicos de una sociedad premoderna. Entre todas estas facciones emergen figuras misteriosas, anomalías y sorpresas que expanden los límites de lo que puede esperarse en este tipo de ficciones.

    La subversión de los clichés ocurre gracias a otra pieza fundamental dentro de esta mitología, junto a la de los infectados: las figuras paternas, la sociedad en su forma más depredadora disfrazada de supervivencia, los cultos que buscan respuestas místicas al infierno en la Tierra. No es casual que, en Dawn of the Dead (1978), los zombis se justifiquen con una línea que parece salida de las Escrituras: “Cuando no quede sitio en el infierno, los muertos caminarán sobre la Tierra”. Pero aquí hablo de otra figura clave: el niño, o más bien, el final de la inocencia.



    28 Años Después gira en torno a tres niños o “inocentes”. Al inicio, vemos cómo, cuando el virus se desata, un niño llamado Jimmy, mientras ve los Teletubbies con otros pequeños, es atacado por su propia familia infectada. Termina escapando, sosteniendo una cruz invertida, hasta refugiarse en una iglesia donde un sacerdote proclama, entre gozo, sangre y locura, que ha llegado el día del juicio, rodeado de infectados. Jimmy se oculta, y no sabremos su paradero ni destino hasta mucho después.


    Spike, por su parte, es el corazón emocional de la historia. Se encuentra en ese momento crucial en que descubre que sus padres no son seres omnipotentes, sino humanos frágiles intentando cuidar a otro sin saber muy bien cómo. Un niño que empieza a hacerse hombre al perseguir un deseo primario: salvar a su madre, aunque eso le cueste la vida.

    Y por último, un bebé nacido en las circunstancias más imposibles: vida a partir de la muerte, en medio de un templo de huesos. Como recita un genial Ralph Fiennes: “Memento mori, memento amare” —recuerda que morirás, recuerda amar—.






    Comencé hablando de la importancia de que las películas se arriesguen a equivocarse, porque eso es más valioso que el simple afán de convertirse en “obras maestras” —algo que ocurre en muy contadas ocasiones— o en contenido genérico, hecho para consumirse en plataformas de streaming como música de fondo en una llamada de espera. Cuando se arriesgan, la mayoría de las veces no aciertan: el resultado suele quedar como un experimento que se agradece y luego se olvida. Pero en esos pocos, cruciales casos, lo consiguen: trascienden, abren caminos, marcan tendencias y se convierten en cine de culto o en clásicos instantáneos.

    Esta película, 28 Años Después, no es ni lo uno ni lo otro. Como su lugar dentro de la saga, es un punto medio. Comienza de una forma y uno cree que será como las historias que inspiró la entrega original, pero logra desviarse y convertirse en algo distinto, algo que, incluso al final, no se deja atrapar ni se explica del todo.


    Alegorías y metáforas conviven con coincidencias que parecen predestinadas, como el uso del poema “Boots”, compuesto por Rudyard Kipling en 1902, incluido en el tráiler promocional por decisión del equipo de marketing. El poema encajó sorprendentemente con la historia gracias a su tono monótono, repetitivo y macabro, y terminó siendo parte del score de la propia película. La yuxtaposición de los Teletubbies —símbolo de la inocencia anterior a la barbarie— con personajes de comportamientos propios de La naranja mecánica; la purificación después de la muerte, con huesos limpiados y alzados como monolitos construidos por infectados y humanos por igual… todo eso genera imágenes que pueden desconcertar, que no siempre tienen sentido lógico, que a veces rozan lo absurdo. Pero aun así invitan a pensar, a imaginar qué podría venir después.

    Y solo por eso, ya es valiosa: porque en un tiempo en que el cine se ha convertido en un alimento premasticado, diseñado para ser un vídeo viral más en redes sociales, 28 Años Después se atreve a proponer otra cosa. Y aunque no siempre acierte, al menos lo aspira.









lunes, 21 de abril de 2025

Naturaleza y viceversa


    La emboscada estaba lista, cuando una niña de ojos negros y redondos, disfrazó un agujero inmenso con una manta agujereada, cubierta con hojas secas y amarillas, en el rincón más recóndito de un bosque exiliado de los cuentos de hadas, rico en aire áspero y árboles de brazos amputados, pero en esa tarde en contraste no había nubes con tonos grisáceos, no le antojaba lo tenebroso a tan lúgubre escenario.

 -       Gaviota, gaviota, ven que la merienda se te enfría (repetía con malicia Coni, cazadora incansable de águilas y lo real en fantasías)  

    Justo después de arrancarle la aguja a su brújula, Coni colocó sobre la trampa la carnada, se trataba de un oruga que imploraba ser capullo, con la condición de convertirse en una mariposa esclava, pero más pudo, las ganas de tener como mascota a una gaviota; lástima, pensó de inmediato la niña con sonrisa de estrella por la mañana, cuando su presa cayó tras aterrizar en una pequeña sabana.

    Sus alas sorprendidas no se agitaban a diferencia de otras tornasoladas, y es que para su sorpresa, el señuelo cumplió su trabajo pero sin ser alimento, ya que escapó luego, como una mariposa que dejó de arrastrarse para volar en ráfagas. 

 -   Tengo que tener esa mariposa, qué fácil le ganó a mi gaviota (la niña quedó boquiabierta, mientras observaba al águila que creía gaviota, todavía atrapada con retazos de tela blanca, en lo profundo de una excavación de dedos pequeños sin picos ni palas) 

    Dos osos con insomnio vieron perplejos a una pequeña exploradora correr, con la inocencia de que nunca conspiraría contra ella.  Sus pies, al cambiar de lugar la punta de las flechas, ir hacia adelante era el norte de la parte posterior a su cabeza.

 -    Yo no se nadar…   Parada sobre el agua las leyes de gravedad tomaron vacaciones de verano, pues sin ser hielo nunca se hundió su cuerpo; alivio inusitado, cuando sin preverlo se detuvo al dejar atrás la orilla de un arroyo. La mariposa no se cansaba de ser bromista y de revolotear justo a la mitad de aquel suelo acuoso, pero sus bromas la hicieron a ella víctima, por descuidada Coni pudo atraparla. 

 -     Te lo dije,  porque por las buenas no me acompañas… (aseguraba la picara chica antes de que la invadiera una letal tristeza, la mariposa tenía las alas rotas, porque ella, la había inmovilizado con una fuerza no propia para sus diminutas manos, cuyas palmas sin rayas mostraban vergüenza) 


-Por fa cambia de color mariposa, y dejaré que te vayas libre a otro lado. 

    Las partículas que conformaban el vaivén que ella pisaba, ascendían como lágrimas que regresan  a una melancólica mirada, alimento para nubes enfermas de glotonería, eran cada una de las gotas que se elevaban junto a Coni y una mariposa adormecida. La pequeña atravesó el techo de algodón como cruzando una pared que separaba dos cuartos, y dejó de subir para comenzar a caer hasta sumergirse en un océano sin islas prestas a naufragios. Antes del segundo en que tocaría la tierra de sirenas, la mitad de un hombre emergió de la arena que en el fondo se mantiene seca, él gritó y muchas burbujas se conjugaron en solo una, la cual le abrió sus puertas, esas que se despidieron de su transparencia con una tonta excusa, jugar a lucir desde afuera como una luna llena, y en consecuencia, Coni sobrevolaba junto a su nueva mascota en coma por ahora el fastuoso mar, iluminando como un faro a barcos extraviados a punto de encallar; pero cuatro fantásticas bestias de lo más horrendas lanzaron contra ellas una lanza que no jugaría a la inversa, esta vez, las cosas seguirían el orden de la naturaleza, y luego de que estallara una esfera, la niña exploradora y su mariposa tendría que descender no hacía un bosque, sino directo a los que esconde una selva que si cree en el pánico de noche. 


 -       Jajajajajajajajaja, creo que no solo hemos atrapado la cena sino un buen molde para una muñeca de cera (gruñía una de las criaturas que había capturado a la niña, sus palabras viajaban en un hedor putrefacto, pero Coni nunca reflejo miedo, lo cual no la hacía lucir del todo inofensiva) 

-       Ustedes suenan como columpios oxidados (ella comenzó a palpar con travesura los ojos gelatinosos de quien la sujetaba haciendo muecas inexpertas) ¿saben que parecen?, ¿a que no adivinan?.... ¿no?, huelen a montaña rusa. 

    El rechinar de uno de los brazos enmarañados de aquellos villanos al descubierto, desencadenaron una avalancha de infantiles carcajadas, contagiosas al extremo, de incluir en la burla a los otros monstruos, luego furiosos, por quedar como un cuarteto de tontos que aspiran provocar sustos. Alguien salió de unos matorrales que antes bien pudieron no haber existido, se trataba de un chico que empujó a los captores poco amenazantes, averiando cada uno de los dispositivos que le daban vida a varios mecanismos.   

-       No tienes que agradecerme, da igual ser débil o héroe, son tan patéticos, tienen desde hace mucho esos trajes de animales parlantes y pretenden no hacerles mantenimiento, son solo huesos(alguien le dijo al oído a Coni) 

    Ella no podía ver sus ojos pues él tenía unos lentes negros y cuadrados, y además, su piel y cabellos estaban untados en barro, algunos pedazos limpios bien pudieron mostrar  carne, pero por el contrario, era una suerte de vidrio. Ambos niños se destornillaron de la risa, viendo dos pares de cráneos hacerlo literalmente del resto de su esqueleto, cayendo al desmembrarse sus disfraces, los cuales, no eran más ni menos que pieles artificiales con articulaciones de falso acero inoxidable, corroídas a falta de grasa  y sus voces eran grabaciones de un disco rayado, que repetía en breves lapsos frases espeluznantes como “de esta no te salvas, de, de, de, de esta no te, no te, de esta no te salvas”, al unísono en algunos engranajes, rodaban dirigiéndose hacia un torbellino de arena a relativo espacio de distancia.    

  -       ¿ Y tú cómo te llamas?, mi nombre es Coni y esta es mi mascota, era una oruga pero ahora es una gaviota (el niño embestido en lodo sonreía al ver a la aporreada mariposa) 

-       Soy incógnito, un amigo imaginario desempleado, hace un rato estaba ayudando a un detective a hacer un retrato hablado, la historia es larga, pero en resumen tuve que renunciar a mi último trabajo, fue lo más lógico, siete de mis compañeros de trabajo no dejaron ni rastro, pero ese niño… no puede ser tan malo después de haberme dado un regalo (abrió la mano y el chico de lentes cuadrados le mostró a Coni un avión de aluminio arrugado demasiado) hay que ser precavido, nunca se tiene demasiado cuidado con los extraños. 

-       No quiero ser una mirona quitadora, eso es casi tan malo como ser una dadora pedidora, o recibidora devolvedora, pero… sería mucho pedir si me dejas romper tu avión, es para una buena causa (Incógnito se apiadó de la pequeña y le cedió el obsequió del niño desaparecedor) 

    El avión de papel plateado regresó a su estado natural antes de ser roto en pedazos, y así, los fragmentos que fueron fuselaje blindaron las alas rotas de la mariposa en coma por ahora. Sorpresa de esas que no lo son en esencia, pues se esperan, traslució del rostro rosa de nuestra cazadora, al tiempo en que su gaviota, dejó de ver las manos de Coni como una cama solitaria de hospital, para sacarle provecho a una plataforma de despegue potencial.  

-      Coni eres tremenda enfermera, pero te falta prudencia, requisito indispensable para ganarte como yo la merienda, mira, no hay advertencias luminosas, pero donde vuela tu gaviota, es una cortina de tierra de lo más embaucadora (el torbellino de arena que se tragó algunas de las piezas de las calaveras recubiertas, succionó sin condescendencia a la mariposa en plena recuperación)- no quiero rendir más declaraciones por desapariciones. 

    Las alas de la damisela aérea eligieron un color y dieron fin a su vistoso tornasol, un verde esmeralda se apreciaba a través de cada grano de polvo que se agitaba, y a Coni, la sedujo una esperanza, sin temor ni valentía, solo instinto de poder ser amiga de una gaviota sana y salva. En el interior de un ciclón con hastió a ser peligroso, cada movimiento se mantenía en cautiverio, tanto la pequeña y su compañero incógnito, emulaban a las alas entablillabas con aluminio que se detuvieron, pero uno del trío, perdió sus facciones sin ansias a ser anónimo, fango seco que se volvía giratorio y el niño imaginario, invisible e ileso,  atravesó el ciclón para colocarse sus lentes cuadrados y negros de nuevo. 


-       Es un reloj de manecillas rotas y números gastados, allí tiene quietud el ahora, y si me acompañas se prolonga tu pasado, no creas que soy sabio, solo repito lo que talló un quien diría en este árbol amputado(confesó Incógnito cerca de restos de pacíficos esqueletos, señalando  una placa vegetal, donde unas palabras indicaban la manera adecuada, de usar aquella tormenta de arena) - sabes que por pequeño no se me permite serlo, sabio me refiero, uhmm… (un risa infecta de sarcasmo, le regaló Incógnito a la arqueóloga, que compartía sus pensamientos dichos en silencio) - y si sigues caminando con tu ruta contradictoria, el futuro es de cada uno de tus planes, el reverso (parte de la cara de Coni salió al otro extremo de la arena que rotaba, sus gestos eran viejos y un próximo regreso se avecinaba) así que solo te queda el techo, sí te fijas es como un ojo de viento,  es la única vía que las instrucciones nunca explican, sí me lo preguntas, siempre es algo bueno. 

    La gaviota la incitó a emprender el vuelo, ambas juntas en suspiros huracanados, al ritmo de giros que poco a poco las iban fusionando, en ausencia de ambición al turbulento tornasol, brotaban de la espalda de que aquella niña de mejillas coloradas  alas de color esmeralda,  y así, sencillo para las dos, pero complicado para osos con ojos rojos, surcaron una vez más la barricadas de algodón, siendo deleite a curiosos.







domingo, 13 de abril de 2025

Alma, el deseo entre formatos


    Abro los ojos de nuevo sin necesidad del despertador, y ahora que lo pienso,  lo coloco por necesidad de un plan alternativo, que muchas veces nunca necesito. Piccolo con sus patas me golpea antes de ladrar para que demos la primera vuelta del día. Los días son un bucle en el que solo sientes el paso del tiempo por el cambio de estación y lo que eso implica. Tomo mi café tipo intenso sin azúcar, antes de terminar de ver la película algoritmo que puse para tener de fondo mientras revisaba el celular antes de dormir. Me visto rápido y voy a la estación de subte para ir al trabajo antes que la mayoría, detesto ir como sardina en lata, prefiero madrugar y tener asiento en el vagón y no estar a merced de cualquier accidente que me cause retraso, casi una locomocion en piloto automático.   

Pasan las horas en mi trabajo en una tienda de ropa de caballeros, fingiendo que me interesa que color de corbata le queda mejor a algún cliente a quien le sostengo su opciones de camisa, del otro lado de la cortina de un probador. Se siente que aún no termina el verano, hay olores que delatan a quien tiene problemas para algo tan básico como tomar un baño. 



    Es la hora de salida y hoy me toca cerrar la tienda. Se me dificulta más de lo acostumbrado bajar la persiana metálica del local. Ya ni me estreso, es mejor, 30 minutos de más o de menos, hace gran diferencia en las horas picos, menos gente en la estación. Comienza a llover y camino observando los adoquines mojados evitando caer en un charco profundo y empapar mis zapatos. Veo un carnet plastificado de Blockbuster y no lo puedo creer, hace años que no tenía uno de esos en mis manos.

Recuerdo que hay un videoclub abandonado en un local cuyo dueño quizás por la maldición de algún cinéfilo nunca pudo arrendar a nadie más. La lluvia no es tormenta ni llovizna, así que sigo, no olvido mi cautela pero tiene caso volver a casa, pues no puedo bajar a pasear a mi perro dalmata. Camino cuatro cuadras y lo consigo, entro a donde por muchos años fue mi happy place (en un tiempo sin celulares inteligentes, solo aquellos bloques para llamar o enviar mensajes) un lugar decorado con afiches decolorados o arrancados, Estantes vacíos, mucho polvo y sonido de bichos que se arrastran en la oscuridad y es mejor ni iluminar.  

    En el mostrador solo unas monedas, un teclado de computadora vieja y una base para televisión culona. Espera, hay algo más, debajo de recibos de servicios por pagar hay una cinta de vhs con una etiqueta escrita en marcador negro: Alma, la tomo y salgo corriendo como quien acaba de robar.



Llego a casa ya había parado de llover, bajo a Piccolo y le cuento con entusiasmo lo más divertido que me había pasado desde que lo había rescatado a él. Obviamente ni se entera pero igual da vueltas, salta y babea cuando le hablo así que cumple la función. Después de un buen baño me lanzo en el sofa con mi VHS pensando dónde demonios podría reproducirlo; es raro hoy preguntarse eso cuando tu universo es reproducible en cualquier teléfono. 

        Recuerdo a mi vecino del tercero, un señor mayor que se que es cinéfilo pues siempre me habla del Padrino o los Freaks (una película bien bizarra de los años 30 que se desarrolla entre fenómenos de un circo) tocó a su puerta con vhs en mano y sin nada pensado como excusa solo le muestro la cinta y el obviamente extrañado y a la vez feliz por esa visita sorpresa me abre su puerta.

Me comía las uñas y la piel alrededor de ellas mientras el me habla de cosas que no me interesan, me sirve un fernet con coca y la cosa mejora. En efecto él tiene un reproductor vhs y coloca lo que sea que encontré en el videoclub abandonado. Después que le da play comienzo a pensar en la posibilidad que fuese justo una porno y lo curiosa e incómoda que resultaría la situación. 

La pantalla se pone azul y luego aparecen imágenes indescifrables con esa resolución de video analógico que cualquiera nacido después de los 2000 no entendería cómo alguien podría hallar aquello nítido. Solo veíamos distorsión sin sonido hasta que el señor Armando se levanta a ajustar el tracking de su reproductor y logra estabilizar la imagen en su televisor. 


        Aparecen sin créditos iniciales un hombre de 42 años caminando junto a una mujer en el Cementerio de Recoleta en medio de un mar de turistas que tomaban fotografías a los mausoleos y sus estatuas. Ellos se escabullen entre los corredores y se detienen a leer epitafios hasta que ya cansados, se sentaron y al saberse solos en aquel silencio se besan.

    Sus labios sincronizados liberaron a sus lenguas hambrientas que bailan tango, el hombre se percata que es evidente su excitación en su abultado jeans ya casi completamente encarpado y la mujer se sonreía con malicia, limpiando su labial corrido ahora en la boca de ambos. Lo mira a él y a la cámara antes de hacer un guiño, como rompiendo la cuarta pared, en la supuesta película que yo veo junto al señor Armando. Los dos también nos vimos, él consternado y yo con ansiedad paradójica. Parece que ella le hará un oral al hombre en esa erótica película con estética y producción para nada pornográfica. El señor Armando nervioso presiona el control remoto y la cinta se comienza a rebobinar, cosa que al parecer es un pecado mortal en ese aparato. Los cabezales del reproductor de vhs se comen la cinta y hasta ahí llegó nuestra función de medianoche. 

    No puedo recordar el rostro de la mujer del vídeo pero si la sensación que me produce cuando la pienso, es como un escalofrío bueno, como una caricia en el lugar justo, la piel erizada y no un no sé qué placentero, como de viernes de pago.

    Abro los ojos, paseo a Piccolo, hago el desayuno y disfruto mi café negro. Veo las luces por la ventana del vagón del subte en movimiento, como líneas que en su caligrafía escriben algo en un idioma que no entiendo. Pasan los días, y ahora me encuentro en otro lugar aprendiendo un oficio nuevo. Quiebro catalizadores de autos usados dentro de un galpón prácticamente vacío, un espacio polvoriento y sin color, en contraste a los colores de otoño que decoran el exterior que puedo apreciar gracias a las ventanas; clasificó chatarra electrónica y desarmo artefactos viejos para separar sus partes para su posterior reciclaje. Martillo, destornillo y gracias a la práctica y memoria muscular, mi torpeza se vuelve destreza robótica y mente una computadora en stand by. 

    Escucho música de Enanitos Verdes y podcasts de cine, marketing, adiestramiento de mascotas o crecimiento personal. Abro los ojos, paseo a Piccolo, hago el desayuno, voy al trabajo, cumplo horario, almuerzo, no dejo nada pendiente, vuelvo a casa, ahora caminando (mi nuevo laburo me queda a 10 minutos de distancia) preparó una cena con lo que me queda en la nevera y me lanzo al sofá alternando mi atención entre alguna serie genérica y mi celular en un infinito scroll.  

    Piccolo me saca del trance y me obliga a jugar a tirarle una pelota, se acuesta patas arriba esperando una caricia en su panza quejándose por las tragedias y responsabilidades en su vida perruna. Abro un reproductor dvd para sacar su placa electrónica y separar el plástico del cobre, pero me detengo cuando veo un disco dvd blanco con una palabra escrita en marcador negro: Alma. Finjo tranquilidad pero estoy emocionado bajo mi tapaboca y mis lentes de seguridad. Se que mi jefe me observa desde las cámaras así que con tranquilidad tiro el disco entre las cosas que están para desechar. 

    Cuento las horas hasta que es momento de limpiar mi área de trabajo, como puedo aprovechando un punto ciego, aparto el DVD y lo meto en mi buzo. Regreso a casa emocionado y saco un dvd que había “rescatado” entre los desechos que compran en mi trabajo. Me froto las manos, agarro mi taza de té caliente con limón y miel, hace bastante frío y coloco el disco en la bandeja del aparato y presiono Play en el tablero. 

    La escena era otra, la mujer cuyo nombre asumo que es Alma estaba acostada sobre la grama bajo una noche estrellada, a su lado el mismo hombre del vídeo en el cementerio, la toma por el cuello y la besaba. Ella se pone encima de él luego de quitarse la parte de abajo mientras él hace lo mismo. Mi imaginación me permitió ver la luna llena en el patio trasero de la casa en la que sucede esa escena, y ser yo quien le hace el amor a Alma. Siento su humedad deslizándose en mi pene, su piel que hierve calentando las yemas de mis dedos y cierro los ojos absorto en la relatividad de un minuto cuando es de gozo. 

     Siento desasosiego cuando la imagen se pixela hasta ser solo cuadros de colores entre vetas verdes. Saco estresado el dvd. No había notado que el disco se había golpeado y formado una burbuja de des laminado en un costado. Me culpe, pero tenerlo de forma clandestina era la única manera, mi jefe, es una rata miserable capaz de decirme que deje que el lo revise primero, para al final nunca hacerlo, ni darmelo, por su puesto. 




    De forma compulsiva desarmo artefactos, clasifico placas madre y arrojo procesadores con la misma fuerza que abro catalizadores de carro con una amoladora, cincel y martillo. Los días pasan y no vuelvo a encontrar ningún otro disco dvd, pen drive o de cualquier otro formato identificado con la palabra Alma. Estoy ansioso, una caja de Tic Tac color azul me dura 10 minutos, mientras las pastillas rojas ni las toco, paso de una pestaña a otra en el navegador y me irrita al extremo Piccolo si comienza a ladrar al despertarme.

    Es domingo y siento angustia como una depresión de que sea lunes. Incluso desvio las llamadas de whatsapp. Me estreso por estupideces como si se me quema el café u olvide comprar queso o pan para el desayuno. Necesito hacer ejercicio, pero en vez de eso entro en el agujero de conejo de buscar en youtube a Alma. Ni google o Chatgpt consiguen hallarla por mucho que describa las dos escenas de la película,  nada igual aparece.

    Envuelto como un tamal en mi edredón con una cerveza en la mano y una bolsa de Doritos en la otra, cansado de buscar qué ver en una aburrida tarde de invierno, a punto de volver a ver Breaking Bad de un tirón, la veo a ella, a Alma entre las sugerencias que me da la aplicación, así que con miedo de que se trate de una alucinación presiono ok en el control remoto.




    La imagen es un plano subjetivo, ella sonriendo a la cámara en mano, dando esa sensación de que quien la observa en pantalla, la acompaña debajo de esas sábanas, ella sonríe con cara de aún no haberse levantado, puedo ver sus piernas y casi puedo tocarlas, sobresale de unos shorts de algodón ese sexy bulto inferior, en que termina una pierna y  comienza una nalga, puedo ver, gracias a la luz del amanecer y la resolución llevado a lo casi real del 4K, los sutiles vellos de sus brazos, y tocar su suave espalda bajo una franelilla blanca.


    Es como un pájaro que antes de que salga de su jaula lo atrapo en el aire por última vez para meterlo entero en mi boca y luego soltarlo sin comerlo. La beso en el cuello, luego la muerdo y algo en su vientre duele de placer. La calefacción está encendida pero ya no es necesaria, mis dedos se resbalan, caricias que se deslizan entre el sudor mezclado de los dos. La penetro con mi lengua y ella más que gemidos, maulla como Gatubela. Una felina que devora mi pene jugueteando con él, como predador con su presa. Finalmente estoy sobre ella la sujeto por las muñecas y la penetro al ritmo de su respiración que se acelera y se ralentiza mientras con una de mis manos me sostengo y con la otra sujeto uno a uno sus pechos para disfrutarla por el momento que dure esto sea lo que sea que es.

    Ambos acabamos casi en simultáneo pero Alma quería un poco más, así que acto seguido se sube sobre mí y se frota entre nuestras partes y fluidos  hasta llegar a un segundo orgasmo. Es éxtasis puro ser testigo de sus desinhibiciones. Nos quedamos dormidos desnudos a medio arropar con un olor a sexo que impregaba a las paredes de una habitacion que se ocurece como un fade out. La oscuridad me invade de nuevo, despierto en mi sofá con mi boxer  víctima de un sueño húmedo. En vano es escribir Alma en algún buscador, escurridiza como siempre volvió a desaparecer.

    Camino por la ciudad en medio de un feriado soleado de primavera, los colores vivos de los árboles y los juguetes de niños que corren detrás de Piccolo cuando le lanza una pelota y me la trae de vuelta. Algunos me piden si pueden jugar con él a la pelota y los dejo siempre atento, pues Piccolo no es agresivo pero es muy agitado y fuerte y cualquier salto podría tumbarlos.


  Pienso en Alma, dudo si todo es solo producto de mi soledad o mi necesidad de conectar a ese nivel. Antes de volver a casa veo a una mujer como ella, leyendo el Principito  sentada en una banca. Antes era más fácil llenarse de valor y acercarse a conocer a alguien, pero ahora sin un previo contacto en cualquier aplicación, da paranoia parecer un acosador, o tal vez, sea el miedo al rechazo en el mundo real que se ha hecho más aterrador. La protección del anonimato o la proximidad de lo virtual en esta suerte de simulación. 

    Mi celular en horizontal es ahora mi televisión, absorto viendo tutoriales, vídeos de música o algún cómico short, intento cada cierto tiempo encontrarla en You Tube cuando voy en tren a Sao Paulo, hasta que me veo a mi mismo en un live de instagram, volteo a ver a todos lados, y no descubro quien me esta grabando. Una multitud me observa proyectado en una pantalla de cine, y yo los observo mientras ellos también lo hacen de vuelta, como una suerte de efecto droste, un bucle de la misma imagen dentro de sí misma.  

    La mujer de la banca ahora sentada en una butaca de cine me observa dueña de un tatuaje en su antebrazo, una rosa que levita protegida en una pequeña cúpula de cristal. Su mano está sumergida en un balde de palomitas de maíz, que saca para comer un bocado antes de tomar un sorbo de su refresco helado. Al parecer alguien a ella también la estaba grabando, pues mira directo a la cámara para sonreirle a Alma, cuyos ojos se iluminan con la luz que emanaban de alguna pantalla.  

René Rodríguez Roque 




El ego persigue la perfección 
como quien persigue un espejismo; 
no le interesa la verdad, 
solo el reflejo pulido 
que otros puedan admirar. 
El alma, en cambio, 
elige la desnudez de lo auténtico,
aunque eso signifique caminar sola, 
aunque eso signifique no ser comprendida.

En un mundo de apariencias, 
ser alma es un acto de valentía y rebeldía total.

Atrévete a ser lo que eres.

Maria A Ocando





miércoles, 19 de marzo de 2025

El arte de vivir hoy: lo que me enseñó Ahsoka

 


    Los perros no miran atrás. Eso me golpeó mientras veía a Ahsoka olfatear el aire, correr tras un ruido o simplemente dejar que el viento le rozara el hocico. Nosotros cargamos el ayer como un saco pesado y temblamos por lo que aún no llega, pero ellos no. Para Ahsoka, cada segundo era todo: un aroma fresco, un crujido en la distancia, el ahora en su forma más pura. Y yo, que vivo enredado entre recuerdos y planes, me quedé pensando cómo nos complicamos solos.



Errores sin remordimiento.

    ¿Has visto cómo enfrentan sus desastres? Ahsoka podía romper algo o desordenar la casa, pero nunca se ahogaba en culpa. Si le decía “no”, ella giraba la cabeza, probaba otra cosa y listo. Sin dramas, sin peso. Los gatos también lo hacen: un salto fallido, un tropiezo torpe, y al rato ya están lamiéndose las patas como si nada. Es una lección silenciosa: equivocarse no es hundirse, es ajustar el paso y seguir.


Aquí y ahora.

    Ella vive plenamente. Busca la pelota como si fuera una misión épica, come su ración como un banquete de reyes y se tira a dormir como después de un largo dia de trabajo. No había medias tintas, solo una intensidad que parecía susurrar: “¿Y si todo acaba mañana”. 

Amarlos por lo que son y no por lo que se supone que sean.



    Ahsoka me enseñó algo que suena simple pero no lo es: quererla como perro. Al principio, esperaba que entendiera mis silencios, que sintiera como yo. Que llenara vacíos que no tiene cómo ni porqué llenar. Ella no es un espejo de mis emociones, es ella y ya está. Amarlos es verlos, disfrutarlos, en el mejor de los casos aprender de ellos, sin idealizarlos ni fantasearlos a lo película de Hollywood. 

    Hay días en que miro atrás y el peso me dobla, o miro adelante y la incertidumbre me muerde. Entonces pienso en Ahsoka. Los animales saben algo que nosotros buscamos en libros y terapias: estar aquí, ahora, con todo lo que somos, sin pensar en lo que debió ser, ya no es o podría suceder. Quizás ese sea su secreto, y nosotros solo tardamos en descifrarlo.








viernes, 21 de febrero de 2025

El Brutalista y la Brutalidad de la simpleza

“Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo” Johann Wolfgang von Goethe.


    La estatua de la Libertad invertida, una de las primeras y poderosas imágenes, entre tantas, del Brutalista, cumple el precepto fundamental del lenguaje cinematográfico, “show, don’t tell”(muestra no cuentes) planos en su elocuencia dicen más que voz en off o diálogos.

    Para mí en muchos sentidos la vida es como el arte detrás y frente a la pantalla de cine. Aprendemos y respetamos al otro, muchísimos más por sus acciones, que por lo que nos dicen. 

    La película del director Brady Corbet en su sublime épica, tan vieja escuela, se siente necesaria cuando hoy las producciones son claustrofóbicas en su escala, y pasajeras en su impacto, como música de fondo, “contenido” para disfrutar en segundo plano. Es agua fría en medio del calor y la sed, como el Brutalismo en la arquitectura, una corriente que va al grano, construcción postguerra, concreto para reconstruir rápido y barato sin ornamento, con geometría clara y grande que en su interior busca sorprenderte.



Una analogía en forma y fondo, con el personaje de Adrien Brody, Lazlo Toth, un arquitecto, sobreviviente del nazismo que al estar lejos de su tierra y  separado de su familia, esta convertido en una sombra de sí mismo, y como muchos inmigrantes (los cimientos de países como Estados Unidos) sabe sobrevivir, adaptarse sin llamar la atencion, mas alla de su acento extranjero y delator, guardando su pasado y sus sueños de legado en su interior como un caparazón tosco de hormigón, cemento chorreado al secar, capaz de sobrevivir a la guerra y sus ataques. 


Casi una página y aun ni hablo de la trama, pues como diría el difunto David Lynch el cine no precisa de ser comprendido o explicado, más si de ser experimentado y sentido; pero si hay que hablar de argumentos el del Brutalista es como el Brutalismo mismo, simple y por eso funcional y verdadero. 



    La historia gira en torno a un millonario encaprichado en empaparse con la genialidad de un artista, una suerte de palanca social para impresionar, ya que con la ayuda de su chequera, para nada ilimitada, logra someterlo con la excusa de un proyecto desafiante y casi interminable, para el rico, alimento para su ego, pero para el Lazlo, es acariciar con arte su sufrimiento, recreando el encierro, asfixiante de sus carceleros durante el holocausto, que lo separaba de su esposa, con la posibilidad de reescribir dicha historia, con la licencia de la imaginación, con corredores secretos que conectaban espacios que a primera vista parecen aislados.



    Dicho mecenas, como su hijo ficticio lo subraya, “tolera” a este extranjero porque puede ser su mascota que sirve para hacer trucos pero que jamás puede osar a morder la mano que lo alimenta, así sea por algo justo. Un ser siniestro, que cobra vida gracias a un soberbio y exacto (sin una línea o segundo de desperdicio) Guy Pearce, quien como Adrien Brody, tuvo una segunda oportunidad para lucirse después del Pianista, Pearce nos recuerda el talento que nos había enamorado en L.A Confidential, Priscila la Reina del Desierto o Memento.


El Brutalista es una película sobre (y hecha gracias a) segundas oportunidades, algo que en un mundo “inclusivo” y la vez tan binario, es muy necesario, un mundo de absolutos, polarización y cancelación, necesita a gritos historias sobre la redención. Es por eso que en esta década solo hay dos tipos de películas  con las que consigo conectar: las historias épicas hechas con artesanía la, imperecederas como Dune u obras que visualmente te obligan a prestar atención, las que te liberan de la anestesia  mental por sobredosis de dopamina; como  The Substance.



Vivimos en el mundo de Oppenheimer, uno al borde de su destrucción, el multiverso de la locura, donde cada decisión e incluso inacción, crea una nueva realidad, en la que vivimos o nos atormenta. La obsesión de la juventud eterna cuyo precio es tu bomba atómica personal.  Es eso o como diría Ke Huy Quan en   Everything Everywhere all at Once: “en otra vida, me hubiera gustado mucho lavar la ropa sucia  y pagar los impuestos contigo”. Es el dilema entre vivir en el caos abrumador o la simpleza, fortaleza y certeza que tiene el personaje de Felicity Jones en el Brutalista, cuando le asegura a su esposo “el daño que nos han hecho ha sido solo contra nuestros cuerpos”. 




Definitivamente llenar vacíos con abismos es un martirio infinito. Los vacíos se llenan con tiempo, silencio y soledad. No buscando gustar, complacer, satisfacer a terceros. Es mirarte en el espejo aprendiendo a enamorarte de vos más allá de la soberbia y el ego.


Esta obra es una caricia al alma del inmigrante y es por eso que cierro con un fragmento del libro de Frank Herbert, Dune, otra de las grandes historias que han devuelto las ganas de disfrutar una película en la gran pantalla:


“Donde vivíamos no había necesidad de crear un paraíso, fisico ni mental, vivíamos en uno real, y ahora pagamos el precio que pagan quienes alcanzan el paraíso en vida, nos hipismo descuidados y débiles, perdimos nuestra fuerza”


Siempre en la lucha por no perderla, y si pasa, a recuperarla!


miércoles, 22 de mayo de 2024

Luz, cámara y recuerdos: Bonus Track. Ethan Hawke (1989-2022)

 Memorias de un cinéfilo

Luz, cámara y recuerdos Cap I

        Como ya lo he mencionado durante toda esta travesía a través de recuerdos y películas, hay géneros, actores y directores favoritos, incluso existen esos placeres culposos películas tan malas que son buenas o sencillamente producciones que fueron casi que hechas solo para ti y quien la hizo, pero hay un espacio especial para las películas de culto a nivel personal, esas que trascienden el tiempo y con sus escenas marcan en ti una huella sin importar si son para el resto buenas, clásicos u obras maestras, da igual, logran su cometido contigo. 



Son películas con las que creces y de las que aprendes, como me pasa con Devil 's Advocate y la mayoría de las escenas de Al Pacino: “No importa lo bueno que seas, nunca dejes que te vean venir. Tienes que mantenerte pequeño. Inocuo. Sé el pequeño”. ¿Cuánto de mi filosofía de vida fue moldeada por ese diálogo?, muchísima. Su monólogo sobre las contradicciones entre Dios y sus reglas y ni hablar de la advertencia detrás de su confesión sobre la vanidad, cuidado con el pecado favorito del Diablo.






Historias hechas a la medida, personajes que se vuelven amigos y hasta familia, y como tal los aceptas con sus defectos, como Donnie Darko o los Boondock Saints. De esa manera así como es fácil hablar de la genialidad y versatilidad de Christian Bale, Emma Stone o Leonardo DiCaprio, o la maestría de Ridley Scott, Nolan o Tarantino, hay actores que son un genero en si mismos como Nicolas Cage o Meryl Streep, y entre esos artistas que quizás no sea la opción más obvia existe uno que ha crecido conmigo y del cual a pesar que he aprendido con sus papeles, no mucho lo menciono, porque es un puerto seguro que prefiero guardar para mi(hasta ahora) y no es otro que Ethan Hawke.

Ethan Hawke es un actor que conocí antes de los diez años viendo por televisión una de las películas más determinantes en mi vida como hijo de maestros: Dead Poet Society(1989) un film en el que el actor interpretaba a uno de los estudiantes del elocuente y gracioso maestro Keating, interpretado por Robin Williams quien con su carisma y talento inmensurable nos regalaba línea con calidez y honestidad palpable: “no leemos y escribimos poesía porque es bonita, leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana y la raza humana está llena de pasión. El derecho, comercio e ingeniería son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida pero la poesía, la belleza y el romanticismo, son las cosas que nos mantienen vivos”. Similar afirmación hecha por Hawke décadas después en su Ted Talk: “el arte no es un lujo, sino un soporte vital, un sustento. Lo necesitamos. Ahora bien, ¿qué es? La creatividad humana es la manifestación de la naturaleza en nosotros”. 

Si bien el personaje de Robin Williams en esa película era la idealización de la figura del profesor, distante de su interpretación de psicólogo guia en Good Will Hunting en la que con humilde simpleza le explicaba al personaje de Matt Damon, que la complejidad de la vida nunca podría explicarse en un libro sino solo al vivirla con todos los riesgos que ello implica. Ni hablar de Jack Black en School of Rock, Mads Mikkelsen en Another Round o Paul Giamatti en Holdovers (todas películas grandiosas y de culto) profesores que se redescubren y encuentran la chispa de una vocación marchita. Es en esa inocencia de los poetas muertos que perdi la verguenza en equivocarme o no ser genial al crear lo que fuese, en parecer cursi por escribir poesía y entusiasmarme cuando una idea germinaba en mi cabeza; yo fui el personaje de Ethan Hawke perdiendo el miedo y atreviendome a hacer el ridículo o fracasar espectacularmente, pues solo así se puede llegar a tener éxito. 

    Innegablemente lo que más te puede dejar entre fracasos y ridículo es enamorarse, y ahí estaba de nuevo Ethan con Before Sunrise (1995) una de las peliculas, parte de una trilogía (Before Trilogy 1995/2004/2013) que pasa de lo juvenil a lo adulto, inevitable y agridulce. Un americano en un tren a Viena conoce a una cautivadora Julie Delpy y juntos comparten una noche de romance bohemio con la promesa de encuentro, el cual, descubrimos 9 años después que no ocurrió hasta la siguiente película. Como confiesa su personaje que es escritor y había convertido dicho encuentro en un best seller, con un final abierto para optimistas con fe a un regreso y pesimistas con la certeza que sería mejor la remembranza que la inevitable separación. 





        Para mi en el año 2003 como fan optimista de esa primera película desconociendo la resolución en Before Sunset, la secuela del 2004, me enamore de una chica y después de un breve amorío, seguí alimentando un regreso, que eventualmente pasó y terminó convirtiéndose en matrimonio, pero como Jesse y Celine en el cierre del 2013 Before Midnight, el amor con los años no siempre es suficiente, no siempre prevalece, y no es tragedia, es realidad, no se trata de reproches, son los riesgos de los que hablaba el gran Robin Williams cuando Will le preguntaba si no se arrepentía de no haber asistido a un legendario juego de béisbol para enamorarse y luego sufrir por la enfermedad y muerte de su esposa, a lo que contesto que no, a pesar de los momentos malos o sus gases nocturnos, todo valía la pena, todo era parte de la vida y la belleza de vivirla. 

En Before Sunrise Jesse le explica y cuestiona a Celine su teoría sobre las almas y como teniendo en cuenta como la población mundial ha crecido exponencialmente, como podría ser factible todo aquello de las almas eternas y antiguas que reencarnan, “¿si cada vez hay más gente, son las mismas almas o están fragmentadas”. Es increíble que justo ahora que vuelvo a ver la película para escribir este capítulo me doy cuenta que esa escena inspiró en mí una historia que escribí durante años y aún revolotea en mi cabeza, la del amor entre Existencias Ajenas, pues así es el arte, la creación ajena que inspira la propia. 




Una historia de amor a través de las décadas que en su cierre (Before Midnight) causó un cierto desagrado en mi ex novia Beth (mi primera relación post divorcio) al verla con ella. Obviamente era más atrayente y entretenido ver a dos jóvenes enamorarse durante una velada romántica en Viena, o dos viejos amores reencontrarse casi 10 años después en París, para disfrutar una lectura de un libro o escuchar una canción, paginas y música inspiradas en su primer encuentro; que ver a un matrimonio con hijos en Grecia discutir e intentar limar sus asperezas. Pero para mi era lo real, no más idealización.


    Si una cosa me dejó el cine que por inocencia no supe interpretar en su justa medida como ficción y que quise trasladar a la realidad con desastrosos resultados fue querer o aspirar ser el héroe y la idea dañina de la única alma gemela. Cuando conocí a quien fue mi esposa fue como en Before Sunset, una conexión inmediata, un amor a primera vista, a quemarropa. Eso hizo que sinceramente no disfrutara la relación en la que estaba porque solo podía comparar con la idea ficticia de lo que podría ser con ese otro alguien, ese alguien hecho a la medida, ese destino inexorable que debía perseguir.



    No me arrepiento de haber perseguido a esa mujer destino, pero si el que al hacerlo significara deshonrar a quien me acompañaba y me dio su confianza, amor y tiempo, si, tiempo, la vida es finita, el tiempo es el único recurso no renovable y lo peor que podemos hacerle a alguien, es hacerle perder el tiempo, si no amamos como amantes y pareja, como amigos o familia, no se debe fingir lo contrario, es un desperdicio de vida para ambos. Eso hice al no honrar ese tiempo compartido con Veisner, mi novia de la universidad, luego con Consuelo ese “destino y amor violento” cuando ya era hora de terminar en el 2017 y seguía postergando la separación cuando era lo mejor si ya no tenía ganas de luchar por ese amor y por estar mejor los dos; con Beth por someterla en silencio a la eterna e injusta comparación, cuando la diferencia de edad y filosofía de vida hacía ver que lo mejor sería no intentar una convivencia o compromiso. Mis tabúes, prejuicios y preceptos de mi generación me afectaron a la hora de lidiar con una mujer con mayor experiencia y deseo de experimentación sexual que yo. Caí víctima de mis inseguridades injustificadas, de las etiquetas sociales y de expectativas que nunca deberían ser saciadas, porque nadie debe llenar las expectativas del otro, uno no está para eso en el otro ni lo están los demás para uno.

    Me costó mucho desprenderme de eso del alma gemela, del héroe y del destino, cuando lo cierto es que el amor es algo más adulto, es ser empático, compasivo con el otro y contigo mismo,  y buscar ser tu mejor versión para ti mismo y al hacerlo terminarás siendo irremediablemente un mejor compañero. Pero me hacía falta para comprenderlo una mujer que me rompio el corazon, Mani, una ex compañera de la universidad con la que nunca llegue a tener algo ni siquiera una amistad hace 20 años atrás. 

    Nos volvimos a ver en su despedida de Venezuela en el 2018 cuando me la encontré en un bar en el que estaba con todos sus amigos, y ella me acercó una silla a pesar de que su mesa estaba repleta. Todos sus amigos se pusieron celosos porque a pesar de no éramos ex pareja sino simples conocidos, todo el mundo desapareció, conversando maravillados observando al otro, como Jesse y Celine en Viena. No nos volvimos a ver hasta año y medio después, unos meses antes de la pandemia en Argentina, cuando yo después de mi ruptura con Beth me la encontré y fuimos por dos meses dos en la ciudad de la furia. Pensé que sería mi segundo ticket dorado a la fábrica de chocolates, pero mi romanticismo, idealización y paradigma hollywoodense me nublo el menos común de los sentidos, el sentido común. 

    Ella estaba en medio de un divorcio y a punto de irse para Estados Unidos, al punto que tenía en su casa portaretratos sin fotografías, pero yo solo veía con los lentes lúdicos, del éxtasis, diversión y pureza de los sentimientos cuando estábamos juntos: juntos por Corrientes y la Av 9 de Julio, juntos compartiendo una bañera en su departamento ahora de soltera con balcón y vista panorámica, juntos cuando la observaba doblar y acomodar mi ropa con ternura, juntos pero separados porque no era nuestro momento, la prisa no me dejo comprenderlo, y ella, al no tener el valor o la sabiduría para confesarlo, era un fantasma con el que yo bailaba hasta quedarme con sabanas vacias entre mis brazos.  



    Un impulso al estilo poema navajo de “saltar ya!, pues ya vendrá el piso”, era algo muy característico en mí, algo casi kamikaze como el argumento de la infravalorada Gattaca (1997) que cuenta como en un futuro donde la genética marca las diferencias, potencialidades y límites. Un mundo en donde con una gota de sangre, sudor, un cabello o saliva se puede saber todo de ti, de dónde vienes y adónde podrías ir. Una historia en la cual la segregación ya no es racial, económica o geográfica sino por la “calidad” de tu ADN, hace más claro que lo imposible es el villano de toda vida, el necesario para evolucionar, y así, el protagonista Vincent pretende ser otro escondiendo sus genes con las de una persona mejor dotada, a la cual las circunstancia le arrebataron toda oportunidad futura, al anclarla tras un accidente a una silla de ruedas. La tragedia de uno, la fortuna de otro, la de Vincent para llegar a las estrellas, demostrando, como lo hizo con su hermano al ganarle una carrera de nado, a pesar de sus diferencias físicas, que todo lo consiguió porque todo lo hacía sin dejar nada para el regreso. Ese era su secreto. 

    Una actuación vulnerable que me ayudó mucho durante mi crecimiento, ya que nací casi con dos pies izquierdos, lo que se sumaba a mi forma de ser acelerada, causando un ciclo anual de caídas, fracturas, yesos, complicaciones y muchas cosas materiales rotas por mi torpeza. Aprendí a tomarme mi tiempo, en enfocarme en cada cosa que hacía, me enseñe a estar concentrado en mis pasos, en mis manos, en evitar algún accidente, y de ahí nació una de mis máximas “del apuro queda el retraso”. Siempre por querer hacer algo rápido se termina causando algo que nos roba más tiempo que el de hacer todo a su justo momento. 

    También sembró en mí sentir mucha empatía con la torpeza o accidentes de terceros, no vale la pena hacer gran escándalo de un vaso roto o una reguera en el suelo, nadie se quiere caer, nadie romper lo comprado, ni hacerse daño, bueno nadie cuerdo. Así con Maní paradójicamente olvidé o fingi amnesia con  esa lección “del apuro queda el cansancio” y eso  del riesgo de no entender que es ficción ese amor de película, de felices para siempre, es sola una utopía que hace daño, una historia que se cree ser un desenlace cuando es una trama que solo va por la mitad, lejos de su final, un final que para que sea bueno y digno, debe trabajarse demasiado, no se trata de sacrificios, se trata de compromiso, real, no papeles o anillos. Pero me faltaba aprender una última lección: desaprender esa fascinación o síndrome del héroe, nadie necesita que tú lo salves, lo más sano es acompañarnos mientras el otro se salva por sí mismo. Tal vez esa necesidad heroica es para distraerte de la acción crucial de salvarte, de evolucionar. 

    Pues tu “Shadow”, la parte que te avergüenza y de la que no puedes deshacerte, no quiere la atención del mundo solo la tuya, debes hablarle con compasión. Desde niño uno busca la aceptación, ser parte del grupo, luego uno crece y busca reconocimiento, familiar, académico, laboral o de pareja. Ahora es la eterna de validación diaria por extraños y sus likes y comentarios por redes sociales, cuando la verdad no se trata de aceptación, reconocimiento ni validación, es estar en paz con quien eres hoy, solo eso esta bajo tu control y para eso me hizo falta como en la película Predestination (2014) enfrentarme conmigo mismo y mis ínfulas de superhéroe, cuando eso es un trabajo para Batman y sus colegas en los cómics o la gran pantalla.  

    En aquella película que lamentablemente pasó por debajo de la mesa a pesar de su genialidad, Ethan Hawke es un viajero del tiempo, el agente Doe, que debe en el pasado con ayuda de Jane (una sublime Sarah Snook pre Succession) atrapar a un asesino del futuro, pero para hacerlo él será testigo y artífice de cómo ella se enfrenta a su identidad y dualidad sexual, desafiando a los roles, la individualidad y las paradojas de una culebra mordiendo su cola. Una premisa que resume mi vida hasta ahora, como el verso que uso de estandarte “un escorpión siempre paciente frente a las cenizas de un fénix”. La resurrección y su naturaleza cíclica, la condena de romantizar al eterno comienzo que como un eterno eco, decidi que debia de romper, solo que lo hice otra vez, de la forma equivocada; luego de pasar de un lado del espectro al otro, del amor y pasión a la costumbre y resignación con la excusa de estar haciendo lo correcto, el bien, lo heroico, para terminar al hacerlo, siendo el villano de otra historia. 

Conocí a María en Argentina a días de iniciar la pandemia del 2020 y en medio de mi visita a su casa en otra ciudad para una segunda cita, se decretó las restriccion de circulacion y cuarentena  (que ya sabemos que se extendió más allá de lo soportable) en medio de todo ese caos ella me confeso que tenia cancer y que debía pasar por todo un proceso quirúrgico y posiblemente de quimioterapia. Volví en ese momento al instante en el que cuando perdí mi virginidad con una chica uqe me confesó que había sido violada y yo sentí tanta culpa que no solo dormí con ella sino que seguí con ella y “aprendí” a quererla. El amor no se aprende ni se practica hasta que sale bien, se siente o no se siente, y yo más allá de cariño, afecto y química sexual, no sentía amor verdadero. 

Recuerdo que cuando adolescente rebelde me apague enfrente de mis amigos un cigarrillo en mi mano derecha, cuando se burlaban por una chica que me había roto el corazón, asegurandome que no valía la pena, pero lo hice para mostrar tonta y machista fuerza, por estúpido, para dejar una cicatriz que ver en el futuro, para ver en ella lo idiota que es hacerse daño a uno mismo y tener claro que el primer error no es tu culpa, el segundo si, y el tercero ya es un vicio autodestructivo. De esa manera yo con María era yo olvidando ver esa cicatriz, cometiendo el error de dejarme llevar por la culpa, la lástima o la falsa compasión, el complejo de héroe innecesario. Así que esa relación sacó lo peor de mí, porque sencillamente no era feliz, y ahí otra vez estaba Ethan Hawke para hacerme compañía sin saberlo. 

Me hice adicto a gustar, a gustarle a otras mujeres, a sentirme querido, deseado y admirado en el mundo virtual, cuando la realidad es que a nivel interno mi autoestima estaba hecha añicos y solo conseguía un poco de oxígeno cuando me escapaba solo a una sala de cine, a sentir entusiasmo y felicidad, así recuerdo el 2022 disfrutando de dos de sus películas más inquietantes junto con la joya del 2007 “Before the devils knows you're dead” , Black Phone y The Northman. Historias que viajan hacia lo más profundo de las miserias, impulsos y ambiciones humanas, la codicia, la venganza y la maldad encarnada. Las veía y veía mi alma y mente en la pantalla en su decadencia, un alma que necesitaba la luz en sus sombras, anhelaba equilibrio.

    Durante esa separación que fue la más tormentosa, algo loco de pensar luego de haber pasado por un divorcio luego de diez años y una ruptura con una mujer de carácter fuerte e impredecible en otro país. El cine me acompañó y el cine de este actor y el de su director fetiche (Richard Linklater-School of rock-Before Trilogy) en especial me ayudaron en mi sanación, en la que la película de ambos, Boyhood (2014) me dio esperanza en el tiempo, porque definitivamente la vida es un idioma que solo el tiempo puede traducir. 



    En esa película, cuya producción llevó 10 años, vemos a Mason, un niño pasar de la niñez a la adolescencia para llegar a las puertas de la adultez, tanto a nivel ficción como real, pues los protagonistas crecieron durante esos años de producción intermitente. Una historia en la que Ethan Hawke hace del padre de  ese niño, un padre que pasa por divorcio, por no saber bien quién es y tener que reinventarse, intentarlo y fracasar hasta encontrarse como un hombre adulto irreconocible para su versión de 30 años, pero a gusto, en paz y libre de culpa. Así me siento hoy a los 41 años disciplinado en el arte de perdonarme y perdonar y devoto de la búsqueda del equilibrio teniendo en cuenta que nunca se tienen todas las certezas y la única verdadera, es que solo tenemos el hoy y la vida se podría acabar cualquier día. 





Así termine en un Café conociendo a una brasilera sin saber hablar portugués, ella también se estaba rearmando, dándole otra forma a sus piezas. Una conversación que fluyó con un simple: “¿también te gusta Star Wars?” en inglés. Una mujer fuerte, inteligente y con un corazón hermoso, que había pasado por un divorcio, la pérdida de un hijo y vivía en piloto automático entre trabajos y el consumismo. Nos dimos una oportunidad y de a poco entre series y películas de Marvel y Star Wars, todas las piezas iban encajando, sin apuro, sin expectativas, solo el deseo de una buena compañía.

    Es por eso que después de Batman, Wolverine es mí personaje de comics favorito, por su poder, la sanación, de niño siempre deseaba con lesionarme o curarme rápido para ya no sentir sufrimiento. Sé que mí umbral de dolor es profundo, pero ya estoy hastiado de decir que aguanto y puedo, mí anhelo ahora es el disfrute y la prosperidad.




    Cómo aprendí  de Ethan Hawke y Richard Linklater con la trilogía Before y Boyhood, es cuestión de paciencia y adaptación, la vida se abre camino como afirmaba Malcom en Jurassic Park, no se trata de acelerar o romper, porque siempre quedan pedazos, se trata de ser flexible y disolver lo que haga falta dejar atrás para avanzar, porque es más importante eso que siempre ganar.

El cine ha sido mi antídoto, mi respuesta y hoy la oportunidad de rehacer mi vida.