jueves, 30 de marzo de 2023

Luz, cámara y recuerdos: Memorias de un cinéfilo

 


Escoger qué películas ver según quién te acompañe es todo un arte, nunca es lo mismo que con esas que disfrutas ver mil veces sin que nadie te juzgue, esas que logras redescubrir, las que son las mismas, pero el que cambia eres tú ( Garden State o Wonder Boys ) las circunstancias y perspectivas, se suman nuevos detalles, diálogos que ahora resuenan diferentes por otras experiencias vividas. 





Muy diferente situación las sesiones de cine con tus padres luego de que ya eres mayor que ellos cuando te tuvieron, esos momentos de reencuentro y compartir, es clave, buscar una película con estructura clásica, fácil de entender, que en los primeros 10 minutos se sabe de qué va, obvio con al menos un actor nominado al Oscar (si es ganador aún mejor) y si tiene un mensaje, moraleja o mucho drama saca lágrimas, listo, ¡bingo! cero polémica.


Están esas de ver con los amigos cinéfilos anti Hollywood, Coreanas o alemanas, bien crudas, dobladas, nunca; idioma original con subtítulos diminutos. Si es versión del director con algo de Gore seguro será una buena velada de pizzas y cervezas con final abierto y búsqueda en wikipedia o algún podcast para terminar de entender el argumento. 





Por último las que se ven en pareja, dependiendo de la personalidad de tu acompañante, pueden ser maratones de sagas si son fans de las mismas ficciones o un punto intermedio, un una y una: una comedia romántica o esas basadas en hechos reales alternada con la Naranja Mecánica y Back to the Future, todo es posible salvo un gusto que cancele al otro, un género tabú casi prohibido para ver juntos.   


Cada película es como la canción que forma parte de tu soundtrack personal, es tu zona de paz, una mezcla entre nostalgia y novedad, una pastilla anti estrés, depresión o rabia, que algunos necesitamos a diario tomar; y aquí voy a iniciar un viaje al pasado hasta llegar al hoy, con esos recuerdos, esas personas que me acompañaron en ocasiones como cómplices de los silencios o aplausos al aparecer los créditos luego de un fundido a negro, mi top 10 con opción a un bonus track, 10 películas (tal vez 11), 10 momentos en mi vida.



Batman de Tim Burton (1989)


Tratar de recordar, intentar revivir un momento que tal cual tatuaje o cicatriz, dejó una marca, una musa, la imagen en cámara lenta y rápida, personalmente editada, es sumamente fácil; solo es complicado cuando se trata de algo ordinario, pero nunca con la extensión de un evento convertido en memento, en una creación un tanto real y ficción.

Cierro los ojos y le hago trampa al primer recuerdo relacionado con el cine que trae mi memoria, por lo vago en su definición, solo retazos de imágenes cuando tenía 4 años en 1986: mis padres a la salida del Teatro Landia en Maracaibo después de ver King Kong Lives. Casi como una fotografía gastada, sin color y desenfocada, a diferencia de la exactitud de aquel junio de 1989 cuando junto a mi Papá, hacía fila para entrar a ver a Batman.



Casi puedo oler las cotufas, pochoclos o pipocas en la larga y ancha fila para comprar las entradas, y poder ingresar al Cine Altamira, una emblemática y pionera Sala de Cine de mi ciudad natal que estaba construida en la planta baja de un edificio clausurado por una estructura mal ejecutada, el esqueleto de algo que nunca cumplió su propósito, y que causó década y media después el cierre de la sala, algo igual inminente conforme se propagaban las salas múltiples de Centro Comerciales.


Era el tiempo de vendedores en plena calle que ofrecían merchandising pirata de películas. Tengo grabada la imagen de cada camiseta, chapa y vaso estampados con el mejor logo en la historia de adaptaciones del personaje de DC, el símbolo del murciélago con fondo amarillo. Aumentaba la expectativa ya sentados en nuestras butacas en espera de que se apagaran las luces y el proyector se encendiera. Tantas cosas que conectan al Caballero de la Noche, la creación de Bill Finger y Bob Kane con el hombre que amo, mi padre, empezando por la gran coincidencia que comparten día de cumpleaños (o creación) el 30 de Marzo.



Más allá de lo obvio, lo inherente en la tragedia de Bruce Wayne, el miedo de todo niño: perder un padre o terminar siendo huérfano; se conjugaba al hecho de que tiempo antes del estreno de la película, tuve una operación correctiva en mis dos pies y pase un par de meses con las piernas enyesadas y moviéndome en silla de ruedas, algo que paradójicamente recuerdo con cariño pues mi papá, inteligentemente, me había regalado una montaña de comics de Batman.



Así que allí estábamos los dos frente a la gran pantalla, inmersos en la música teatral, una suerte de fantasma de la ópera de Danny Elfman, el imaginario gótico icónico de Tim Burton, y el hipnótico y perfecto Michael Keaton con su ”I am Batman”, y es que nadie ha logrado aún, lograr una mejor voz para el Gran Detective, salvo el difunto Kevin Conroy en la versión animada. Imposible pasar por alto al maquiavélico y magnético Jack Nicholson, gracias a él, termine siendo un niño que disfrutaba sentarse a ver en Betamax One Flew Over the Cuckoo's Nest y The Shining.


    En simultáneo junto al disfrute de la película y la conexión con mí padre, tuve una epifanía, descubrí, definí y fijé (hasta hoy 34 años después) a la sala de cine como mí templo, me sentí emocionado, con la certeza de pertenecer, de estar en paz, un lugar donde incluso solo siempre estaría acompañado, caminando entre pasillos con afiches enmarcados. No al azar mis salidas favoritas siendo niño no eran a una plaza o parque, un Arcade o franquicia de comida rápida, sino a un vídeo club. Así no resultó raro pedir en navidad un reproductor VHS y otro el año siguiente para poder grabar y crear mí propia y primera videoteca.


"You gonna get nuts? Come On! Let's get Nuts!"




     Decía un enloquecido Bruce Wayne, una línea traducida en subtítulos que no alcanzaba a leer a mis casi 7 años, pues cambiaban muy rápido. Pero no había problema, mí papá en susurros casi al oído para no molestar a los demás me leía: "Te quieres volver loco?. Vamos!. Vamos a volvernos locos!" Eran otros tiempos en que salvo una película animada de Disney, todo venía en idioma original. Cómo extraño aquel momento.



    Salimos del cine y sencillamente fue el inicio de una tradición, ir a cada estreno de una película de o con Batman. Desde aquel primer viaje sin mis padres a Caracas en el que pude ver con mis primos Batman Returns en 1992, para terminar locamente enamorado de Michelle Pfeiffer. Pasando por el sillón reclinable más confortable en el que disfrute en Sala Premium en el 2008, tal cual vaso con Whisky de una sola malta a la obra maestra que es The Dark Knight de Christopher Nolan, y enloquecer con el Joker de Heath Ledger. Vivir toda la montaña rusa y absurda que fue poder ver durante la pandemia la visión de Zack Snyder de la Liga de la Justicia, o tragarme la lengua después de la sorpresa que fue,como hater de Twilight, disfrutar del Batman de Robert Pattinson, con ese estilo tan Sev7n.







   Han pasado los años y que ahora suman décadas, en las que alegorías en pozos y escaleras en las películas del murciélago me vuelan la cabeza, ver al héroe subiendo por un pozo libre de miedos luego de caer y ser víctima de nuevas fobias o al payaso bajando bailando por escaleras que conducen a su infierno después de subirlas taciturno y lúgubre, incapaz de rozar al cielo,  cada uno por su lado antes les tocó hacer lo contrario, caer y ascender, miedos y daños, valor y caos.









    La gran diferencia y dilema entre justicia y venganza. Sencillamente una historia que me regaló y le sigue dando inspiración y escape a mi vida.







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martes, 18 de mayo de 2021

Diálogos extraviados











 Corrió al primer clóset que encontró y se arrodilló a rezar. No se sabía ninguna oración pero igual no habían obstáculos ni reglas de iglesia entre él y su conversación con Dios.

-Mami, Papi, lleguen ya, venganme a buscar. Diosito, por favor, se que están lejos, pero transportarlos a esta casa. Haz tu magia, te lo pido.

Cerró los ojos y lágrimas se escapaban de sus párpados ahora empapados. Arrodillado en la oscuridad de aquel clóset cerrado.

-¿Y la tortuga ninja de mamí?. Pudo escuchar a lo lejos el niño totalmente incrédulo. Era la voz de su madre que junto al rumor de la de su Padre saludando a sus tíos.

El niño se limpió el llanto y arreglo su ropa para salir a la puerta de la casa donde se encontraba. Se había cumplido su diminuto pero salvador milagro. Sus padres en efecto habían llegado de viaje.

-Bendición mami bella, llegaste!!!. 

-Claro que llegamos, no podíamos extrañarte más (le confesó a Rafael su madre, luego de abrazarlo mientras ella veía a su hermana quien se reía de la desesperación y para ella dramatismo de su sobrino)

-Dios me escuchó Papi. Pensé que no, pero definitivamente lo hizo.

-Él siempre te escucha incluso cuando crees que no campeón 

El papá de Rafael acaricio el cabello de su hijo quien se había librado de cualquier miedo y dolor.




Diálogos extraviados, textos dados por perdidos y poemas inconclusos, forman parte de esta antología de historias inconexas sin la ambición de ser más allá de lo que son. Ideas sinceras como heridas abiertas.



























Hay amores que van más allá de las décadas

De esos que atraviesan la línea entre las mitades de un siglo

Se mezclan los sonidos y los silencios con los sacrificios, hijos y nietos

Viajes, triunfos y una casa que existe dónde quiera que estén juntos 

Una unión que merece brindis y mil bendiciones, entre todos los que los amamos y nos inspiramos

Con solo verlos. R.R.R.









Hay algo peor que la rabia, el duelo y el desasosiego

Se llama decepción. De allí no se vuelve. Es el dolor después del dolor, es la nada. 

Es el final sin adiós.


















viernes, 14 de mayo de 2021

Zona podcast

Somos lo que decimos y hacemos

también lo que callamos...

no se puede subestimar la elocuencia del silencio 

pero sobre todas las cosas somos el reflejo de lo que amamos, nuestras pasiones más allá de que signifiquen o no dinero.

Para mí después del cine y escribir, la radio siempre estuvo presente, incluso pedí de cumple de niño un micrófono y un grabador de cassette dónde jugaba a locutor con un programa (ahora sería un podcast) imaginario donde intercalaba mis comentarios entre canciones.





Vinilo en español

Todocinefansradio

Rogue Two SW

Hay que verla

Enfrentando a la hoja en blanco

Un podcast para los días de lluvia

Radio Alterna





sábado, 16 de enero de 2021

100 Fragmentos de un ojo gris

 










    Los fragmentos de un ojo gris, son imágenes en frases vibrantes, poesía liberadora, para quien la escribe y para quien la lee y la disfruta de diferentes maneras. Irreverencia en cada verso, cada rima crea expectativa, logrando dar esperanza y a la vez crudeza que golpea. Seducción y alucinación en forma de poemas. 





    Estoy orgulloso de esta obra, que recopila 20 años, de algo más que mí trabajo literario, mí suerte de terapia, relax, reflexión y expansión de mí filosofía de vida e imaginación. 






    No solo compartiré mis rimas, sino muchas de mis fotografías, esas imágenes que congelaron momentos que vine a entender luego, como la portada, una foto tomada en el jardín botánico de Maracaibo, poco antes de dejar mí ciudad y país, un lugar que descubrí justo antes de partir.



    Los amigos se conocen en las malas es cierto, pero en las buenas también, son aquellos que se alegran de tus aciertos, que creen en ti, que celebran tus triunfos y te ayudan a seguir. 


    Gracias Johanna por escribir el prólogo de este libro y encargarte de la corrección en su totalidad y colaborar conmigo en la edición del mismo. Este bebé también es tuyo.





Dedicado a mis padres, a quienes amo, admiro y extraño con todo mí corazón. 

Una recopilación de todo aquello que me permitió la musa usar, para llenar a la página en blanco.









Ya disponible en Amazon en físico y digital (Kindle)

    Así como también en digital para compartir completamente gratis  tanto la versión oficial  100 Fragmentos PDF como los Lados B . El bonus track de esta obra, como está  conformado por una suerte de escenas cortadas de películas o canciones que no son incluidas en un disco, pueden ser las rimas que terminen siendo sus preferidas. Las joyas casi extraviadas, esas pero piezas que para muchos no para diferencia.

Aquí les dejo dos poemas de esos "Lados B"







Solo queda:
 
Escribir, 
escribir y
escribir...

Hasta que suceda,
hasta que llueva.

Corrección, edición y prólogo: 
Johanna Oropeza
Textos, fotografía, diseño y diagramado: 
René R.R.





Espero lo disfruten leerlo tanto como yo escribirlo.































miércoles, 28 de octubre de 2020

El hombre sin rostro




Toda una oportunidad y experiencia poder adaptar mí primera novela (cronológicamente escrita pero no así en publicación) a radionovela con actores y locutores que prestaron su voz y talento. 

"Sueño y pesadilla" fue escrita en el 2001 y su adaptación, titulada "El hombre sin rostro" se convirtió en mí trabajo de grado para optar al título de Licenciado en Comunicación Social.




Está versión fue producida entre 2003 & 2004  junto a Luis Acuña, amigo y compañero de tesis, con quién logré resumir dicha historia a 4 episodios en audio.

Antes de publicar "Crónicas del eterno eco" en el 2018 todo mí trabajo literario se encontraba en 7 archivos de word que prácticamente solo leía yo. Por toda una década en la que me mantuve en pausa de escribir y ni pensaba en publicar, está radionovela me brindaba el alivio de ser esa  obra propia que pudo ver la luz, una creación desde cero en una página en blanco y que logré compartir y recibir una opinión (que justo hace 20 años fue la de la máxima nota y la Mención Académica de Publicación) 








Hoy, el Hombre sin rostro junto a Crónicas, Los hijos pérdidos, La primera década y Fragmentos,  conforma mí Multiverso, el cuál próximamente incluirá a Existencias Ajenas y sus 3 Volúmenes; y ahora también gracias a la inteligencia artificial puede recrear está producción como Storyboards animados.




EL HOMBRE SIN ROSTRO Spotify

El Hombre sin Rostro Storyboards I

El Hombre sin Rostro Storyboards II








jueves, 1 de octubre de 2020

La primera década después de la última pandemia.




Capitulo 1

"Dónde quisieras estar en la próxima pandemia?"

Un mundo de mascarillas y desinfectantes.

Los alter egos en redes sociales se volvieron personas con el rostro al descubierto. El resto aprendió a identificarse solo con sus ojos y el movimiento bajo sus mascarillas y anteojos

Las reuniones por video llamadas, la nueva zona de confort, entre más virtual, más responsable. Muchos quedaron con la fobia a las interacciones para evitar enfermarse.

Octubre 2030

Pasaban los años entre el alivio para quienes creían que lo vivido y perdido no se repetiría, y la coherencia según otros de pensar, que sería cuestión de tiempo para que la enfermedad y paranoia regresara incluso de maneras nuevas.

Igual ella seguía buscando a quien saber hacía lo mismo de vuelta. Lo que buscas te está buscando dijo un sabio, solo déjate encontrar.

Mientras él con el mismo miedo, de sufrir de arrepentimiento, de contagio, de no coincidir espacio/tiempo o en anticuerpos, el terror al desperdicio de momentos buenos frente al teléfono por instantes huecos frente a otro cuerpo. De las náuseas por ansiar que todo fluya, ausencia romántica, esa que hacen a dos uno y no piezas que no encajan, solo se esfuerzan a estar entre si acompañadas.

Sin temor a la no química, a lo físico, al contagio, al no saber que hacer cuando el mínimo contacto se sienta al máximo... ellos dos prefirieron equivocarse.

Capítulo 2

Quién leerá mí biografía?...  Él se pregunto enajenado con la tristeza que se retroalimenta.

Entre logros y vivencias impalpables, descartables, y reemplazables.

Él se sentía hastiado de las aplicaciones y sus actualizaciones para una relativa mejor interacción, falsas promesas de mayor contacto, más inmediatez y conexión.

Oxidado en el arte de socializar más allá de dar un like, enviar stickers y reducir todo a un meme. Con anemia de abrazos, sediento de un beso bien dado.

Pero a la vez, en su eterna paradoja de desear lo mismo que le causaba rechazo. Con el terror latente a sufrir de nuevos ataques de pánico al estar frente a otro humano. El deseo de lavarse las manos, la ansiedad después de un apretón de manos y el sudor frío con el solo sonido de una tos o estornudo de un amigo o extraño.

Intentos frustrados de estar cómodo en reuniones dónde hasta un tono de voz alto o poco armónico podía irritarlo. Gente hablando al mismo tiempo o la cacofonía de un ambiente transitado, le hacía sufrir de la fobia a no poder tan solo desaparecer al cerrar con un click su sesión. Miedo al saber que en carne y hueso no hay pantallas que apagar o micrófonos que silenciar, pero si, la obligación de dar una excusa y explicación para querer estar solo sin parecer un loco, inadaptado y asustado. 

En un mundo donde encajar e influenciar a diario lo es todo, querer ser una isla libre  de Wifi resultaba un tanto raro. 

Paranoico, incluso víctima de las últimas teorías de conspiración, al creer que quizás la vacuna inoculó en él la enfermedad de la soledad e insomnio sin antídoto, la eterna angustia, el irreparable vacío. Se Sentía como corriendo sobre la superficie de un lago, sin querer sumergirse, flotando sin saber cómo sus pies se elevaban sobre el agua, piernas suspendidas querían mojarse, nadar y dejar de volar secas y aisladas. 

Y allí, a la vista, cómo lo que menos encuentras cuando escudriñas, y que aparece después de dejar de buscar, estaba ella en la orilla de esa isla que él tanto anhelaba, con sus manos sumergidas por completo en el agua, saludando a la victoria de los náufragos... no perder la cordura en espera de otro barco. 

Capitulo 3

 Aburrí los lugares, del sofá a la cama, de la sala a la terraza, enterrando mí tristeza en maquillaje, sin salir de casa, grabando tutoriales para mí canal de YouTube. Se dijo así misma ella, diez años atrás, en el año de las pausas, de los finales y el mientras tanto. Una década pasó entre live de instagram, post de su canal de YouTube, y muchas horas de podcast y playlist de Spotify.


Ella sintió que ya no tenía fuerzas, que cada paso era una espina que se clavaba en sus piernas. Pero lo logró, surfeo la ola y sobrevivió después de muchas videollamadas de terapia. Era el 2030 y sentía esa sensación amarga y familiar un dejavu. En su rebeldía de anhelar una real conexión.



Aferrada a un sueño, a un propósito, a un nexo entre tanto ensayo y error, buscando en cada nuevo emprendimiento, el fulano éxito, llenar el vacío de no sentirse plena. La cura al sentir truncado de expresion y liberación...

La Fórmula perfecta no existía, ella lo sabía...nada era perfecto... menos el compañero y complemento idealizado, intachable... El Mal para los perfeccionistas en estos días... Hay que encontrar el aliento ...


De encontrar lo nuevo, el cambio, el antídoto a lo muerto dentro de la vida


A veces quiere llorar y quedarse en su cama sin moverse, otros días ansiosa por salir a correr en un bosque interminable y exageradamente verde... dejar que se pasen los días.


 "Pero esto es más fuerte que yo... " pensaba en ecos eternos en silencio.

Ese silencio que quiere rendir cuentas ni sabe aún queriendo dar una explicación. No todo se debe justificar ni confesar. Secretos para no molestar.

Innecesarios argumentos para revelar.

Pensaba en sus padres, cuánto se amaban en apariencia, en fotografías de Facebook. Hasta ese 2020 que como una lupa todo lo amplifico. El despido de su papá, el resentimiento acumulado de su madre, una combustión en potencia que redundo de pelea en pelea hasta ser separación.

Se vendía alegre, optimista y siempre exudando buen gusto coquetería, pero bajo la superficie, existía una rabia secreta, un rencor incluso a aquellos que ella en redes seguía. Pensaba en su abuela, víctima de una amiga creyente en teorías de conspiración, que sin lavarse las manos, en protesta contra el nuevo orden mundial, sencillamente la saludó, su abu se contagio y no la pudo contar.


Mucha impotencia, como esa que daba al escuchar a la ahora extinta OMS, esa que invita a gritar, a golpear la pared y romper el vidrio. Destrucción que no dañe a nadie, para ella era la idea más justa y terapéutica.


Gritando al vacío del viento sin grillos ni pajaros que cantan al amanecer, armando de sus retazos, una obra de arte, "y que lo viejo el mar se lo lleve" deseaba tanto, "para cuando el momento justo llegue", su mantra, su zen y calma, la marea que se va y vuelve, disipe lo vivido para abrirse al abismo de lo desconocido, lo incierto con su promesa de distinto. Soltar, dejar ir, esa idea de lo que debió ser, de lo merecido, de lo que no fue, el ancla, que pesa, que arrastra y detiene, sin dejar que el no tiempo, el no lugar, se trague su rabia. Para poder volver a nacer, después de morir un poquito todos los días.

La auto crueldad que todo lo erosiona, las expectativas imposibles, dañinos patrones , adictos y tan dañinos. Estaba a punto de terminar. Cuando lo vio a el, prófugo como ella de lo que se espera, de la.vida que alguien más diseña.

Intermedio

Una puerta sin llave nos separa 
de quienes extrañan nuestros abrazos. 
No estan encerrados en muchos casos,
es la mejor decisión tomada con dolor de estar alejados con el deseo de un beso, para protegerlos de un mayor daño.
Estar cerca sin tocarlos, es el mayor amor y afecto en tiempos de contagio. Nada será igual, ningun gesto de cariño se volverá a dar por sentado. Como volver a despreciar un sincero apretón de manos, el roce con cariño en la mejilla de otros labios?. A veces cuando amas a alguien y quieres protegerlo debes mantenerte lejos y ser un extraño.



Capitulo 4

Noviembre 2030

Èl estaba en la estación de subte, deslizando sus dedos entre elección y descarte, en una nueva aplicación de citas en su teléfono. Era su día libre en su trabajo como delivery. 

Ella lo observaba, desde que él entro al vagón en el que viajaba hace casi una hora después de una caminata semanal en una plaza, a dos metros de distancia ella nadaba en aquella ajena pantalla de celular, separación obligatoria entre dos desconocidos, un protocolo que se mantenía desde la última pandemia china, para prevenir algún potencial contagio a cualquier nuevo e inminente virus. 

Ella lo espiaba de regreso a casa cuando él pasaba de foto a foto, entre mujeres con tatuajes, otras posando con audífonos, algunas leyendo un libro, acompañadas con un perro, un gato o ambos, tantas en trajes de baño, como BIOS de redes sociales que se creían trascendentales y originales. Ella se sonreía al saber que hacía lo mismo en casa, en sus recesos cuando trabajaba a salvo desde su computadora a distancia.

Usar el celular en una reunión era señal de apatía y mala educación, pero se volvió después del corona, para muchos, en la única opción. 

La aplicación Alwaysmatch buscaba compatibilidad en otros usuarios de forma inmediata y con una permanente actualización de base de datos. El algoritmo medía constantemente lo que decias en voz alta, lo que hacias en público y en privado. 

Lo escrito, lo borrado, buscando patrones, conductas impertectibles incluso para quién usaba la aplicación. Y así, alguien podía estar con un candidato seleccionado, supuestamente The one, el indicado hasta que el celular dijera lo contrario, pues si algo no salia como debería en una cita, al instante Alwaysmatch buscaría a otro aspirante en el mismo lugar donde estaba quien usaba la aplicación, con una potencial pareja. En simultáneo experimentabas conocer a alguien, lo evaluabas y se te presentaban nuevas opciones. Alternativas dadas por la inteligencia artificial siempre activa en el dispositivo incluso estando apagado. 

La tecnológica herramienta era cada vez más precisa, intuitiva y fácil de usar para conocer a personas nuevas e iniciar relaciones que fluctuaban al ritmo de un algoritmo,entre ser duraderas y efímeras, se sumaba, una secuela del 2020, el gusto y olfato interrumpido para muchos en aquel entonces, regresó en la mayoría mutado y aumentado al punto de causar: rechazo, náuseas, alergia y hasta urticaria con el mínimo contacto, un breve abrazo, respirar el aroma bajo del perfume y el roce de los labios. Resequedad por abuso de antibacterial y alcohol en las manos, volvieron las caricias, algo poco placentero, se hizo habitual lo áspero.



Compartir fluidos nunca había sido para tantos una ruleta rusa, algo que rayaba en lo desagradable, incluso a prueba de pastillas y látex. No existía protección contra la no química.  


Él por su parte después de ensayo y error, de intento y fracaso, de levantarse de una cama ajena, hastiado de estornudar por una nueva alergia o vomitar por el sudor combinado, que ahora para muchos asqueaba y enfermaba, la volvía a ver a ella sentada en el vagón del tren, a dos metros de distancia, aterrado de acercarse a saludarla. Otra semana sin atreverse a decirle a ella"hola" gastando en Amazon lo poco ahorrado en un visor de realidad virtual, una nueva alternativa para tener sexo sin peligro a enfermarse.



 Los bares y moteles virtuales cada vez se abarrotaban más y era cada vez más complicado reservar. Cada quien en medio de unos tragos, comida o encuentro sexual VR, podía buscar otra nueva persona u opción, pausar para retomar después o de plano apagar el artefacto y escapar sin tener que pedir disculpas o dar lógica explicación, más allá de un "no me provocó".

Mientras ella al mismo tiempo había llegado hasta su límite, su ya no más, el hastío a artefactos que le ahorraran un supuesto mal rato, a que lo que había previsto un programador la atosigara con infinidad de notificaciones para alertarla de una nueva opción de futuro mejor. De no aprender por si misma, sobre lo que leía en ficción, la aventura y el riesgo en lo espontáneo, el acierto que se acerca tras cada error humano, se sentía como una tonta, por su miedo al automático, primitivo e instintivo no, por un beso no correspondido, gustos que difieren, opiniones que abren las puertas a la polémica de la que no se vuelve. Lo dejo todo atrás y dio un paso al frente, de pie junto a él en el recurrente vagón del tren, lanzó los dados, y se atrevió a saludarlo.

Apostando a lograr como los erizos en un día de frío, la tan buscada y complicada distancia perfecta, pues cuando ellos buscan el calor con la proximidad corporal, se causan entre si más dolor, pero si se alejan sienten el frío que quema de vuelta, viven la eterna paradoja, la dolorosa contradicción, que los obliga a ir cambiando la distancia hasta que encuentran la perfecta separación, el espacio que los salva del frío y el calor. 





Capitulo 5

 -Hola mí nombre es Isabel, puedes llamarme Isa, cuál es el tuyo?. Pregunto ella frente a él en el vagón del tren, violando el protocolo de dos metros de separación entre extraños.


-No te conozco pero recuerdo la línea de tu cuello hasta el último detalle. Contestó Max a pesar de su miedo, no termino balbuceando sino más bien se sentía elocuente más allá de sus manos sudorosas y su voz que delataba que se encontraba temblando.

Pasaron las horas y su primera cita, les mostró a ambos algo nuevo. Lo espontáneo. Sentían los nervios antes de un beso, lo eléctrico entre mayor proximidad entre sus cuerpos. El descubrimiento al dejar atrás la rigidez, el desapego, expectativas y paradigmas, rompiendo los barrotes de las limitaciones auto impuestas. Aprendiendo y disfrutando al unísono, dejando todo fluir, a realmente observar y escuchar al otro, sin interrumpirlo para escribir un tweet, comentar o subir una foto a instagram o buscar en medio de una discusión, corroborar algo en Google.

Sin creer al otro como prescindible, descartable y fácilmente sustituible. Max se maravillaba por los gustos y pasiones de Isa, y ella se sorprendía por los gestos de él, sus acciones, sus ademanes, e incluso por el olor de su aliento y el sabor en su lengua. Se sentían desnudos antes de estarlo literalmente, libres de la nostalgia por el pasado, la seguridad y placer en lo buenos recuerdos, y desembarazados de la ansiedad al futuro, al mañana, dueños del " un día a la vez", el regalo del siempre es hoy, y es que al final el hoy es el futuro que no habías imaginado.

Aprendieron a ser egoístas, a no compartir sus momentos, sus risas y sus tristezas por redes sociales. No sé trataba de ser un secreto o vergüenza, era la picardía en lo privado, el privilegio de lo solo conocido por ambos.


No depender de inmortalizar instantes en imágenes y luego ahogarlas entre likes, comentarios o alguna polémica innecesaria en mundo que se ofende y transgrede segundo a segundo. Era cuestión de sentir, de observar, de escuchar, saborear y respirar, cada caricia, cada beso, cada encuentro. Piernas que se mezclan, abrazos que liberan, tanto entre suspiros y orgasmos.


Horas que se convirtieron en meses hasta ser un año. Conversaciones cruciales y triviales, siempre filosofando. Llegando a la misma conclusión, que la vida se abra camino sin pensarlo demasiado. La victoria de los náufragos es no perder la cordura en espera de un nuevo barco.




Diciembre 2031


-Gracias por atreverte a acercarte, a conocerme, sin antes stalkearme en redes, todos vivimos temerosos de conocer gente realmente desde cero, un saludo es casi un salto al vacío. Le confesó Max mientras ella lo contemplaba con ternura.


- Crei en mí instinto, como trapecista sin red, al final pudo más que un algoritmo. Lo nuestro es tan fuerte, tan voraz, tan real, que arrasó con todo lo que es simulación, esa emoción artificial se acabó. Aseveró Isa antes de un abrazo interminable.


"Cuando no te escribo...


 ...igual te tecleo en mi mente". 


Pensaron sin decirlo.


Unir los puntos crea una figura, pero que tal si se hace un cambio de ruta, un robo al destino?. Si se trata de un engaño lo prediseñado, porque no burlarlo de vuelta?.


La vida es un incendio...


cuando pasa no te da tiempo.


Es cuestión de disfrutarla mientras sucede a pesar de sus reveses. Es lo malo y lo bueno.


Entenderla es tarea de los muertos.


Enero 2040


Mayre veía a sus padres mientras leía un poema que Max escribió y que ella decidió dedicarle a sus abuelos. Isa pensaba en su padre siempre protector desde el cielo, en su madre aún con vida, y él en los suyos por ahora lejos. René Rodríguez Roque



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