Yo un murciélago del no lugar,
el no tiempo, socio vitalicio de la soledad.
Tu una gata enamorada de la idea del amor
del romance, del "que" más del con "quién"
Yo recién despertaba de mi vida anestesiada,
después de años en automático.
Mientras tú salías de nuevo a caminar,
rearmando tus pedazos
tras otra decepción.
Siempre enamorada de la idea
de merecer el verdadero amor.
Mientras yo, un poeta sin musa,
escribía solo con su imaginación.
Ya nos conocíamos solo de miradas,
de decir “buen día”, “gracias” y “adiós”.
Yo solo sabía que sus ojos
mostraban una hermosa alma,
y ella intuía
que conmigo tendría
una conversación inolvidable.
Hasta ese día de supuesto azar
que disfrazaba la sincronicidad,
en que le pregunté
si podía acompañarla a caminar.
Una chispa inofensiva
que encendió el fuego
de nuestra explosión.
Como néctar de lirios
fluían las palabras
y las miradas diáfanas entre los dos.
Así como tus besos dulces en mis brazos,
y los míos llenos de lujuria y pasión.
Entrega total
de dos piezas de un rompecabezas.
Almas que se completan,
que dudaban de que la otra en este punto siquiera existiera.
Entre luces y sombras,
cada día con su noche se abre
al descubrimiento entre tú y yo:
una vida nueva
después de nuestra resurrección.
Conciertos entre velas,
paseos bajo la lluvia
en la gran ciudad.
Una conexión cerrada a las dudas,
pero abierta a la vida,
al disfrute
y a cada posibilidad.
Sufrimos tanto
y nos equivocamos,
fuimos lastimados.
Pero cada dolor
guió nuestros pasos
hasta este momento,
entre los dos.
Una gata y un murciélago
Juntos entre las azoteas
viendo al atardecer agradecidos
del amanecer que aún no ha nacido.
El primer día
del resto de nuestras vidas.
La vida de un par de cómplices,
de dos amantes,
de dos que expanden
El concepto de familia
y compartir una vida.
La sustancia en la palabra amor.
René R.R. 06/02/26


